Tu dormitorio podría ser la habitación más insalubre de la casa: esto es lo que respiras mientras dormís
Durante la noche, el dormitorio acumula dióxido de carbono, humedad, partículas y alérgenos que pueden alterar el sueño, agravar el asma y afectar la salud.

El dormitorio parece uno de los lugares más limpios de la casa, pero ninguna otra habitación nos mantiene tantas horas respirando el mismo aire. Además, lo hacemos a pocos centímetros de superficies que acumulan polvo, alérgenos y sustancias químicas.
Durante la noche, especialmente con las aberturas cerradas, la habitación se convierte en un ambiente casi aislado. Las personas liberan dióxido de carbono, calor y vapor de agua, mientras los colchones, muebles y productos domésticos aportan otros contaminantes.
La calidad del aire también determina cómo dormimos
El dióxido de carbono exhalado no suele alcanzar en una vivienda concentraciones capaces de provocar una intoxicación. Sin embargo, su acumulación revela que el aire no se está renovando adecuadamente y que también podrían concentrarse humedad y compuestos volátiles.

Un equipo internacional encabezado por la Universidad Técnica de Dinamarca, con participación de las universidades de Gante, Waseda, Shanghái Jiao Tong y Nacional de Singapur, modificó la ventilación de 29 dormitorios. El trabajo publicado en Science of the Total Environment relacionó la menor ventilación con menos sueño profundo, más sueño ligero y más despertares.
Investigadores de la Universidad Tecnológica de Eindhoven y la Universidad de Ciencias Aplicadas de Utrecht registraron 717 partes por millón de dióxido de carbono con una puerta o ventana abierta, frente a 1150 con ambas cerradas. El contraste muestra cuánto puede cambiar el aire de una habitación pequeña durante la noche.
Una nube de partículas alrededor de la almohada
El calor corporal genera una corriente ascendente que transporta partículas y gases desde la cama hacia la zona de respiración. Cada movimiento también puede levantar polvo del colchón y las sábanas.
Ese polvo contiene fibras textiles, células de la piel, polen, caspa de animales, esporas de hongos y residuos de ácaros. Los ácaros no muerden, pero sus restos pueden desencadenar rinitis, congestión y crisis de asma.
Una revisión publicada en Building and Environment, realizada por especialistas de las universidades de Purdue, Técnica de Dinamarca, Gante y Texas en Austin, analizó estos microambientes. Sus autores concluyeron que colchones, almohadas y ropa de cama funcionan como reservorios de alérgenos, microorganismos y compuestos químicos.
Humedad y moho: el peligro oculto
La respiración y la transpiración incorporan humedad al dormitorio durante toda la noche. Combinada con filtraciones, paredes frías o escasa ventilación, crea condiciones favorables para los ácaros y el moho.

Los hongos pueden crecer detrás de la cama, debajo del colchón o dentro de una pared antes de hacerse visibles. Las directrices de la Organización Mundial de la Salud relacionan los edificios húmedos con una mayor prevalencia de síntomas respiratorios, alergias y asma.
Tras revisar más de cien investigaciones, la Oficina Regional de la OMS para Europa advirtió que sus ocupantes pueden presentar hasta un 75 % más de riesgo de síntomas respiratorios y asma. Limpiar la mancha no alcanza: también hay que eliminar la filtración o la condensación que permite crecer al hongo.
Partículas y gases procedentes de objetos cotidianos
Las partículas finas o PM₂.₅ pueden ingresar desde la calle, pero también se generan al fumar, encender velas o utilizar incienso y equipos para calefaccionar. Debido a su tamaño, penetran profundamente en los pulmones y algunas pueden llegar al torrente sanguíneo.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos advierte que estas partículas pueden afectar los pulmones y el corazón. Las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, los niños y los adultos mayores son especialmente vulnerables.

Pinturas, muebles nuevos, pisos sintéticos, ambientadores y productos de limpieza también pueden liberar compuestos orgánicos volátiles. Algunos provocan irritación, náuseas o dolor de cabeza, por lo que perfumar el dormitorio no equivale a limpiar el aire.
Cinco medidas para respirar mejor
Mejorar el dormitorio no exige llenarlo de dispositivos costosos. La prioridad debe ser reducir las fuentes contaminantes, controlar la humedad y renovar el aire de manera segura.
- Ventilar antes de acostarse. Abrir completamente las ventanas entre cinco y diez minutos permite renovar rápidamente el aire, y conviene repetirlo por la mañana.
- Revisar las condiciones exteriores. Durante incendios, tormentas de polvo, contaminación intensa o niveles elevados de polen, es preferible esperar o utilizar ventilación con filtrado.
- Mantener la humedad entre el 30 % y el 50 %. Es el intervalo recomendado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos para limitar los ácaros y el moho.
- Lavar semanalmente la ropa de cama. También debe secarse por completo, mientras que las fundas antiácaros pueden ayudar a las personas alérgicas.
- Eliminar las fuentes contaminantes. Evitar humo, velas, incienso y ambientadores es más efectivo que intentar retirar después las sustancias que liberan.
Un purificador con filtro HEPA puede reducir las partículas suspendidas si tiene capacidad suficiente para la habitación. No elimina el dióxido de carbono, no reemplaza la ventilación ni soluciona una fuente de humedad o moho.
Un gas que no se puede detectar por el olor
El monóxido de carbono puede proceder de calefactores, calderas o estufas defectuosas y no debe confundirse con el dióxido de carbono. Es un gas tóxico, invisible e inodoro que puede causar dolor de cabeza, pérdida del conocimiento y muerte.
Toda vivienda con este tipo de artefactos debería tener detectores correctamente instalados y mantenidos. Si varias personas presentan mareos, náuseas o dolor de cabeza al mismo tiempo, deben salir al aire libre y pedir asistencia de emergencia.
Un dormitorio saludable no es el que más huele a limpio ni el que tiene más dispositivos. Es aquel donde se controlan los contaminantes, la humedad no se acumula y el aire se renueva de forma segura.