El emblema porteño en tu patio: cómo cultivar un jacarandá en casa (en suelo y también en maceta)

Cuidados fundamentales y las claves para cultivarlo y disfrutar de su explosión de color en la intimidad de tu hogar.

En el patio, el jacarandá aporta una sombra liviana y tamizada durante el verano gracias a sus hojas compuestas de aspecto frondoso y delicado.
En el patio, el jacarandá aporta una sombra liviana y tamizada durante el verano gracias a sus hojas compuestas de aspecto frondoso y delicado.

Pocas postales definen tan bien la primavera en Buenos Aires como ese manto violeta que viste las avenidas y plazas cada noviembre. Introducido a finales del siglo XIX por el paisajista Carlos Thays, este árbol nativo del noroeste argentino se convirtió en un símbolo de las calles de la ciudad, que alberga más de 18 mil ejemplares.

Sin embargo, no es una especie exclusiva de los espacios públicos: también puede crecer muy bien en un patio o jardín más pequeño. Solo hace falta conocer su desarrollo para garantizar su salud y evitar inconvenientes en la infraestructura de la casa.

Las copas violetas del Jacaranda visten las avenidas porteñas a mediados de la primavera, un legado paisajístico iniciado por Carlos Thays a fines del siglo XIX.
Las copas violetas del Jacaranda visten las avenidas porteñas a mediados de la primavera, un legado paisajístico iniciado por Carlos Thays a fines del siglo XIX.

El jacarandá es un árbol de tamaño mediano a grande que puede alcanzar entre 8 y 15 metros de altura. Durante sus primeros años crece rápido: si tiene buena luz y agua, suma entre 1 y 1,5 metros de altura por año.

El gran espectáculo llega a mediados de la primavera, cuando las flores violetas aparecen en las ramas antes de que broten las hojas. Si el verano viene cálido y largo, a veces regala una segunda floración, un poco más suave, antes del otoño.

Además, tiene aroma. Sus flores desprenden un perfume suave, dulce y muy delicado. No es un aroma intenso que se sienta desde lejos, sino una fragancia sutil que se percibe mejor al acercarse o en días cálidos sin viento.

Espacio, raíces y convivencia con la casa

Sus raíces crecen hacia los costados y bastante cerca de la superficie. Por eso, si pensás plantarlo directamente en tu patio, tenés que dejar al menos 4 o 5 metros de distancia de paredes, cañerías, cimientos o pisos de baldosa. De esta forma vas a evitar que el tronco y las raíces levanten el suelo o dañen la estructura con los años.

Un rasgo distintivo de la especie es que florece sobre sus ramas aún desnudas; las hojas plumosas y compuestas brotan recién hacia el final del ciclo floral.
Un rasgo distintivo de la especie es que florece sobre sus ramas aún desnudas; las hojas plumosas y compuestas brotan recién hacia el final del ciclo floral.

¿Funciona tenerlo en maceta? Si no tenés tierra firme o querés ponerlo en una terraza o patio pavimentado, podés tenerlo en maceta sin problemas durante sus primeros años. Vas a necesitar un contenedor grande, de al menos 40 a 50 litros, que tenga muy buen drenaje.

Pero, al limitar el espacio donde crecen las raíces, el árbol no va a alcanzar su tamaño real y se va a mantener más chico. Eso sí: en maceta suele florecer menos o tardar un poco más en dar sus primeras flores. Para que se mantenga sano, tenés que hacerle podas de formación y renovar parte de la tierra cada invierno.

¿Cuánto tarda en crecer y florecer?

Arrancando con semilla: las semillas son fáciles de conseguir en sus vainas leñosas y germinan rápido en primavera. Sin embargo, hay que armarse de paciencia: un árbol de semilla tarda entre 4 y 7 años en florecer por primera vez.

Según los censos de arbolado urbano, en la Ciudad de Buenos Aires habitan casi 19.000 jacarandás.
Según los censos de arbolado urbano, en la Ciudad de Buenos Aires habitan casi 19.000 jacarandás.

Arrancando con plantín: es la mejor opción para ganar tiempo. Al venir ya establecido, se adapta rápido al trasplante y puede regalar sus primeras flores a los 2 o 3 años.

Sol, riego y protección del frío

Para que crezca fuerte y florezca sin problemas, tenés que asegurarle algunas condiciones básicas:

Mucha luz: ubicalo a pleno sol. Necesita un mínimo de 6 horas diarias de sol directo para preparar sus yemas florales.

Riego moderado: le gustan los riegos regulares pero sin excesos. Una vez que el árbol es adulto tolera períodos breves de sequía, pero no soporta el agua estancada porque se le pudren las raíces.

Mucho cuidado con las heladas: en sus primeros dos o tres años es muy sensible al frío intenso. Si en tu zona hay heladas fuertes durante el invierno, conviene tapar el tronco con una manta térmica.

Con un poco de planificación para darle el espacio que necesita y los cuidados adecuados durante sus primeros años, solo queda esperar a la primavera para disfrutar de su sombra y de esa marea violeta tan nuestra sin moverte de tu hogar.