Antártida: el hielo marino tocó este 2026 su tercer máximo invernal más bajo desde que hay satélites

Tras un mínimo estival cercano al promedio, el hielo marino antártico volvió a crecer muy por debajo de lo normal en el invierno austral y cerró con uno de sus máximos más bajos. Explicamos qué factores del océano y la atmósfera intervienen y en qué se diferencia del hielo continental.

El pasado 14 de septiembre se registró el máximo anual de hielo marítimo antártico. Pero ha sido el tercero más bajo desde que hay registros. Imagen: NASA
El pasado 14 de septiembre se registró el máximo anual de hielo marítimo antártico. Pero ha sido el tercero más bajo desde que hay registros. Imagen: NASA

El hielo marino que rodea la Antártida alcanzó su máxima extensión anual el 14 de septiembre pasado, con 17,59 millones de kilómetros cuadrados, el tercer máximo más bajo desde que comenzaron las mediciones satelitales. Así lo informó el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), que aclara que la cifra es preliminar y depende de que esa fecha se confirme. El organismo explica que, cerca del pico, la extensión del hielo antártico suele fluctuar mucho, lo que a menudo demora identificar el máximo con seguridad. La NASA, en su propio reporte, coincide en ubicarlo como el tercero más bajo. Solo 2024 y 2023, el año del récord, quedaron por debajo.

Con 17,59 millones de km², el hielo marino antártico registró en 2026 su tercer máximo invernal más bajo de la era satelital. Los vientos y el calor del océano ayudan a explicar su evolución.

El dato llama la atención porque el verano austral había sido bastante menos extremo. El mínimo de 2026, registrado el 26 de febrero con 2,58 millones de km², quedó en el puesto 16 entre los más bajos de los 48 años de registro. En ese momento, el investigador Ted Scambos explicó que fuertes vientos del sur habían empujado el hielo hacia afuera en el mar de Weddell, y su colega Walt Meier consideró esperable ese regreso a condiciones menos extremas, dada la gran variación interanual del hielo antártico. Pero el invierno cambió el panorama: desde el inicio de la temporada de crecimiento, a fines de marzo, la extensión se mantuvo por debajo de la franja en la que se ubica el 80 % de los años del registro, aunque por encima del récord de 2023.

Lo más llamativo llegó después del pico. Desde el 2 de octubre, la extensión diaria del hielo marino antártico marca mínimos récord para la fecha, por debajo incluso de los valores de 2023, según el análisis mensual del NSIDC. Las mayores pérdidas tras el máximo se concentraron en los mares de Ross y Amundsen y en el sector del océano Índico. El dato se suma a una racha: de acuerdo con Climate.us, los últimos cuatro años concentran los cuatro máximos invernales más bajos de la serie, y Scambos remarcó que 2026 prolonga una década con extensiones mayormente por debajo del promedio en todas las estaciones.

Vientos en superficie y calor en profundidad

Para entender por qué el hielo antártico se comporta así, hay que mirar la geografía. A diferencia del Ártico, un océano rodeado de tierra, la Antártida es un continente rodeado de océano, y su hielo marino puede responder con mucha más libertad a los vientos y al tiempo, como explica la NASA. Por eso su extensión varía más de un año a otro que la del Ártico. El viento puede dispersar el hielo hacia el norte, como ocurrió en el Weddell a comienzos de año, o compactarlo contra la costa. El NSIDC agrega un matiz importante: incluso en los años de poca extensión desde 2022, algunos sectores alrededor del continente mostraron más hielo que el promedio, un comportamiento muy distinto del Ártico, donde desde 2007 las diferencias han sido negativas en casi todas las regiones.

Tendencia de los máximos de hielo marítimo desde que hay registros. Imagen: Climate.us
Tendencia de los máximos de hielo marítimo desde que hay registros. Imagen: Climate.us

El otro gran actor está bajo la superficie. Un estudio publicado en Communications Earth & Environment por investigadores de la NOAA, la UCAR y la Universidad de Princeton, encabezado por Liping Zhang, encontró que antes de 2016 el océano Austral se calentó en profundidad en respuesta a vientos del oeste más intensos. Según sus simulaciones, ese calor subsuperficial tuvo un papel menor que la atmósfera en la caída abrupta de 2016, pero fue clave para que los valores bajos persistieran entre 2016 y 2021, porque fue desestabilizando el océano desde abajo. Una investigación difundida por la agencia japonesa JAMSTEC describe un mecanismo coherente: cuando se refuerzan los vientos del oeste, asociados a la fase positiva del Modo Anular del Sur, se intensifica la convección profunda y asciende agua cálida y salada desde más de 200 metros, que derrite el hielo.

