Un informe indica que la crisis mundial de desinformación en materia de salud está más extendida de lo que se pensaba
Una encuesta internacional revela que la creencia en mitos médicos está muy extendida entre diferentes perfiles sociales, lo que apunta a una disminución de la confianza en las instituciones y a un aumento del uso de la inteligencia artificial en el ámbito sanitario.

La crisis de desinformación en materia de salud está mucho más extendida de lo que los expertos creían hasta hace poco. Una nueva encuesta global indica que la mayoría de las personas en el mundo aceptan como cierto al menos un mito médico ampliamente desacreditado. Estos datos ponen en entredicho la idea de que la desinformación se limita a grupos específicos.
Durante años, la teoría predominante fue que las ideas erróneas sobre la salud se concentraban en segmentos limitados de la población, como las personas con una fuerte polarización política o con bajos niveles de educación. Sin embargo, esta percepción ha sido refutada por una investigación reciente realizada por Edelman.
El informe especial de 2026, basado en las respuestas de más de 16.000 personas en 16 países, indica que siete de cada diez encuestados creen en al menos una de las seis afirmaciones falsas sobre salud. Estas incluyen ideas como la superioridad de la proteína animal, los supuestos riesgos del flúor en el agua y las teorías conspirativas relacionadas con las vacunas.
Los mitos se extienden por todos los grupos sociales
Los datos revelan que las ideas erróneas no se limitan a un perfil específico. Entre las personas con estudios superiores, el 69 % cree en al menos uno de los mitos, prácticamente el mismo porcentaje que entre quienes no tienen un título universitario.

Las divisiones políticas tampoco explican este fenómeno. Si bien el 78 % de los encuestados con inclinaciones derechistas comparten al menos una de estas creencias, la cifra sigue siendo alta entre quienes se sitúan a la izquierda, alcanzando el 64 %. Este patrón se repite en diferentes grupos de edad y regiones del mundo.
Además, el problema es aún más acuciante en los países en desarrollo. Curiosamente, Estados Unidos, a menudo citado como el epicentro de la desinformación en materia de salud, no figura entre los países con las tasas más altas en la encuesta.
La erosión social y la polarización alimentan la desconfianza
Los expertos que participaron en el estudio destacan que la difusión de desinformación está vinculada a un proceso continuo de erosión social. Los temores no resueltos y la falta de respuestas efectivas contribuyen a una mayor polarización.
Este "endurecimiento" de las relaciones sociales intensifica el tribalismo, lo que dificulta cada vez más el diálogo y la búsqueda de consensos, especialmente en temas complejos como la salud pública.
Disminución de la confianza y sobrecarga de información
Mientras tanto, la crisis de desinformación agrava otro problema: la disminución de la confianza de las personas en su propia capacidad para tomar decisiones sobre su salud. En tan solo un año, este índice cayó 10 puntos porcentuales, hasta el 51 %.
La confianza en los medios de comunicación para cubrir temas de salud sigue siendo baja, incluso por debajo de los niveles previos a la pandemia de COVID-19. Los expertos creen que el problema no radica en la falta de información, sino en su exceso.
Ante la abundancia de fuentes disponibles, a menudo contradictorias, al público le resulta difícil distinguir la información fiable de la engañosa. Esta situación crea un entorno propicio para la propagación de mitos.
La inteligencia artificial está ganando terreno en el sector sanitario
En este contexto de incertidumbre, la inteligencia artificial ha ido desempeñando un papel cada vez más importante. Alrededor del 35 % de los encuestados afirma utilizar algún tipo de IA para gestionar problemas de salud.
El uso de la IA también se asocia con la percepción de deficiencias en los sistemas de salud. Las dificultades de acceso, los altos costos y la sensación de ser juzgados por los médicos llevan a muchos pacientes a buscar alternativas digitales.
El nuevo papel de los médicos y posibles caminos a seguir
A pesar del panorama preocupante, el estudio ofrece un rayo de esperanza: los médicos siguen siendo la fuente de información sanitaria más fiable. Sin embargo, los expertos abogan por un cambio en la forma en que se desarrolla esta relación.
La comunicación científica, tradicionalmente centrada en la presentación de resultados, necesita evolucionar para explicar también los procesos y las motivaciones que hay detrás de los descubrimientos. Esto puede contribuir a recuperar la confianza pública.
Más que autoridad, los pacientes buscan una relación de colaboración. La recomendación de los investigadores es clara: menos imposición y más diálogo. En lugar de ser figuras incuestionables, los médicos deberían actuar como guías, atendiendo las dudas y necesidades de cada persona.
Referencia de la noticia
Edelman. Special Report: Trust and Health. 2026
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