Un planeta de lava con nubes de roca que actúan como protector solar: el inesperado hallazgo del James Webb
El exoplaneta TOI-561 b refleja cerca del 75 % de la luz que recibe de su estrella. El telescopio James Webb detectó indicios de una atmósfera que podría sobrevivir gracias a nubes minerales y gases liberados desde su interior.

A unos 280 años luz de la Tierra existe un mundo rocoso que desafía las teorías actuales sobre la evolución planetaria. Su superficie estaría cubierta por un océano de roca fundida y soportaría una radiación tan intensa que debería haber perdido su atmósfera hace miles de millones de años. Sin embargo, nuevas observaciones sugieren que TOI-561 b conserva una envoltura gaseosa capaz de reflejar gran parte de la energía que recibe.
El hallazgo, publicado en The Astronomical Journal, se basa en observaciones del telescopio espacial James Webb (JWST). Durante 37 horas, un equipo internacional de investigadores siguió al planeta a lo largo de casi cuatro órbitas alrededor de su estrella.
Los resultados apuntan a un mecanismo inesperado que podría explicar cómo este mundo extremo mantiene su atmósfera y evita alcanzar las temperaturas que se esperarían de una superficie rocosa expuesta directamente a la radiación estelar.
Un planeta de lava con una atmósfera que debería haber desaparecido
Los científicos todavía desconocen la composición exacta de la atmósfera de TOI-561 b. Una posibilidad es que esté dominada por dióxido de carbono, como ocurre en Venus, aunque bajo condiciones térmicas mucho más extremas. Otra hipótesis contempla una abundancia de dióxido de azufre, un gas asociado a la actividad volcánica de Ío, una de las lunas de Júpiter.

Anjali Piette, astrofísica de la Universidad de Birmingham y una de las investigadoras del estudio, señaló que el descubrimiento cuestiona las teorías sobre los planetas rocosos sometidos a una radiación intensa. Según explicó, todavía no está claro si TOI-561 b comenzó su historia con una reserva excepcional de gases o si su interior continúa alimentando la atmósfera.
Esta última posibilidad resulta especialmente interesante: el océano de roca fundida podría funcionar como una fuente permanente de gases, compensando parcialmente los que escapan al espacio.
El James Webb detectó un sorprendente escudo reflectante
Las observaciones anteriores habían revelado que el hemisferio diurno de TOI-561 b era más frío de lo previsto. Para investigar el fenómeno, el equipo estudió también el comportamiento térmico del lado nocturno, que nunca recibe luz directa de su estrella.
Los datos indicaron que la redistribución del calor no bastaba para explicar las temperaturas observadas. La respuesta podría estar en la extraordinaria capacidad del planeta para reflejar la radiación: las estimaciones señalan que devuelve al espacio cerca del 75 % de la luz que recibe, una proporción comparable con la de Venus.
Si se confirma su presencia, estas nubes actuarían como un gigantesco protector solar, reflejando parte de la energía antes de que alcance la superficie. La atmósfera también podría transportar calor hacia el hemisferio nocturno, reduciendo las diferencias de temperatura entre ambos lados.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron la llamada curva de fase, una técnica que permite medir las variaciones del brillo y la emisión térmica de un planeta durante su órbita.
¿Puede un océano de lava mantener viva la atmósfera?
El hallazgo refuerza la hipótesis de que los gases liberados desde el interior fundido de TOI-561 b podrían renovar continuamente su atmósfera. Este proceso ayudaría a explicar cómo logró conservarla durante miles de millones de años, pese a la intensa radiación de su estrella.
Los próximos estudios buscarán determinar si el planeta se parece más a una versión extremadamente caliente de Venus o a una versión mucho más intensa de Ío. Nuevas observaciones del James Webb en longitudes de onda más largas podrían revelar la composición química de su atmósfera y aclarar cómo consigue mantenerla.