¿Pueden los imanes gigantes ser la salvación de los astronautas contra las tormentas solares?

Un nuevo estudio propone utilizar imanes permanentes como escudo parcial contra la radiación espacial. Aunque no reemplazarían las tecnologías actuales, podrían convertirse en un aliado clave para futuras misiones tripuladas al espacio profundo.

La cápsula Orión podría tener un campo magnético protector a su alrededor. Crédito: NASA
La cápsula Orión podría tener un campo magnético protector a su alrededor. Crédito: NASA

Enviar astronautas a Marte o a destinos aún más lejanos implica resolver un problema tan complejo como inevitable: la exposición prolongada a la radiación espacial. Más allá de la Tierra, donde el campo magnético y la atmósfera ofrecen una protección natural, los seres humanos quedan expuestos a un entorno hostil capaz de provocar daños en el sistema nervioso, aumentar el riesgo de cáncer y acelerar el deterioro de distintos tejidos del organismo.

Durante años, los ingenieros han evaluado distintas estrategias para reducir ese riesgo. Una de las más utilizadas consiste en rodear la nave con materiales capaces de absorber parte de la radiación, como aluminio, polietileno o incluso agua. Sin embargo, esta solución tiene un inconveniente evidente: el enorme peso adicional que debe ser lanzado al espacio, algo que incrementa considerablemente el costo de cualquier misión.

Otra alternativa que ha despertado gran interés es el uso de imanes superconductores, capaces de generar un potente campo magnético alrededor de la nave para desviar las partículas cargadas. No obstante, estos sistemas dependen de un suministro eléctrico constante y de complejos mecanismos de refrigeración criogénica. Un fallo en cualquiera de esos componentes podría dejar a la tripulación completamente desprotegida.

La apuesta por los imanes permanentes

Frente a estas limitaciones, un grupo de investigadores de Italia y Alemania planteó una solución intermedia: utilizar imanes permanentes para generar un escudo magnético sin necesidad de consumir energía.

El trabajo, publicado como preimpresión en arXiv, analiza si un conjunto de imanes de neodimio, hierro y boro (NdFeB), ampliamente utilizados por su gran intensidad magnética, podría desviar parte de las partículas emitidas durante una tormenta solar, uno de los eventos más peligrosos para una misión tripulada.

Para poner a prueba la idea, los científicos desarrollaron un modelo teórico con una matriz formada por 1.482 imanes cúbicos de apenas 3 centímetros de lado. Todo el conjunto ocupaba una superficie cercana a un metro cuadrado y pesaba menos de 300 kilogramos, una masa considerablemente inferior a la que requeriría un blindaje pasivo equivalente.

Resultados prometedores, aunque con importantes limitaciones

Las simulaciones mostraron que el sistema consiguió desviar aproximadamente el 20 % de las partículas solares con energías comprendidas entre 0,1 y 10 MeV. Aunque pueda parecer un porcentaje modesto, representa una reducción significativa de la radiación de menor energía, precisamente la que los imanes permanentes lograron desviar con mayor eficacia.

Los autores consideran que la nueva propuesta merece seguir investigándose.
Los autores consideran que la nueva propuesta merece seguir investigándose.

En la práctica, el escudo funciona como una especie de filtro. Las partículas menos energéticas modifican su trayectoria al atravesar el campo magnético, mientras que los protones más energéticos prácticamente lo atraviesan sin verse afectados.

Este comportamiento deja en claro que la tecnología no constituye una solución definitiva, sino un complemento potencial dentro de un sistema de protección más amplio.

El mayor obstáculo sigue siendo la radiación cósmica galáctica

El principal inconveniente es que este tipo de escudo resulta prácticamente inútil frente a los rayos cósmicos galácticos, uno de los componentes más peligrosos del entorno espacial.

A diferencia de las partículas emitidas durante una tormenta solar, estos rayos llegan desde todas las direcciones y poseen energías tan elevadas que el campo magnético generado por los imanes apenas logra alterar su trayectoria.

Los investigadores también advierten sobre otro posible efecto secundario. Cuando protones de alta energía impactan directamente sobre los imanes podrían producir radiación secundaria, como neutrones o rayos gamma. En determinadas circunstancias, este fenómeno podría aumentar localmente la dosis de radiación en lugar de reducirla.

A ello se suma un problema adicional: los imanes permanentes pierden parte de su magnetización con el paso del tiempo. Esa degradación disminuiría gradualmente la capacidad protectora del sistema durante misiones de larga duración.

Una pieza más para proteger a los futuros viajeros espaciales

Pese a estas limitaciones, los autores consideran que la propuesta merece seguir investigándose. En lugar de sustituir las tecnologías existentes, los imanes permanentes podrían integrarse en un sistema híbrido que combine blindajes físicos, campos magnéticos superconductores y este nuevo tipo de protección pasiva.

El siguiente paso será realizar simulaciones mucho más complejas mediante métodos de Monte Carlo para evaluar cómo respondería el sistema en un entorno espacial real, donde las partículas llegan desde múltiples direcciones y con energías muy variables.

Todavía queda un largo camino antes de que una nave rumbo a Marte incorpore un escudo de este tipo. Sin embargo, cualquier avance que permita reducir, aunque sea parcialmente, la exposición de los astronautas a la radiación podría marcar una diferencia decisiva para hacer posibles las futuras misiones tripuladas al espacio profundo.

Referencia de la noticia

Parisi, V., el.al.. (2026). A First-Order Assessment of Permanent Magnet Deflection for Space Radiation Protection.