Scambos resume el estado del debate: varios estudios recientes señalan la mezcla de agua más cálida hacia la capa superior del océano polar, y si esa causa y su efecto persisten, él se inclinaría por el calentamiento de origen humano como explicación. La atribución de una temporada puntual, sin embargo, es más compleja. En su análisis de octubre, el NSIDC describe la evolución de 2026 sector por sector, pero no detalla todavía las causas específicas de este invierno. Por eso los especialistas analizan cada temporada en dos escalas: la del tiempo, donde vientos y tormentas aceleran o frenan el derretimiento de una semana a otra, y la de un océano cuyo calor acumulado actúa durante años, como muestra el trabajo de Zhang y sus colegas.

Hielo que flota y hielo que eleva el mar

Conviene no confundir este fenómeno con el deshielo del continente. El hielo marino es agua de mar congelada que flota, y su derretimiento no aporta de forma significativa al aumento del nivel del mar, a diferencia de las capas de hielo y los glaciares, que se forman a partir de la nieve acumulada sobre tierra firme (ver la guía del NSIDC). Eso no significa que ambos mundos estén desconectados. Un estudio de 2023 revisado por pares, liderado por Julius Lauber, observó que desde 2016 llega agua más cálida bajo una plataforma de hielo de la Antártida Oriental, algo que los autores vinculan con la reducción del hielo marino costero y con vientos del oeste más intensos; en ese período, la pérdida de masa por derretimiento en la base de esa plataforma casi se duplicó. Y esas plataformas son las que contienen partes vulnerables de la capa de hielo que tienen detrás, según advierten los autores de una revisión publicada en Nature en 2025.

Anomalías de superficie de hielo antártico desde 1979 comparado con la serie 1981-2010. Imagen: NICDC
Anomalías de superficie de hielo antártico desde 1979 comparado con la serie 1981-2010. Imagen: NICDC

¿Qué dice todo esto sobre el cambio climático? La respuesta exige cautela. Desde el inicio del registro satelital, a fines de 1978, la tendencia del hielo marino antártico ha sido cercana a cero, con una variabilidad interanual que pesa más que cualquier tendencia. "Todavía es difícil estar seguros sobre el calentamiento global y el hielo marino antártico", advierte Scambos. Otros investigadores son más categóricos: la revisión publicada en Nature, liderada por Nerilie Abram, sostiene que un cambio de régimen redujo la extensión del hielo marino antártico muy por debajo de su variabilidad natural de los últimos siglos, reconstruida con observaciones, testigos de hielo y bitácoras históricas de barcos.

Esa revisión también describe por qué la pérdida puede alimentarse a sí misma. Según Abram, al haber menos hielo en la superficie del océano, cambia la cantidad de calor solar que retiene el sistema climático, y se espera que eso intensifique el calentamiento en la Antártida. Los efectos alcanzan a los ecosistemas, desde el pingüino emperador, que depende del hielo fijo a la costa para criar a sus pichones, hasta cambios en las especies de fitoplancton que prefiere el kril, según la División Antártica Australiana.

Referencias de la noticia

Liping Zhang, Thomas L. Delworth, Xiaosong Yang, Fanrong Zeng, Feiyu Lu, Yushi Morioka & Mitchell Bushuk. (2022). The relative role of the subsurface Southern Ocean in driving negative Antarctic Sea ice extent anomalies in 2016–2021.
Nerilie J. Abram, Ariaan Purich, Matthew H. England, Felicity S. McCormack, Jan M. Strugnell, Dana M. Bergstrom, Tessa R. Vance, Tobias Stål, Barbara Wienecke, Petra Heil, Edward W. Doddridge, Jean-Baptiste Sallée, Thomas J. Williams, Anya M. Reading, Andrew Mackintosh, Ronja Reese, Ricarda Winkelmann, Ann Kristin Klose, Philip W. Boyd, Steven L. Chown & Sharon A. Robinson. (2025). Emerging evidence of abrupt changes in the Antarctic environment.