La Tierra arrancó 2026 con fiebre: ha sido el quinto enero más cálido en los registros y el Ártico con hielo mínimo
Un inicio de año extremo muestra cómo el calentamiento global acelera cambios visibles: océanos más calientes, hielo que se retrae y fenómenos que ya impactan nuestra vida cotidiana.

Cuando hablamos de cambio climático, solemos imaginar termómetros subiendo... pero el problema es más parecido a mover una pieza clave de un dominó: cae una y se desplazan todas las demás. No solo cambian las temperaturas, cambian los vientos, las lluvias, los océanos, los ecosistemas y hasta la economía de nuestras ciudades.
En el día a día esto se traduce en veranos más intensos, tormentas más concentradas, sequías que golpean al campo y picos de calor que tensionan la salud y la energía.

No es futuro lejano: es el presente de nuestras plazas, cosechas y facturas de luz. Por eso, el dato de que enero de 2026 haya sido uno de los más cálidos jamás medidos, no es solo una estadística: es una señal clara de hacia dónde vamos.
NOAA: al planeta no le baja la fiebre
La agencia estadounidense NOAA confirmó que enero de 2026 fue el quinto enero más cálido desde que existen registros modernos (1850).
La temperatura global estuvo muy por encima del promedio del siglo XX, impulsada por océanos excepcionalmente calientes. Es como si la Tierra tuviera un enorme “radiador” —los mares— funcionando a máxima potencia y liberando calor a la atmósfera.

Un punto crítico del informe es el hielo marino ártico, que alcanzó una de sus extensiones más bajas para enero. Menos hielo significa menos superficie blanca reflejando la luz solar; más océano oscuro que absorbe calor.
Este efecto espejo roto —llamado albedo— acelera el calentamiento en una retroalimentación peligrosa. Para los osos polares y las comunidades del Ártico, no es teoría: es pérdida de hábitat y cambios en la forma de vivir.
Copernicus: un arranque de año lleno de extremos
El servicio climático europeo Copernicus coincide con NOAA: enero de 2026 estuvo entre los más cálidos jamás observados. Pero aporta un ángulo clave: no fue solo calor, sino extremos simultáneos en ambos hemisferios. Hubo olas de calor en regiones inusuales y episodios de lluvias intensas en otras, mostrando que el clima se vuelve más errático, como un péndulo que se balancea con fuerza.

Copernicus también destacó que el Ártico continuó mostrando déficits de hielo marino, mientras que partes del sur del planeta vivieron contrastes marcados. La lección es clara: el calentamiento global no actúa parejo, sino que amplifica diferencias y genera “sorpresas” meteorológicas que afectan agricultura, infraestructura y seguridad hídrica.
Por qué el hielo del Ártico nos importa (aunque estemos lejos)
Puede parecer lejano para quienes vivimos en el Río de la Plata, pero el Ártico funciona como el aire acondicionado del hemisferio norte. Cuando pierde hielo, altera las corrientes atmosféricas y puede favorecer patrones de bloqueo que disparan sequías u olas de calor en latitudes medias. Es un recordatorio de que el sistema climático está interconectado como una red gigante.
Out now: the January 2026 #C3S Climate Bulletin reports that the Arctic sea ice extent was 6% below average the third lowest on record for January while the Antarctic sea ice extent was 8% below average.
— Copernicus ECMWF (@CopernicusECMWF) February 10, 2026
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Además, mares más calientes alimentan tormentas más intensas y elevan el nivel del mar. Para ciudades costeras y deltas —como el del Paraná— esto implica mayor vulnerabilidad ante inundaciones. El “problema del hielo” se transforma en un problema de puertos, viviendas y producción.
Conclusiones: todas las señales apuntan al mismo lugar
NOAA y Copernicus, junto con múltiples centros científicos, coinciden: la tendencia al calentamiento es inequívoca y se acelera. Enero de 2026 no fue una anomalía aislada, sino parte de una serie que bate récords con alarmante frecuencia.
Sin embargo, también hay margen de acción. Reducir emisiones, proteger ecosistemas y adaptarnos mejor puede frenar los peores impactos. Cada decisión energética, de transporte o de consumo cuenta
Sin embargo, también hay margen de acción. Reducir emisiones, proteger ecosistemas y adaptarnos mejor puede frenar los peores impactos. Cada decisión energética, de transporte o de consumo cuenta.
El planeta nos está hablando con datos, tormentas y océanos más calientes. Escucharlo —y actuar— es la tarea de nuestra generación.