El impactante hallazgo arqueológico en la Cordillera de los Andes que se ve desde el espacio

Un andinista encontró en imágenes satelitales una enorme estructura en la cordillera de Mendoza, y luego llegó hasta el lugar. Los investigadores creen que podría ser un geoglifo.

En el lugar, sólo se observan pircas, paredes medianas de piedras y zanjas revestidas. Pero la escena cambia al ver la estructura desde las alturas. Foto: Gentileza.
En el lugar, sólo se observan pircas, paredes medianas de piedras y zanjas revestidas. Pero la escena cambia al ver la estructura desde las alturas. Foto: Gentileza.

Como las icónicas líneas de Nazca de Perú, pero en la Cordillera de los Andes argentina. Un grupo de investigadores y apasionados del andinismo creen haber encontrado un ancestral geoglifo (estructuras que conforman siluetas que se ven desde las alturas) en una remota zona de los Andes mendocinos.

La estructura está conformada por pircas, paredes de mediana altura y algunos canales revestidos con piedras. Y, aunque en el lugar no se llega a apreciar la totalidad del trabajo, una serie de fotos satelitales de Google Earth permiten diferenciar círculos y rectángulos.

Esto permite que, al igual que los mencionados geoglifos de Nazca o la mismísima Gran Muralla China, su forma puede distinguirse desde el espacio mediante imágenes satelitales.

Un hallazgo arqueológico que llegó de un andinista apasionado

Carlos Gobbi es un andinista mendocino, apasionado de la montaña desde siempre. Durante casi 30 años, y en base a algunos comentarios que había oído, buscó in situ, en la montaña y en mapas satelitales este hipotético sitio arqueológico.

Las imágenes de Google Earth muestran estructuras circulares (con diámetros de hasta 35 metros) y rectangulares. Foto: Gentileza.
Las imágenes de Google Earth muestran estructuras circulares (con diámetros de hasta 35 metros) y rectangulares. Foto: Gentileza.

Hasta que en mayo de 2025, mientras analizaba imágenes de Google Earth, identificó unas formas que despertaron su curiosidad. Fue en las inmediaciones de la Cordillera del Tigre, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Y esa estructura terminó siendo una estructura arqueológica de grandes dimensiones. Las estructuras identificadas por imágenes satelitales incluyen grandes círculos (de entre 27 y 35 metros de diámetro) y sectores rectangulares y pasillos que conectan diferentes áreas.

Los geoglifos se sitúan en la Cordillera del Tigre, en los Andes mendocinos. Foto: Gentileza.
Los geoglifos se sitúan en la Cordillera del Tigre, en los Andes mendocinos. Foto: Gentileza.

"En el lugar no se llega a ver nada de las estructuras, solo pasillos de piedra y pircas. Pero desde el espacio, se identifica todo con claridad", describió Gobbi a Meteored.

Este sitio no se encuentra en uno de los rincones más turísticos y concurridos de la Cordillera de los Andes mendocina. De hecho, llegar al lugar demanda casi tres días, sin agua, señal de telefonía celular u otras comodidades. Quizás esta es la explicación a por qué se mantiene intacta la estructura.

Tras dos intentos para llegar al lugar, la tercera fue la vencida. Y Gobbi, junto a dos compañeros, llegó al lugar el 14 de febrero de 2026.

“Cuando vi eso, fue realmente impactante”, recordó el andinista.

Un geoglifo que inicia una investigación impactante

La expedición de Gobbi y este hallazgo forman parte del proyecto Arqueoandes, que reúne a investigadores argentinos y españoles para analizar cómo las sociedades del pasado transformaron y utilizaron los ambientes de alta montaña en los Andes.

Carlos Gobbi, el andinista que halló el geoglifo en la cordillera mendocina por medio de Google Earth y luego recorrió la zona. Foto: Gentileza.
Carlos Gobbi, el andinista que halló el geoglifo en la cordillera mendocina por medio de Google Earth y luego recorrió la zona. Foto: Gentileza.

La comparación con los célebres geoglifos de Nazca aparece casi inevitablemente. Sin embargo, los especialistas prefieren mantener la cautela hasta contar con evidencias que permitan determinar qué es exactamente esta construcción.

“No hay antecedentes ni en notas ni en publicaciones. Es un hallazgo inédito para la arqueología. No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza”, explicaron a su turno la arqueóloga, investigadora del IANIGLA-CONICET y directora del proyecto, Cristina Prieto-Olavarría, y su colega y codirector, Horacio Chiavazza.

¿Un espacio ritual en plena cordillera?

Los primeros indicios arqueológicos permiten descartar, al menos por ahora, que se tratara de un espacio destinado a una ocupación permanente.

La principal hipótesis apunta a un sitio sagrado donde no vivían comunidades de forma permanente. Foto: Gentileza.
La principal hipótesis apunta a un sitio sagrado donde no vivían comunidades de forma permanente. Foto: Gentileza.

Durante el relevamiento inicial no se encontraron cerámicas, restos de alimentos ni otros materiales en superficie que permitan identificar allí un asentamiento habitacional.

Por eso, una de las hipótesis principales que analiza el equipo es que la estructura haya tenido algún tipo de función ritual o simbólica. Y no descartan la posibilidad de que pueda estar vinculada con el período incaico.

De confirmarse el vínculo incaico, el sitio aportaría información sobre la manera en que esta sociedad concebía y utilizaba el paisaje andino, donde montañas, caminos y otros elementos naturales podían adquirir una profunda dimensión simbólica.

Drones, sedimentos y tecnología: así se busca descifrar el misterio

La investigación tendrá un nuevo capítulo en diciembre de este año, cuando Prieto-Olavarría, Chiavazza y especialistas españoles de la Universidad de Jaén ascenderán nuevamente al lugar, acompañados por Gobbi.

La arqueóloga, investigadora y directora del proyecto ArqueoAndes, Cristina Prieto Olavarría. Foto: Gentileza.
La arqueóloga, investigadora y directora del proyecto ArqueoAndes, Cristina Prieto Olavarría. Foto: Gentileza.

El trabajo en el sitio incluirá relevamientos planimétricos, prospecciones pedestres y geoquímicas, drones, teledetección y estudios de geoarqueología.

De esta manera, los científicos buscarán, no solamente conocer quiénes construyeron las estructuras, sino también reconstruir cómo era el ambiente cuando el sitio estuvo activo.

“Vamos a poder trabajar aspectos ambientales relacionados con disponibilidad de agua, eventos climáticos y también eventos humanos”, explicaron.

Los investigadores españoles incorporarán además técnicas para analizar sedimentos y restos botánicos a escala microscópica.

Proteger el patrimonio, la clave del hallazgo

El sitio arqueológico ya cuenta con autorización de la Dirección Provincial de Patrimonio para avanzar con los estudios. Pero los especialistas remarcan que la investigación deberá realizarse bajo estrictas y buenas prácticas para evitar daños sobre las estructuras.

El arqueólogo y cordirector de ArqueoAndes, Horacio Chiavazza. Foto: Gentileza.
El arqueólogo y cordirector de ArqueoAndes, Horacio Chiavazza. Foto: Gentileza.

También buscan incorporar la mirada de las comunidades originarias de Uspallata. Y es que este descubrimiento forma parte de una historia vinculada con pueblos originarios, cuya presencia y cosmovisión continúan formando parte del presente.