¿Los consumidores de carne tienen más probabilidades de vivir hasta los 100 años? Esto es lo que dice la ciencia
La relación entre carne, dietas vegetarianas y longevidad vuelve al centro del debate científico. Nuevos estudios analizan qué patrones alimentarios aparecen con más frecuencia entre quienes llegan a los 100 años.

La pregunta reaparece cada vez que un nuevo estudio pone bajo la lupa la relación entre alimentación y longevidad. La evidencia científica más reciente muestra que el debate no se resuelve eliminando o defendiendo un alimento, sino entendiendo la edad, el estado nutricional y el contexto dietario.
Durante años, las dietas basadas en plantas se asociaron con menor riesgo de enfermedades crónicas y mayor esperanza de vida. Sin embargo, cuando el foco se coloca específicamente en quiénes alcanzan edades extremas, como los 100 años, el resultado es menos lineal de lo que suele creerse.
Qué revelan los estudios sobre centenarios y alimentación
Investigaciones publicadas en The American Journal of Clinical Nutrition analizaron a más de 5.200 personas de 80 años o más, seguidas durante dos décadas dentro de la Chinese Longitudinal Healthy Longevity Survey. El trabajo comparó dietas omnívoras, vegetarianas, veganas, pesco-vegetarianas y ovo-lacto-vegetarianas con un objetivo muy concreto: identificar qué patrones se asocian con mayores probabilidades de alcanzar los 100 años.
El estudio encontró que los adultos mayores con dietas omnívoras presentaron una mayor probabilidad de convertirse en centenarios que quienes seguían dietas estrictamente vegetarianas, con una diferencia más marcada en el caso de los veganos. En cambio, los patrones intermedios —como el consumo ocasional de pescado, huevos o lácteos— no mostraron desventajas significativas frente a las dietas que incluían carne.
El factor decisivo no es solo la dieta
El dato más relevante del trabajo no fue únicamente el tipo de dieta, sino el estado nutricional de las personas muy ancianas. La menor probabilidad de llegar a los 100 años entre vegetarianos se concentró casi exclusivamente en individuos con bajo índice de masa corporal, mientras que en personas con peso normal o elevado las diferencias entre dietas desaparecieron.

Este hallazgo refuerza una idea clave en gerontología nutricional: en edades extremas, el riesgo de desnutrición y pérdida de masa muscular puede tener más impacto sobre la supervivencia que el patrón alimentario elegido décadas antes.
Carne, proteína y envejecimiento extremo
En la vejez avanzada, la sarcopenia se convierte en un riesgo silencioso pero decisivo. La pérdida de masa y fuerza muscular aumenta la fragilidad, el riesgo de caídas y la dependencia funcional, factores que impactan directamente en la supervivencia.
Desde esta perspectiva, las proteínas de alta calidad, incluidas las de origen animal, pueden desempeñar un rol protector, especialmente en personas con ingestas calóricas bajas. El problema no es la carne en sí, sino su ausencia en contextos donde el organismo ya no logra compensar déficits nutricionales.
Lo que aparece con mayor consistencia es otro patrón: consumos moderados de carne fresca, integrados a dietas ricas en verduras, legumbres y cereales integrales. En ese esquema, la carne no ocupa el centro del plato, pero aporta nutrientes clave difíciles de reemplazar en edades avanzadas.
¿Comer carne ayuda a vivir más?
Las regiones con alta concentración de personas muy longevas, como Okinawa, Cerdeña y Icaria, no siguen dietas estrictamente vegetarianas. Predominan los alimentos de origen vegetal, pero la proteína animal aparece de manera ocasional y estratégica.
En estos contextos, la carne se consume en porciones pequeñas, con métodos de cocción simples y dentro de un patrón alimentario estable a lo largo del tiempo. La longevidad no se explica por la exclusión, sino por la moderación sostenida durante décadas.

La ciencia ofrece una respuesta sobria y poco dogmática. Consumir carne no garantiza llegar a los 100 años, pero eliminarla sin una planificación nutricional adecuada tampoco asegura una vida más larga.
En adultos muy mayores, las dietas excesivamente restrictivas pueden transformarse en un factor de riesgo. A esa edad, sostener el peso corporal, la masa muscular y una ingesta suficiente de nutrientes resulta tan importante como prevenir enfermedades crónicas.
Vivir más no depende de una dieta, sino de un proceso
Más que dividir entre carnívoros y vegetarianos, la investigación científica propone otra pregunta. La clave está en cómo evoluciona la dieta a lo largo de la vida y si logra adaptarse a las necesidades reales del envejecimiento.
Llegar a los 100 años no depende de una etiqueta alimentaria. Depende de equilibrar energía, nutrientes, actividad física y vínculos sociales, con decisiones flexibles que acompañen al cuerpo en cada etapa del tiempo.