10 mitos sobre el cuerpo humano pulverizados por la ciencia: te contamos cuáles pueden ser dañinos y cuáles no
Las creencias populares suelen moldear nuestros hábitos de salud, pero no todas son iguales: algunas son inocuas y otras pueden perjudicarte. Las analizamos con lupa científica para separar mito de realidad.

Los mitos sobre el cuerpo humano siguen circulando con enorme fuerza. Se repiten en redes sociales, programas de televisión, consejos familiares y hasta en prácticas cotidianas de salud. Con el tiempo, estas ideas terminan influyendo en cómo comemos, dormimos, nos movemos y evaluamos nuestro propio bienestar.
El problema es que no todos los mitos son inofensivos: algunos solo generan confusión, en tanto que otros pueden generar riesgos reales.
La fisiología moderna —apoyada en estudios clínicos, técnicas de neuroimagen y experimentos controlados— permite distinguir con claridad entre creencias inocuas y aquellas que sí pueden afectar la salud. Lejos de despojar al cuerpo de misterio, la ciencia muestra un organismo más complejo y fascinante de lo que indican las ideas populares.
Cinco mitos sobre hábitos “saludables” (algunos sí pueden dañarte)
Mito: “El azúcar vuelve hiperactivos a los chicos”
Ensayos controlados de la Universidad de Yale y revisiones sistemáticas muestran que el azúcar no causa hiperactividad por sí sola. Lo que altera la conducta es el contexto (ruido, luces, estímulos). El riesgo es culpar al azúcar y pasar por alto factores emocionales o ambientales.
INOCUO PERO ENGAÑOSO
Mito: “Cuanta más agua tomes, mejor”
Estudios de medicina deportiva de la Universidad de Ciudad del Cabo advierten que beber sin sed puede provocar hiponatremia, afección que ocurre cuando el nivel de sodio en la sangre es inferior al rango típico. El cuerpo regula la sed con gran precisión; ignorarla puede ser riesgoso, sobre todo en deportes de resistencia.
POTENCIALMENTE DAÑINO

Mito: “Si sudás más, estás más en forma”
Investigaciones de la Universidad de Colorado muestran que sudar solo indica regulación térmica, no estado físico ni quema de grasa. Un sauna o ropa térmica no “mejora” el entrenamiento.
INOCUO PERO FALSO
Mito: “Crujir los nudillos causa artritis”
Resonancias del University College London evidencian que el sonido proviene de burbujas de gas en el líquido sinovial, sin provocar daño articular estructural.
INOCUO
Mito: “Dormir poco se recupera el fin de semana”
La Universidad de Chicago demostró que la privación crónica altera hormonas del apetito y la atención. El “sueño de recuperación” ayuda, pero no borra el daño acumulado.
POTENCIALEMENTE DAÑINO
Mito: “Toda la sal es mala y hay que eliminarla por completo”
La sal (sodio) es biológicamente esencial: regula la presión arterial, el equilibrio de líquidos y la transmisión nerviosa. Estudios de la Universidad McMaster y análisis del consorcio PURE muestran que tanto el consumo muy alto como muy bajo de sodio se asocian con mayor riesgo cardiovascular, formando una curva en “U”.
En el mundo, el consumo promedio de sal supera en el doble (10.8 g/día) al recomendado por la OMS. No importa la edad, todos nos beneficiamos al reducir el consumo de sal. pic.twitter.com/ZFw3Fw4NaW
— Posgrados Favaloro (@PosgradosUF) May 12, 2025
El problema no es la sal en sí, sino el exceso proveniente de ultraprocesados (panificados industriales, fiambres, snacks y comidas listas). Para la mayoría de las personas sanas, la evidencia respalda una reducción moderada, no la eliminación total.
SIMPLIFICACIÓN RIESGOSA
Cinco mitos sobre la mente y el cuerpo (sorprendentes y reveladores)
Mito: “Solo usamos el 10 % del cerebro”
Debe ser uno de los mitos más popularizados, gracias al cine y a la literatura fantástica. Neuroimágenes del National Institutes of Health (NIH) y de la Universidad de Stanford muestran actividad distribuida en casi todo el cerebro a lo largo del día.
FALSO

Mito: “Las neuronas no se regeneran”
El Instituto Salk y la Universidad de Harvard demostraron neurogénesis en el hipocampo (estructura cerebral crucial para la formación de memoria a largo plazo, el aprendizaje y la navegación espacial) de adultos, favorecida por ejercicio y sueño.
FALSO
Mito: “La memoria es una grabación fiel”
La Universidad de Toronto evidenció que recordar es reconstructivo: reeditamos los recuerdos cada vez.
FALSO.
Mito: “El intestino solo digiere”
El Karolinska Institute mostró que la microbiota dialoga con el cerebro vía el nervio vago, influyendo en ánimo e inmunidad.
FALSO
Mito: “Si duele, hay daño”
Lorimer Moseley, neurocientífico de la Universidad de Australia del Sur, demostró que el dolor integra factores biológicos, emocionales y contextuales; puede existir sin lesión.
NO SIEMPRE
Ciencia, salud y desinformación
Los mitos persisten porque simplifican realidades complejas y circulan con fuerza cultural. Algunos son simplemente erróneos; otros pueden conducir a prácticas peligrosas. Diferenciar ambos casos es clave para la salud pública.
La evidencia científica no quita magia al cuerpo: la multiplica. Muestra un organismo que se adapta, aprende, se repara y se comunica con sistemas interconectados que recién empezamos a comprender.
Desmontar mitos no es solo divulgación: es prevención. Informarse con base en estudios permite evitar riesgos y tomar decisiones más conscientes. En un mundo saturado de desinformación, distinguir evidencia de creencia es tan importante como cualquier hábito saludable.
La ciencia no destruye el asombro por el cuerpo humano; lo profundiza.