El "aire acondicionado" del planeta en jaque: el deshielo antártico amenaza con frenar las corrientes oceánicas

Un estudio liderado por el Instituto Max Planck revela cómo el agua dulce del deshielo antártico funciona como un "freno" para las corrientes profundas, amenazando el equilibrio clim��tico global más rápido de lo que imaginamos.

En el futuro, la capa de agua dulce en los mares antárticos acelerará el congelamiento superficial mientras el fondo se calienta. Este hielo, más blando pero traicionero, podría atrapar barcos en trampas dinámicas como le ocurrió al mítico "Endurance" de Shackleton en 1915.
En el futuro, la capa de agua dulce en los mares antárticos acelerará el congelamiento superficial mientras el fondo se calienta. Este hielo, más blando pero traicionero, podría atrapar barcos en trampas dinámicas como le ocurrió al mítico "Endurance" de Shackleton en 1915.

Imaginemos a los océanos como el sistema circulatorio de una persona. Las corrientes son las venas y arterias que transportan calor, nutrientes y gases vitales por todo el cuerpo del planeta. Si ese flujo se detiene o se vuelve lento, el organismo entero entra en crisis.

Bueno, algo parecido está pasando en el "radiador" del mundo: la Antártida. Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Química, acaba de publicar hallazgos que nos obligan a mirar el sur con otros ojos.

Históricamente, la ciencia se enfocó en cómo el derretimiento del Ártico (en el Norte) afectaba a la famosa Corriente del Golfo. Sin embargo, este nuevo estudio bucea en el pasado de la Tierra —específicamente en las últimas dos desglaciaciones— para confirmarnos que el gigante de hielo del Sur tiene un control remoto sobre el clima mundial.

Los datos muestran que, cuando el hielo antártico se derrite rápido, el agua dulce "flota" sobre la salada, creando una capa que impide que el agua profunda suba a respirar.

Freno de mano oceánico: ¿Por qué nos debería importar?

El núcleo del problema es la estratificación. Para explicarlo fácil: el agua de mar funciona como un buen trago con capas. El agua dulce del deshielo es menos densa que la salada, por lo que se queda arriba como si fuera el aceite sobre el agua.

El estudio del Instituto Max Planck destaca que esta capa dulce actúa como una "tapa" que bloquea el intercambio de calor y dióxido de carbono entre el fondo del mar y la atmósfera. Es, básicamente, ponerle un freno de mano a la cinta transportadora que regula la temperatura global.

Estamos viendo un escenario donde hay más hielo flotante estacional, pero ese hielo es un síntoma de que el "corazón" del océano (la circulación profunda) está fallando. Es como si el planeta tuviera la piel helada, pero una fiebre interna galopante.

Lo más curioso que descubrieron los expertos es que, a pesar de este "bloqueo", los vientos del oeste (esos que los navegantes conocen como "bramadores" y que soplan fuerte cerca de nuestras costas del sur patagónico) ayudaron en el pasado a que el sistema no colapsara del todo, permitiendo que algo de CO2 escapara y terminara de calentar el planeta para salir de la Era de Hielo.

El deshielo antártico puede alterar la circulación oceánica global, según sugieren los núcleos sedimentarios analizados por investigadores del Instituto Max Planck.
El deshielo antártico puede alterar la circulación oceánica global, según sugieren los núcleos sedimentarios analizados por investigadores del Instituto Max Planck.

Atentos: lo que antes fue un proceso natural de miles de años, hoy lo estamos acelerando a un ritmo que la naturaleza no sabe cómo manejar. Si esa "tapa" de agua dulce se vuelve permanente, el océano dejaría de absorber el calor que nosotros mismos generamos.

Conclusión: un futuro que se cocina a fuego lento

Las consecuencias de este fenómeno no son un guion de película de Hollywood, como "El día después de mañana"; son cambios que afectan nuestra vida diaria.

Si la circulación oceánica se debilita, los patrones de lluvia cambian (afectando las cosechas en la Pampa o en África) y las temperaturas extremas se vuelven la norma. Estamos hablando de un efecto dominó: menos hielo significa corrientes más lentas, lo que se traduce en un océano que ya no puede ayudarnos a limpiar el exceso de carbono de la atmósfera.

Es fundamental entender que la Antártida no es un bloque de hielo estático y lejano, sino el corazón que bombea vida a los mares. El estudio del Instituto Max Planck nos deja una lección clarísima: lo que pasa en el rincón más frío del mapa decide el clima de nuestro patio trasero. Cuidar el equilibrio de este gigante blanco es, literalmente, cuidar el motor que mantiene nuestro mundo en marcha.

Referencia de la noticia

François Fripiat et al, (2026). Deglacial stratification of the polar Southern Ocean, Proceedings of the National Academy of Sciences.