Cómo los mosquitos conquistaron el mundo: 45 especies ya viven fuera de su territorio de origen
Un análisis publicado en Nature muestra que los mosquitos capaces de transmitir enfermedades están colonizando regiones donde nunca habían vivido, y que el ritmo de esas invasiones se aceleró. La Argentina está dentro de ese mapa que se mueve.

El 29 de julio, la revista Nature publicó un análisis con cuatro gráficos sobre un fenómeno que hasta hace poco parecía marginal y hoy define buena parte de la geografía sanitaria del planeta: los mosquitos vectores de enfermedades ya no están confinados a los países tropicales. Han alcanzado regiones de Europa, Asia, las Américas y Australia donde antes no había registros de su presencia. La cifra de fondo la aporta un estudio publicado en Nature Communications por Rebecca Pabst, Carla Sousa y César Capinha, del Instituto de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad NOVA de Lisboa.
Los autores revisaron registros que se remontan al siglo XV y contabilizaron 45 especies de mosquitos vectores introducidas fuera de su rango nativo, doce de ellas desde el año 2000. Es decir: una cuarta parte de todas las introducciones documentadas en cinco siglos ocurrió en los últimos veinticinco años. "Eso indica realmente un incremento muy fuerte en términos de nuevas introducciones", señala Capinha, bio geógrafo de la Universidad de Lisboa, en la nota de Nature.
EXPLAINED: What if we killed all the mosquitoes?
— AFP News Agency (@AFP) August 6, 2026
Wiping out mosquito-borne diseases like malaria has long been something humanity has dreamed of achieving. Could we do that? And just as importantly, should we? AFP journalists report on the latest developments in the fight pic.twitter.com/7nkCjYGfNw
El contexto sanitario no ayuda a relativizarlo. Según el World Malaria Report 2025 de la Organización Mundial de la Salud, en 2024 se estimaron unos 282 millones de casos de malaria en el mundo y 610.000 muertes, frente a los 273 millones del año anterior. La carga global de las enfermedades transmitidas por mosquitos no está bajando; en varios frentes está subiendo. Pero el fenómeno que describe Nature no es estrictamente médico. Es geográfico y climático. Y responde a dos condiciones que deben cumplirse en secuencia: primero el mosquito tiene que llegar, y después tiene que poder quedarse.
El transporte lo pone el comercio; el resto lo pone el clima
La primera condición es logística y tiene siglos de historia. El trabajo de Pabst y sus colegas rastrea las introducciones hasta los barcos que trasladaban personas esclavizadas desde África hacia las Américas, que llevaban también mosquitos a bordo. Lo que cambió no es el mecanismo, sino su velocidad y su volumen. "Tenemos esta gran expansión de las redes de comercio global, y eso permitió que muchas especies fueran transportadas, algo muy frecuente en el caso de los mosquitos", explica Capinha.

Durante el último siglo, los neumáticos usados y las plantas vivas se convirtieron en los vehículos más eficientes para huevos y larvas: acumulan agua, viajan en contenedores y llegan a destino intactos. Los ejemplares adultos, además, se desplazan en automóviles, trenes y aviones, cubriendo distancias intercontinentales en pocas horas. Un mosquito puede desayunar en un continente y estar poniendo huevos en otro antes del anochecer. La segunda condición es la que interesa desde la meteorología, y es la que verdaderamente decide. Llegar no es lo mismo que establecerse. Para que una población se instale hace falta calor sostenido y agua acumulada durante un período suficientemente largo como para completar varios ciclos reproductivos.

Si esas condiciones duran pocas semanas, la introducción se apaga sola. Si duran meses, se vuelve permanente. La diferencia entre un hallazgo aislado y una especie establecida es, en buena medida, una cuestión de calendario térmico. Ahí es donde el calentamiento global cambia las reglas, y lo hace de un modo particular en el Cono Sur. En el sur de Brasil, en Uruguay, en Paraguay y en varias regiones argentinas, las condiciones aptas se cumplían históricamente durante un lapso corto de cada año, insuficiente para que el mosquito se afianzara. Eso dejó de ser así. "En muchos países las temperaturas empiezan a subir ya en noviembre y se mantienen altas hasta marzo, abril o incluso mayo", describe Barcellos, y apunta que esa ampliación de la ventana estacional es su principal preocupación.
De África a Europa: el mapa que se corre
El caso más nítido de conquista reciente no ocurrió en el trópico americano sino en África. Anopheles stephensi, un mosquito originario del sur de Asia y el golfo Pérsico, particularmente adaptado a los entornos urbanos, fue detectado en Yibuti en 2012 y desde entonces se confirmó en ocho países africanos. Un estudio genómico publicado en Science reconstruyó su ruta de invasión y advierte que la especie amenaza a unos 126 millones de habitantes de ciudades africanas, en un continente donde la malaria era históricamente un problema rural. La OMS lanzó una iniciativa específica para frenar su expansión.

En Europa el avance está documentado casi en tiempo real. Los mapas del ECDC muestran que Aedes albopictus está hoy establecido en 369 regiones de dieciséis países del espacio europeo, frente a unas 114 regiones hace apenas una década. Entre junio de 2025 y abril de 2026 sumó territorio nuevo en Portugal, Francia y Grecia, y en la última actualización se reportó una introducción de Aedes aegypti en Luxemburgo. Son países que hasta hace veinte años no figuraban en ninguna conversación sobre mosquitos vectores.
En la Argentina, el registro admite una lectura más matizada, y conviene hacerla bien. Aedes albopictus fue detectado por primera vez en el país en 1998, en la ciudad de Eldorado, provincia de Misiones, según documentaron investigadores de la Universidad de Buenos Aires y el Ministerio de Salud. Casi tres décadas después, su distribución sigue acotada al nordeste subtropical. Llegar no garantiza conquistar: es exactamente el punto que hace interesante al caso argentino. Aedes aegypti, en cambio, reintroducido en 1986 tras las campañas continentales de erradicación de mediados del siglo XX, sí amplió su distribución hacia el sur y el oeste respecto de los registros históricos, y hoy es la especie vectora más ampliamente introducida del planeta, presente en alrededor de 150 países.
Las proyecciones que acompañan el análisis de Nature estiman que, de sostenerse las tendencias actuales de calentamiento, hacia 2080 unos mil millones de personas más vivirían en zonas climáticamente aptas para la transmisión. Para la Argentina el aviso no es que aparezca un mapa nuevo, sino que el conocido se corra de lugar y, sobre todo, que se estire en el tiempo. Lo que conviene vigilar no es solamente dónde se detecta una especie, sino cuántos meses al año el clima le permite quedarse. Esa pregunta se responde con datos meteorológicos.
Referencia de la noticia
Pabst, R., Sousa, C.A., Essl, F.. (2025). Global invasion patterns and dynamics of disease vector mosquitoes.