Más allá de la calima: cómo el polvo del desierto está alterando el clima del planeta

Un instrumento de la NASA instalado en la Estación Espacial Internacional permitió conocer con una precisión sin precedentes la composición mineral de los desiertos y mejorar significativamente las estimaciones sobre el impacto del polvo atmosférico en el clima global.

Más allá de su influencia sobre la radiación solar, el polvo mineral también interviene en procesos tan diversos como la fertilización de los océanos, el oscurecimiento de la nieve y la formación de nubes.
Más allá de su influencia sobre la radiación solar, el polvo mineral también interviene en procesos tan diversos como la fertilización de los océanos, el oscurecimiento de la nieve y la formación de nubes.

Aunque suele pasar desapercibido, el polvo mineral que se eleva desde regiones áridas como el Sahara, Oriente Medio y partes de Asia es uno de los componentes más abundantes de la atmósfera terrestre.

Estas diminutas partículas recorren miles de kilómetros impulsadas por los vientos y desempeñan un papel fundamental en el sistema climático del planeta.

Sin embargo, comprender con exactitud cómo influyen en el balance energético de la Tierra ha sido durante décadas un desafío para la comunidad científica. Ahora, una investigación internacional liderada por la Universidad de Cornell logró reducir de forma drástica una de las principales fuentes de incertidumbre en los modelos climáticos: la composición mineral del polvo que circula en la atmósfera.

Los resultados fueron publicados el 1 de junio en la revista Nature Geoscience y representan un avance significativo para mejorar las proyecciones sobre el cambio climático.

Un observatorio espacial para estudiar los desiertos

El trabajo se apoyó en datos obtenidos por la misión Earth Surface Mineral Dust Source Investigation (EMIT) de la NASA, un instrumento instalado en la Estación Espacial Internacional. Gracias a una tecnología de espectroscopía de imágenes de alta resolución, EMIT puede identificar la composición mineral de vastas regiones desérticas con un nivel de detalle sin precedentes.

La información obtenida permite conocer qué minerales predominan en los suelos de las zonas áridas y, a partir de ello, estimar con mayor precisión la composición del polvo que posteriormente es transportado por la atmósfera.

Según explicó Longlei Li, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra y Atmosféricas de Cornell y autor principal del estudio, el interés se centró especialmente en los minerales ricos en hierro, en particular los óxidos de hierro, debido a su capacidad para absorber la radiación solar.

“El polvo atmosférico puede enfriar o calentar el planeta dependiendo de diversos factores, entre ellos su composición mineral”, señaló el científico. “Los óxidos de hierro tienen una influencia especialmente importante porque absorben con fuerza la luz solar”.

El hierro, la gran incógnita

Hasta ahora, la cantidad exacta de óxidos de hierro presentes en el polvo atmosférico era una de las mayores dificultades para calcular su efecto climático. Pequeñas variaciones en la concentración de estos minerales podían modificar significativamente las estimaciones sobre cuánto calor absorbía o reflejaba el polvo.

Para abordar este problema, los investigadores incorporaron los datos globales de EMIT en cuatro modelos independientes del sistema terrestre utilizados para simular el clima.

Puesta de sol a través del polvo del Sahara sobre el Golfo de México desde Venice, Florida, Estados Unidos.
Puesta de sol a través del polvo del Sahara sobre el Golfo de México desde Venice, Florida, Estados Unidos.

Los resultados fueron contundentes. La incertidumbre asociada a los óxidos de hierro se redujo de 0,62 vatios por metro cuadrado a apenas 0,1 vatios por metro cuadrado, una mejora superior a seis veces respecto de las estimaciones previas.

Natalie Mahowald, profesora de Ingeniería en Cornell e investigadora principal adjunta de la misión EMIT, destacó la importancia de disponer de observaciones tan detalladas de regiones remotas donde las campañas de campo suelen ser extremadamente difíciles.

La investigadora señaló que la capacidad del instrumento para cartografiar la composición superficial de extensas áreas desérticas con una resolución de apenas 60 metros transformó el conocimiento disponible sobre estos entornos.

Mejoras notables en el Sahara y otras regiones áridas

Los beneficios del nuevo conjunto de datos fueron especialmente evidentes en el desierto del Sahara, la mayor fuente de polvo atmosférico del planeta.

Allí, los modelos climáticos alimentados con información de EMIT redujeron los errores en la simulación de los efectos radiativos hasta en un 80 %, alcanzando niveles de concordancia mucho mayores con las observaciones satelitales.

La investigación también logró disminuir en más de la mitad las incertidumbres asociadas al polvo en otras regiones clave, incluyendo el norte de África y Oriente Medio.

Además, los resultados revelan diferencias regionales más claras. Algunas zonas del norte africano generan polvo más rico en hierro, lo que favorece una mayor absorción de energía solar y puede contribuir al calentamiento bajo determinadas condiciones. En contraste, parte del polvo procedente de Asia presenta características más reflectantes y una tendencia a producir efectos de enfriamiento.

Un nuevo rumbo para la investigación climática

Si bien las estimaciones globales sobre el efecto total del polvo en la radiación solar permanecen dentro de los rangos calculados anteriormente, el nuevo estudio aporta una confianza mucho mayor en esos valores.

Como consecuencia, la atención de los investigadores comienza a desplazarse hacia otras preguntas fundamentales. Ahora que la composición mineral está mejor caracterizada, los esfuerzos podrán centrarse en comprender cómo se emite, transporta y transforma el polvo durante su recorrido atmosférico, así como en evaluar de qué manera el cambio climático modificará sus fuentes de origen.

Los científicos consideran que mejorar las mediciones del tamaño de las partículas, perfeccionar los modelos de transporte y ampliar las observaciones en regiones poco estudiadas serán los próximos pasos para seguir refinando las proyecciones climáticas.

Más allá de su influencia sobre la radiación solar, el polvo mineral también interviene en procesos tan diversos como la fertilización de los océanos, el oscurecimiento de la nieve y la formación de nubes. Por ello, comprender mejor su comportamiento se ha convertido en una pieza fundamental para anticipar cómo evolucionará el equilibrio energético de la Tierra en un mundo cada vez más cálido.

Referencia de la noticia

Li, L., Mahowald, N.M., Miller, R.L. et al. Global mineral constraints on dust shortwave radiative effects. Nat. Geosci. (2026). https://doi.org/10.1038/s41561-026-01996-1

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