Los sombreros del gigante: los científicos descubren cómo y cuándo se forman las icónicas nubes del Monte Fuji

Durante siglos, las nubes que rodean al Monte Fuji alimentaron postales y mitos. Un estudio japonés puso números y física a ese paisaje tan familiar, y explicó bajo qué condiciones aparecen esas formaciones tan particulares.

Este pico es conocido por las extrañas estructuras nubosas que suelen aparecer en sus alrededores
Este pico es conocido por las extrañas estructuras nubosas que suelen aparecer en sus alrededores

Durante décadas, las nubes que rodean al monte Fuji se interpretaron a través del conocimiento empírico y la observación visual directa. Si bien estas formaciones, como las de casquete, las Tsurushi y las Hata, son icónicas para los habitantes de la región, los procesos meteorológicos exactos que las generan carecían de una validación científica exhaustiva.

Quien haya visto fotos del volcán seguramente recuerde alguna de sus clásicas nubes, apoyadas sobre la cumbre como un sombrero o estiradas a sotavento como pinceladas blancas. Durante décadas, esas nubes se entendieron más por tradición y observación popular que por ciencia dura. Hasta ahora.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Tsukuba decidió mirar al Fuji con paciencia y método. Durante tres años completos, entre enero de 2019 y diciembre de 2021, montaron una red de cámaras en vivo alrededor del volcán y registraron, día tras día, qué tipo de nubes aparecían, cuándo lo hacían y bajo qué condiciones meteorológicas.

El resultado fue la primera verificación científica de la frecuencia y los mecanismos de formación de estas nubes tan conocidas por el público japonés.

Un catálogo de nubes con nombre propio

El objetivo fue clasificar estas nubes con precisión y entender qué condiciones de presión, humedad y viento necesita cada una para manifestarse. A través de este análisis, se logró determinar que la apariencia de la montaña no depende de un proceso único, sino de la interacción específica del flujo de aire con la topografía según la altura.

El estudio se concentró en tres tipos de nubes características del Monte Fuji. Las nubes de casquete, que se apoyan sobre la cumbre como si alguien hubiera colocado una tapa perfecta. Las nubes Tsurushi, una variedad local de nubes lenticulares asociadas a ondas de montaña, con formas elípticas y bordes bien definidos. Y las nubes Hata, parecidas a las famosas nubes bandera del Cervino, pero con una dinámica distinta.

A partir del análisis sistemático de miles de imágenes y su cruce con datos de viento, humedad y temperatura, los investigadores clasificaron subtipos y midieron su frecuencia real de aparición. Entre las nubes de casquete dominó el subtipo de “cobertura de cumbre”. En las Tsurushi, la forma elíptica apareció como la más común. Y en las Hata, el subtipo conocido como “crin de caballo” resultó ser el más frecuente.

Casquetes y Tsurushi: parecidas por fuera, distintas por dentro

Las nubes de casquete y las Tsurushi mostraron un comportamiento estacional bastante similar: aparecieron con mayor frecuencia en los mismos momentos del año. Sin embargo, cuando los científicos miraron la estructura vertical de la atmósfera, las diferencias saltaron a la vista.

Los datos confirmaron que sus orígenes se encuentran en las ondas de montaña. Este fenómeno ocurre cuando el flujo de aire se ve perturbado por la presencia del monte Fuji, lo que genera oscilaciones verticales en la atmósfera. Al ascender en la cresta de esta onda, el aire se enfría y el vapor de agua se condensa, creando la nube.

Las nubes de casquete (o Kasagumo) son la formación más icónica. Se ubica directamente sobre la cima del monte, como si fuera un sombrero o un plato invertido que descansa sobre el cráter. Tiene su origen en el ascenso orográfico del aire. No se desplaza con el viento, sino que parece estática porque el aire condensa al subir por la ladera y se evapora al bajar por el lado opuesto, manteniendo la forma de la nube siempre sobre la cumbre. El estudio destacó el subtipo de "cobertura de cumbre" como el más frecuente.

Uno de los puntos centrales del estudio fue el análisis de las nubes Tsurushi. A diferencia de las anteriores, estas no tocan la montaña. Su formación es más compleja porque es una nube de onda de montaña y requiere una atmósfera con estabilidad vertical y capas húmedas a gran altitud. Aquí el aire no solo sube la ladera, sino que, tras pasar la cima, empieza a oscilar como si fuera un resorte.

Son nubes lenticulares (con forma de lente o disco) que flotan a sotavento, es decir, en el lado hacia donde sopla el viento, a cierta distancia del pico. Suelen aparecer apiladas como si fueran una columna de platos o trompos gigantes. Lo que realmente define la aparición de las nubes Tsurushi es una cizalladura vertical del viento débil (poca variación de la velocidad con la altura) y la presencia de capas húmedas en la alta atmósfera. Esto explica por qué estas nubes suelen verse suspendidas, desconectadas de la cima, siguiendo la cresta de la onda invisible que genera el relieve.

A diferencia de lo que indican investigaciones previas, la convergencia del aire después de rodear la montaña tiene una influencia mínima en este proceso.

Las nubes Hata

Las nubes Hata contaron una historia distinta. Su nombre significa "nube bandera". Se desprende de la cima y se extiende horizontalmente siguiendo la dirección del viento, similar al humo de una chimenea.

Las nubes Hata son, desde el punto de vista físico, las más complejas de este trío porque su formación rompe con la lógica de las otras dos. Mientras que las de casquete y las Tsurushi se explican por el aire que "sube", la Hata tiene que ver con la turbulencia y el desprendimiento del flujo.

Aunque visualmente se parece a las nubes bandera que se ven en los Alpes, el estudio determinó que su física es diferente: mientras que en otros picos es un efecto de vacío o succión, en el Fuji (bajo el subtipo de "crin de caballo") depende de condiciones específicas de humedad en niveles bajos y vientos invernales muy intensos. En otras palabras: comparten estética, pero no parentesco. Para la meteorología, eso alcanza para declararlas una categoría distinta.

De la intuición al dato

La investigación permitió establecer perfiles verticales claros para cada formación. Hacia el final del estudio, los autores subrayan que esta es la primera vez que se logra una validación científica basada en observaciones continuas de largo plazo para estos fenómenos. Lo que antes era una descripción basada en la experiencia visual, ahora cuenta con un respaldo de datos sobre la dinámica de fluidos en la atmósfera.

El trabajo confirmó que la estructura de estas nubes es un indicador directo de las condiciones ambientales en diferentes estratos, lo que convierte al monte Fuji en un sensor natural de la circulación del aire en el sur de Japón.

Referencia de la noticia:

Hiroyuki Kusaka et al, Características de la capa única, nubes Tsurushi y Hata alrededor del monte Fuji, Weather (2025).