El secreto oculto en Hawái que puede explicar lo que ocurre en los volcanes de Venus
El uso de satélites e inteligencia artificial mejora la predicción de erupciones y el seguimiento de la lava. Además, los hallazgos ayudan a interpretar actividad volcánica en Venus y otros planetas.

Cuando el volcán Mauna Loa entró en erupción en 2022, una de sus coladas de lava más extensas avanzó de manera directa hacia la carretera Daniel K. Inouye State Highway 200, conocida como Saddle Road. Se trata de una vía clave que conecta distintos puntos de la isla y es utilizada a diario por miles de personas para trasladarse entre sus hogares y lugares de trabajo.
Durante días, la incertidumbre fue total. Nadie podía prever con certeza si la lava seguiría su curso y terminaría bloqueando la ruta o si, por el contrario, se detendría antes de alcanzarla. Finalmente, el flujo se frenó a unos 2,4 kilómetros de la carretera, evitando un impacto mayor.
Pero ese episodio dejó en evidencia una limitación crítica: la dificultad para anticipar el comportamiento de los volcanes en tiempo real.
Satélites y algoritmos: una nueva forma de mirar los volcanes
Ese escenario podría cambiar en futuras erupciones. Un equipo de investigadores logró avances significativos al combinar datos satelitales —tanto públicos como privados— con algoritmos de aprendizaje automático, según un estudio publicado en la revista Journal of Volcanology and Geothermal Research.
Durante los 13 días que duró la erupción, el investigador Ian Flynn trabajaba en el laboratorio del geólogo Michael Ramsey en la Universidad de Pittsburgh. En ese contexto, surgió una pregunta clave: ¿era posible integrar nuevas fuentes de datos satelitales para mejorar el monitoreo del flujo de lava?

La respuesta fue afirmativa. Flynn logró mapear en tiempo real el avance de la colada, siguiendo su desplazamiento hacia la Saddle Road. “La preocupación era que la lava avanzaba en línea recta hacia la carretera”, explicó. Aunque finalmente se detuvo, el ejercicio demostró el potencial de estas herramientas.
Detectar la erupción antes de que comience
Sin embargo, observar la lava en movimiento es solo una parte del desafío. Para reducir riesgos, lo ideal es anticiparse al inicio mismo de la erupción.
En colaboración con la investigadora Claudia Corradino, del Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia, el equipo aplicó un algoritmo de aprendizaje automático que permitió identificar un incremento térmico aproximadamente un mes antes de la erupción. Si bien este patrón fue detectado de manera retrospectiva, representa un paso clave hacia predicciones más confiables.
“Cada volcán tiene su propia personalidad”, señaló Flynn. La frase puede sonar informal, pero refleja una realidad compleja: no existen dos volcanes iguales, y cada uno responde de manera distinta a los procesos internos que desencadenan una erupción.
Más allá de la superficie: medir el espesor de la lava
El análisis no se limitó a la superficie visible. Flynn buscó extraer más información, especialmente sobre el espesor de los flujos de lava, un dato crucial para entender la magnitud de una erupción.
Para ello, colaboró con el investigador Shashank Bhushan, del NASA Goddard Space Flight Center, quien había desarrollado técnicas similares para estudiar glaciares. Adaptar esa metodología al comportamiento de la lava fue un desafío, pero el resultado fue exitoso.
Gracias a este enfoque, los científicos ahora pueden estimar no solo hacia dónde se dirige la lava, sino también cuánto material está siendo expulsado. Esta información permite determinar si la erupción está en una fase inicial o si comienza a debilitarse.
Además, el seguimiento térmico ayuda a evaluar cuándo la lava deja de ser peligrosa. Mientras se mantiene caliente, puede liberar gases tóxicos y representar un riesgo para las personas. Conocer su proceso de enfriamiento también facilita el análisis de su composición.
De Hawái a otros planetas
Los avances no solo tienen impacto en la Tierra. Comprender cómo se enfría la lava en nuestro planeta podría ser clave para interpretar fenómenos similares en otros mundos, como Venus.

Si se detectan flujos calientes en la superficie de ese planeta, conocer los tiempos de enfriamiento en distintas condiciones permitirá a los científicos estimar si se trata de actividad volcánica reciente.
Un enfoque a medida para cada volcán
A medida que se amplía la disponibilidad de datos, los investigadores no solo aprenden más sobre el Mauna Loa, sino también sobre cómo abordar el estudio de otros volcanes. La evidencia sugiere que no existe una solución universal para predecir erupciones.
En cambio, el camino parece ser el desarrollo de sistemas de monitoreo personalizados, adaptados a las características específicas de cada volcán.
Aunque el Mauna Loa es uno de los más activos del mundo, no es el único que representa una amenaza. Y si algo queda claro tras estos avances, es que entender la “personalidad” de cada volcán podría ser la clave para convivir con ellos de manera más segura.
Referencia de la noticia
Ian T.W. Flynn et al, Satellite data synergy for volcano monitoring: The 2022 Mauna Loa eruption, Journal of Volcanology and Geothermal Research (2026). DOI: 10.1016/j.jvolgeores.2026.108603
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