El auto eléctrico no solo limpia el aire: los científicos analizan su huella en el empleo, los salarios y los impuestos

Respirar mejor en las ciudades no es poco. Pero los científicos advierten que la transición al coche eléctrico también mueve empleos, salarios y hasta impuestos. Analizar esos efectos no es estar en contra. Es querer que la transición sea justa.

La transición a vehículos eléctricos no es solo una cuestión ecológica
La transición a vehículos eléctricos no es solo una cuestión ecológica

Imagina dos ciudades. En una, los coches echan humo. En la otra, no. La segunda parece un sueño. Y lo es, en parte. Los coches eléctricos reducen drásticamente la contaminación del aire. En entornos urbanos, eso significa menos asma, menos cáncer de pulmón y vidas más largas. Los estudios lo confirman sin matices: en salud pública, el eléctrico gana por goleada.

Pero la sostenibilidad, explican los investigadores, no es solo medio ambiente. También es empleo digno, salarios justos, seguridad laboral y una carga fiscal que permita mantener los servicios públicos.

Los coches de gasolina y diésel emiten óxidos de nitrógeno, partículas finas y monóxido de carbono. Esas sustancias se meten en los pulmones y acortan vidas, sobre todo en ciudades densas. Los eléctricos, durante la fase de uso, apenas emiten partículas (solo las de frenos y neumáticos, que también existen en cualquier coche).

Analizar el ciclo de vida completo de un coche -desde la mina hasta el desguace- muestra aspectos que los folletos comerciales suelen omitir. Este artículo no está en contra del coche eléctrico. Está a favor de una transición que no deje a nadie atrás.

Empecemos por lo más claro. Los coches de gasolina y diésel emiten óxidos de nitrógeno, partículas finas y monóxido de carbono. Esas sustancias se meten en los pulmones y acortan vidas, sobre todo en ciudades densas. Los eléctricos, durante la fase de uso, apenas emiten partículas (solo las de frenos y neumáticos, que también existen en cualquier coche).

Incluso contando la fabricación de baterías, el impacto total en salud a lo largo de su ciclo de vida es muy inferior al de los coches de combustión. Si vivís en una ciudad contaminada, cambiar a un eléctrico te ayudará a respirar mejor. Ese beneficio es real, medible y no está en discusión.

El desafío invisible: empleo, salarios e impuestos

Aquí las cosas se vuelven menos evidentes. En España, el transporte por carretera genera 1,2 millones de empleos directos e indirectos. Esa cifra incluye mecánicos, gasolineras, transportistas de combustible, refinerías. Una cadena extensa y asentada. Los vehículos de combustión crean más empleo que los eléctricos. No porque sean mejores, sino porque su cadena de suministro es más antigua, más repartida y requiere más mano de obra.

Los vehículos de combustión crean más empleo que los eléctricos. No porque sean mejores, sino porque su cadena de suministro es más antigua, más repartida y requiere más mano de obra.

El coche eléctrico concentra su intensidad laboral en la producción de baterías y la generación de electricidad. El mantenimiento es más simple, las piezas son menos. Eso es eficiencia, pero también significa menos puestos de trabajo en los países que hacen la transición. El problema no es que desaparezcan trabajos. Es que los nuevos aparecen en otros sitios. Y a veces en lugares con salarios más bajos y menos protección laboral.

Los datos revisados por los investigadores muestran que los coches eléctricos de batería presentan los niveles más bajos de remuneración a lo largo de su ciclo de vida. No porque el coche en sí sea malo, sino porque su cadena de suministro depende de la minería con salarios generalmente más bajos. Este no es un argumento contra el eléctrico. Es un argumento para exigir baterías producidas con condiciones laborales justas.

Los coches eléctricos de batería presentan los niveles más bajos de remuneración a lo largo de su ciclo de vida.
Los coches eléctricos de batería presentan los niveles más bajos de remuneración a lo largo de su ciclo de vida.

Los mismos estudios señalan que los vehículos eléctricos registran la mayor tasa de lesiones laborales no fatales. La causa: los riesgos asociados a la extracción y procesamiento de materiales para baterías. El aire más limpio de tu ciudad no limpia automáticamente las condiciones de una mina de níquel a 10.000 kilómetros.

La buena noticia es que esto se puede solucionar. Con certificación, trazabilidad y presión sobre los proveedores. Algunos fabricantes ya están implantando códigos éticos para sus cadenas de suministro.

Impuestos al combustible

Los coches de combustión pagan muchos impuestos. Cada litro de combustible lleva su parte para las arcas públicas. Esa recaudación financia hospitales, escuelas y carreteras. Los eléctricos, sobre todo si usan energía renovable con bonificaciones fiscales, pagan muchos menos impuestos. Algunos estudios calculan que hasta un 96 % menos que un coche tradicional. Eso es bueno para el bolsillo del conductor. Pero es un desafío para los estados.

Los eléctricos, sobre todo si usan energía renovable con bonificaciones fiscales, pagan muchos menos impuestos. Algunos estudios calculan que hasta un 96 % menos que un coche tradicional. Eso es bueno para el bolsillo del conductor. Pero es un desafío para los estados.

Cuando el parque móvil sea mayoritariamente eléctrico, las arcas públicas perderán una fuente importante de ingresos. No es un problema del coche eléctrico. Es un problema de diseño fiscal. Y se puede resolver: con impuestos a la electricidad para movilidad, con peajes o con nuevas fórmulas que aún están por inventar.

Los investigadores que firman este análisis piden cautela. Las investigaciones sobre impacto social del transporte eléctrico son todavía incipientes. Los datos tienen agujeros. Pero algo está claro: la electrificación del transporte es necesaria por razones ambientales y de salud. Pero no será automáticamente justa. Para que lo sea, hay que mirar también el empleo, los salarios, la seguridad laboral y la fiscalidad.

El coche eléctrico no es el enemigo. Es una herramienta. Y como toda herramienta, depende de cómo la usemos. La transición energética bien hecha no es la que ignora estos problemas. Es la que los nombra, los mide y los resuelve. Con baterías más limpias, cadenas de suministro éticas y una fiscalidad adaptada al nuevo mundo. Porque respirar mejor no debería significar que otro respire peor en una mina. Y esa es una conversación que merece la pena tener.

Referencia de la noticia

Nuri C. Onat, Murat Kucukvar, Omer Tatari. Integration of system dynamics approach toward deepening and broadening the life cycle sustainability assessment framework: a case for electric vehicles

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