La inesperada razón científica por la que muchas personas deciden viajar: "pensar en la muerte"

Un estudio internacional revela que pensar en la propia mortalidad —algo que se volvió común durante la pandemia— influyó en la decisión de viajar. Pero el efecto no fue igual en todas partes: el lugar donde se vive también condiciona cómo reaccionamos.

Reflexionar sobre la propia muerte puede modificar la manera en que las personas buscan sentido, manejan el estrés y deciden desplazarse.
Reflexionar sobre la propia muerte puede modificar la manera en que las personas buscan sentido, manejan el estrés y deciden desplazarse.

Cuando en enero de 2020 se confirmó el primer caso de COVID-19 en Estados Unidos, millones de personas comenzaron a enfrentarse de manera más directa con una idea que suele mantenerse en segundo plano: la propia mortalidad. La pandemia puso la muerte en el centro de la vida cotidiana y dejó una huella psicológica profunda.

Seis años después, investigadores de la University of Florida y de la Hanyang University, en Corea del Sur, analizaron cómo esa conciencia sobre la fragilidad de la vida influyó en un aspecto inesperado: las decisiones de viaje dentro de las comunidades locales.

El trabajo, publicado el 7 de marzo en la revista International Journal of Tourism Research, sugiere que reflexionar sobre la propia muerte puede modificar la manera en que las personas buscan sentido, manejan el estrés y deciden desplazarse. Sin embargo, ese proceso no ocurre de la misma forma en todas partes.

El lugar donde vivimos también importa

El estudio encontró que quienes residen en destinos turísticos consolidados —como New York City o Las Vegas— reaccionan de manera distinta ante recordatorios de la muerte en comparación con quienes viven en regiones con menos atractivos turísticos.

“El comportamiento humano no está determinado únicamente por lo que pensamos, sino también por el lugar donde vivimos”, explicó Jinwon Kim, profesor asociado del Departamento de Gestión de Turismo, Hospitalidad y Eventos de la Universidad de Florida y líder de la investigación.

Según Kim, el estudio introduce el enfoque de la “geo-psicología”, una perspectiva que examina cómo el entorno y la ubicación geográfica influyen en las decisiones y conductas de las personas. Aunque el concepto ya se había explorado en otras disciplinas, esta es la primera vez que se aplica de manera directa al análisis del turismo.

Quienes residen en destinos turísticos consolidados reaccionan de manera distinta ante recordatorios de la muerte en comparación con quienes viven en regiones con menos atractivos turísticos.
Quienes residen en destinos turísticos consolidados reaccionan de manera distinta ante recordatorios de la muerte en comparación con quienes viven en regiones con menos atractivos turísticos.

La investigación contó además con la participación de los doctorandos Wonji Chung y Jiwoo Jung, también de la Universidad de Florida, y de Ji Youn Jeong, profesora asociada del Departamento de Turismo de la Universidad Hanyang.

Viajar como forma de encontrar sentido

Para llevar adelante el estudio, los investigadores encuestaron en junio de 2022 a 440 adultos estadounidenses. El cuestionario abordó diferentes aspectos: pensamientos sobre la mortalidad, valores culturales, autoestima, intención de viajar y un concepto clave para la investigación, la trascendencia, entendido como el deseo de encontrar significado y conexión más allá de uno mismo.

“Cuando tomamos conciencia de nuestra mortalidad, es natural que busquemos restablecer cierto equilibrio psicológico”, señaló Kim. En ese proceso, explicó, las personas pueden adoptar distintas estrategias para enfrentar el malestar o la ansiedad.

Las estrategias positivas —como la reflexión personal o la búsqueda de experiencias significativas— tienden a fortalecer la resiliencia. En muchos casos, ese camino conduce a un mayor deseo de viajar.

Los investigadores observaron que pensar en la muerte también puede fortalecer la autoestima y ampliar la perspectiva sobre la vida. Esa combinación suele impulsar procesos de introspección que, a su vez, alimentan el deseo de trascendencia y la intención de viajar. Este patrón fue particularmente marcado entre quienes viven en zonas con alta actividad turística.

Destinos que invitan a reflexionar

En lugares donde el turismo forma parte del paisaje cotidiano y las necesidades básicas de seguridad e infraestructura están cubiertas, emergen formas de turismo centradas en el bienestar, la cultura y experiencias más pausadas.

Según Kim, este tipo de propuestas —como el turismo de bienestar, las experiencias culturales profundas o los viajes de ritmo lento— ayudan a las personas a gestionar pensamientos sobre la muerte.

“En estos contextos, el turismo deja de ser simplemente una vía de escape o distracción”, explicó el investigador. “Se convierte en una herramienta para satisfacer necesidades más profundas, como encontrar sentido, desarrollarse personalmente o sentirse conectado con algo más grande que uno mismo”.

Cuando la respuesta es el retraimiento

El panorama cambia en regiones con baja concentración turística. Allí, las personas que reflexionan sobre la mortalidad tienden con mayor frecuencia a adoptar estrategias de afrontamiento negativas, como el aislamiento social o la rumiación de pensamientos pesimistas.

En esos casos, la probabilidad de buscar experiencias de trascendencia —y de viajar— disminuye.

El estudio introduce el enfoque de la “geo-psicología”, una perspectiva que examina cómo el entorno y la ubicación geográfica influyen en las decisiones y conductas de las personas.
El estudio introduce el enfoque de la “geo-psicología”, una perspectiva que examina cómo el entorno y la ubicación geográfica influyen en las decisiones y conductas de las personas.

Kim señala que esto puede estar relacionado con la falta de recursos turísticos disponibles. En muchas de estas zonas escasean las atracciones culturales, las propuestas de bienestar o incluso servicios de viaje accesibles.

“Cuando las personas piensan en la muerte, viajar suele convertirse en una forma de renovación y de búsqueda de sentido”, indicó. “Pero en regiones con pocas opciones turísticas, la falta de infraestructura puede generar incertidumbre y amplificar la ansiedad”.

Implicancias para el futuro del turismo

A partir de estos hallazgos, los investigadores sugieren que la industria turística podría repensar cómo presenta sus destinos. En lugar de enfocarse únicamente en el entretenimiento, las campañas podrían destacar el potencial del viaje como experiencia de crecimiento personal, bienestar y descubrimiento.

En las comunidades con menor desarrollo turístico, el desafío pasa por visibilizar mejor los recursos existentes. Parques, senderos naturales, museos o espacios culturales —aun modestos— pueden convertirse en escenarios propicios para la reflexión y la conexión personal.

Después de todo, concluye el estudio, cuando la vida recuerda su fragilidad, muchas personas no buscan simplemente escapar. Buscan comprender, reconectar… y, a veces, el viaje es el camino.