La IA está elevando las emisiones de los centros de datos al nivel de algunos estados y amenaza el agua y el clima

Una pregunta a un chatbot, una imagen generada en segundos, código informático producido automáticamente… La IA parece desmaterializada. Sin embargo, un estudio de la ONU revela una huella ambiental que supera con creces las emisiones de CO₂.

La inteligencia artificial se basa en una infraestructura invisible pero que requiere muchísimos recursos.
La inteligencia artificial se basa en una infraestructura invisible pero que requiere muchísimos recursos.

Millones de personas utilizan la IA a diario para escribir textos, buscar información, crear imágenes o automatizar tareas. En cuestión de segundos, la respuesta aparece en la pantalla. Sin embargo, esta aparente fluidez se basa en una realidad mucho más compleja, ajena a la perspectiva del usuario.

La huella invisible de la revolución de la IA

La IA depende de una red global de centros de datos compuesta por millones de servidores que operan continuamente. Estas infraestructuras requieren electricidad, sistemas de refrigeración, materiales de alta tecnología y cadenas de suministro que abarcan varios continentes.

Según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), su impacto ambiental ha alcanzado una magnitud comparable a la de algunos países.

Para 2025, los centros de datos consumieron aproximadamente 448 teravatios-hora (TWh) de electricidad, más que todos los países, excepto los diez más grandes del mundo. Esta actividad generó casi 208 millones de toneladas de CO₂, un nivel comparable a las emisiones anuales de Argentina. Sin embargo, estas impresionantes cifras solo cuentan una parte de la historia.

¿Por qué el CO₂ no es suficiente para medir el impacto de la IA?

Al hablar de medio ambiente, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) suelen ser el tema central. Los investigadores nos instan a ampliar nuestra perspectiva. Cada unidad de electricidad consumida también requiere agua, tierra y otros recursos naturales. Por lo tanto, el impacto ambiental de la IA va mucho más allá de su huella de carbono.

Se prevé que para 2025, los centros de datos habrán utilizado aproximadamente 4,5 billones de litros de agua, principalmente para la refrigeración de equipos informáticos. Para 2030, este consumo podría equivaler a las necesidades anuales de agua potable de 1.300 millones de personas.

El uso del suelo es otra dimensión que a menudo se pasa por alto. Entre la infraestructura energética, las redes y las instalaciones necesarias para el funcionamiento de la IA, la superficie ocupada podría superar los 14.500 km² , o casi el doble de la superficie del área metropolitana de Yakarta.

La principal conclusión del informe es la siguiente: una solución que parece "beneficiosa" para el clima no necesariamente lo es para el agua o la tierra. Evaluar la sostenibilidad de la IA ahora requiere un enfoque más integral.

El aumento exponencial de su uso está elevando el coste medioambiental

Actualmente, la IA representa aproximadamente el 20 % del consumo energético de los centros de datos. Esta proporción podría alcanzar el 40 % en 2030.

En aquel entonces, su consumo total de electricidad se estimaba entre 935 y 945 TWh al año, lo que representaba casi el 3 % del consumo eléctrico mundial. Si los centros de datos fueran un país, ocuparían el sexto lugar a nivel mundial en consumo de electricidad.

Esta demanda superaría con creces el consumo anual combinado de Pakistán , Bangladesh y Nigeria, tres países que juntos suman más de 650 millones de habitantes.

Otro concepto erróneo que desmiente el estudio: no son principalmente las fases de entrenamiento de los modelos las que consumen más energía. Los investigadores estiman que entre el 80 y el 90 % de la demanda total de energía proviene del uso diario.

Un servicio popular de IA procesa casi 2.500 millones de solicitudes al día A esta escala, la acumulación de usos se convierte en el principal motor del consumo de energía.

Además, no todas las solicitudes tienen el mismo coste. Generar una imagen puede requerir más de 1000 veces más energía que una simple clasificación de texto, mientras que la generación de vídeo requiere aún más recursos.

La presión ambiental se concentra en ciertos territorios

La IA se utiliza en todas partes. Sin embargo, los costos ambientales asociados a su funcionamiento distan mucho de distribuirse equitativamente. En algunas regiones, la instalación de nuevos centros de datos ya está aumentando la presión sobre las redes eléctricas y los recursos hídricos, a veces en zonas que sufren sequías recurrentes.

La expansión de la IA también depende de la extracción de minerales críticos esenciales para la fabricación de servidores y chips electrónicos. Estas actividades pueden provocar una degradación ambiental significativa y exacerbar ciertas desigualdades sociales en las zonas mineras.

A esto se suma otra preocupación: los residuos electrónicos. Según las proyecciones, la infraestructura relacionada con la IA podría generar hasta 2,5 millones de toneladas de residuos electrónicos al año para 2030.

El informe también destaca una alta concentración de capacidades tecnológicas. Más del 90 % de la capacidad informática mundial especializada en IA se encuentra actualmente en Estados Unidos y China, mientras que más de 150 países tienen poca o ninguna infraestructura dedicada.

¿Cómo podemos, entonces, distribuir de forma más equitativa los beneficios y los impactos ambientales de esta revolución tecnológica ?

El futuro de la IA también dependerá de las decisiones que tome la sociedad.

Los autores del informe no cuestionan el potencial de la inteligencia artificial. La IA abre posibilidades considerables y ya está contribuyendo a acelerar el progreso científico , especialmente en los campos de la salud, la energía y el clima . Su mensaje es más matizado: la innovación solo puede ser sostenible si va acompañada de una mayor consideración de los recursos que consume.

Transparencia en el consumo, diseño de sistemas más eficientes, integración de las necesidades de los centros de datos en las políticas de energía e agua, mayor reciclaje de equipos: existen las herramientas necesarias.

El reto actual consiste principalmente en garantizar que su crecimiento no se produzca a expensas de los recursos de los que dependen nuestras sociedades.

Referencia del artículo:

Nations Unies. (2026, 3 juin). AI could use as much water as 1.3 billion people by 2030, UN report warns.