El error de plantar un árbol sin pensar en sus raíces: las especies que pueden levantar veredas y dañar cañerías

Durante años parece que no pasa nada. Pero mientras el árbol crece hacia arriba, sus raíces avanzan en silencio bajo tierra y pueden encontrar obstáculos que nadie imaginó al momento de plantarlo.

Un árbol joven puede parecer inofensivo, pero con los años su sistema radicular puede ocupar una superficie mucho mayor de la que se imagina al momento de plantarlo.
Un árbol joven puede parecer inofensivo, pero con los años su sistema radicular puede ocupar una superficie mucho mayor de la que se imagina al momento de plantarlo.

Cuando plantamos un árbol cerca de la casa solemos imaginar cuánto crecerá, qué sombra dará o si tendrá flores. Pocas veces pensamos en lo que ocurre debajo del suelo.

Existe la idea de que las raíces avanzan principalmente hacia abajo, pero muchas especies se extienden también lateralmente, cerca de la superficie, donde encuentran oxígeno, humedad y nutrientes. Por eso, un árbol que parece perfecto al momento de plantarlo puede convertirse años después en un problema para veredas, paredes o cañerías.

El recorrido de las raíces depende de la especie, el tipo de suelo, la disponibilidad de agua y los obstáculos del terreno. En algunos árboles adultos pueden extenderse varios metros desde el tronco e incluso superar el diámetro de la copa. Ese proceso lleva años, por eso un ejemplar joven puede parecer inofensivo durante mucho tiempo.

No existen raíces “malas”: el conflicto aparece cuando una especie de gran desarrollo se planta en un espacio que no puede acompañar su crecimiento.
No existen raíces “malas”: el conflicto aparece cuando una especie de gran desarrollo se planta en un espacio que no puede acompañar su crecimiento.

En la ciudad, además, las raíces crecen en un ambiente limitado por cemento, caños y suelos compactados. Si encuentran un obstáculo hacia abajo, pueden cambiar de dirección y avanzar hacia los costados. Cuando encuentran una zona húmeda, como una pérdida en una tubería, pueden aprovechar ese sector y agravar un problema existente.

Estas son algunas de las especies que más problemas suelen generar cuando se plantan en lugares reducidos.

Ficus: el clásico ejemplo de un árbol que necesita espacio

Es resistente, crece con facilidad y puede alcanzar un gran tamaño. Pero es uno de los árboles que más conflictos genera en jardines y veredas.

En jardines pequeños o cerca de construcciones, su desarrollo debe planificarse con cuidado.
En jardines pequeños o cerca de construcciones, su desarrollo debe planificarse con cuidado.

El inconveniente aparece cuando se planta cerca de construcciones. Algunas especies, como el ficus benjamina, desarrollan un sistema radicular muy extendido, capaz de levantar pisos, afectar veredas y generar presión sobre estructuras cercanas.

En un parque o un terreno amplio puede crecer sin problemas. En una vereda angosta, la historia cambia.

Sauce y álamo: excelentes en el campo, complicados en espacios pequeños

Los sauces tienen una gran capacidad para explorar el terreno en busca de humedad, lo que les permite vivir bien cerca de ríos y zonas húmedas.

El problema aparece cuando se los ubica junto a viviendas, piletas o instalaciones subterráneas. En esos lugares, sus raíces pueden extenderse hacia sectores donde generan conflictos.

Los sauces están adaptados a ambientes húmedos y desarrollan raíces capaces de explorar grandes superficies en busca de agua.
Los sauces están adaptados a ambientes húmedos y desarrollan raíces capaces de explorar grandes superficies en busca de agua.

Con los álamos sucede lo mismo. Son muy utilizados como cortinas forestales y en grandes terrenos rurales. Pero sus raíces necesitan espacio y pueden generar inconvenientes cuando quedan encerradas entre cemento y construcciones.

Eucaliptos y gomeros: árboles imponentes que necesitan distancia

El rápido crecimiento y el gran porte del eucalipto lo convierten en una especie ideal para espacios amplios. En campos, parques y terrenos grandes puede desarrollarse correctamente.

El problema aparece cuando se planta cerca de una vivienda. Un ejemplar adulto necesita lugar para sus raíces y para su copa, y elegirlo implica pensar no solo cómo se verá dentro de un año, sino cómo será dentro de varias décadas.

El eucalipto es un árbol de gran porte que necesita espacio para desarrollar su copa y su sistema radicular durante décadas.
El eucalipto es un árbol de gran porte que necesita espacio para desarrollar su copa y su sistema radicular durante décadas.

Algo parecido ocurre con los gomeros, parientes de los ficus. De jóvenes parecen manejables, pero con el tiempo pueden convertirse en árboles demasiado grandes para ciertos espacios urbanos.

La higuera también puede sorprender. Muchas veces se planta por sus frutos sin considerar que, con los años, puede transformarse en un árbol voluminoso, con raíces capaces de explorar grandes superficies.

¿Qué árboles elegir para una casa?

En jardines pequeños o veredas con poco ancho suelen funcionar mejor árboles ornamentales de menor porte, como el crespón o árbol de Júpiter, la pezuña de vaca, el ciruelo de flor, el árbol de Judea o algunas variedades de magnolias.

Los arces ornamentales también pueden ser una opción, aunque dependen mucho de la región: algunas especies se adaptan mejor a zonas frescas o serranas que a los veranos más cálidos de otras áreas del país.

El jacarandá es un excelente ejemplo de esta idea. Es uno de los árboles más queridos en nuestro país y puede ser espectacular en calles amplias y espacios generosos, pero puede no ser la mejor opción para una vereda estrecha junto a una vivienda.

Plantar un árbol es una decisión para muchos años. La pregunta no debería ser solamente “¿qué árbol me gusta?”, sino también “¿este lugar puede acompañar el árbol que quiero que sea?”.