Nieve marina: el sorprendente hallazgo que podría cambiar lo que sabemos sobre el océano y el cambio climático
Un estudio publicado en Science reveló que las partículas más viscosas de nieve marina pueden transportar más de seis veces más carbono hacia las profundidades oceánicas. El hallazgo podría obligar a revisar los modelos del ciclo global del carbono.

En las profundidades del océano ocurre un fenómeno silencioso que desempeña un papel fundamental en la regulación del clima terrestre. Una lluvia constante de pequeñas partículas orgánicas desciende desde las aguas superficiales hacia el fondo marino y, en ese viaje, transporta enormes cantidades de carbono. Se conoce como nieve marina y, aunque su nombre evoca los copos que caen del cielo, su composición es muy diferente.
Es una lluvia continua de partículas orgánicas e inorgánicas que se desprenden de las capas superficiales del océano y descienden hacia las profundidades. Está compuesta por restos de plancton, microorganismos, mucosidad y materia fecal, entre otros materiales.
Ahora, una investigación científica acaba de revelar que una característica poco considerada hasta el momento podría ser decisiva para determinar cuánto carbono llega realmente al océano profundo: la viscosidad de esas partículas. Según el estudio, publicado en la revista Science, los agregados más viscosos pueden transportar más de seis veces más carbono que aquellos menos viscosos.
El descubrimiento aporta una nueva pieza para comprender cómo los océanos contribuyen a moderar el calentamiento global y plantea interrogantes sobre la precisión de las estimaciones actuales del almacenamiento de carbono marino.
Por qué resulta tan importante la nieve marina
A medida que estos diminutos agregados de materia orgánica e inorgánica se agrupan, comienzan a hundirse y arrastran consigo el carbono que contienen. Este mecanismo integra la llamada bomba biológica de carbono, un proceso natural que contribuye a retirar carbono de las aguas superficiales y favorecer su almacenamiento en las profundidades.
Las cifras dan una idea de su importancia. Se estima que la nieve marina transporta más de 10.000 millones de toneladas de carbono al año desde la superficie hacia las profundidades oceánicas. Sin embargo, solo una fracción, cercana a los 2.000 millones de toneladas, alcanza zonas donde puede permanecer almacenada durante siglos o incluso milenios.
¿Qué determina que una partícula llegue tan lejos mientras otra se descompone antes de completar el recorrido? La respuesta, según los investigadores, no depende únicamente de su tamaño o de la velocidad a la que se hunde.
El secreto está en su consistencia y en la acción de las bacterias
El equipo, integrado por científicos de la Institución de Oceanografía Scripps de la Universidad de California en San Diego y de la Universidad de Lincoln, encontró que la estructura interna de cada agregado influye en su resistencia a la degradación.
Las partículas más viscosas presentan regiones que dificultan la penetración de las bacterias encargadas de descomponer la materia orgánica. Estos microorganismos colonizan primero las zonas menos viscosas y accesibles, mientras que las partes más resistentes requieren más tiempo para degradarse.

La diferencia es crucial. Cuanto más tarda una partícula en fragmentarse, más tiempo puede continuar hundiéndose y mayor es la posibilidad de que su carbono alcance aguas profundas antes de ser liberado nuevamente al entorno.
Los experimentos de laboratorio y las simulaciones realizadas por el equipo respaldaron esta relación entre viscosidad, degradación y transporte de carbono. Así, una propiedad microscópica que hasta ahora no ocupaba un lugar central en estas estimaciones aparece como un factor capaz de modificar sustancialmente el resultado final.
Una nueva técnica permitió observar el interior de las partículas
Para llegar a estas conclusiones, los científicos desarrollaron un método que combina microscopía confocal tridimensional con moléculas fluorescentes capaces de revelar diferencias de viscosidad en el interior de los agregados.
La técnica permitió reconstruir su estructura a escala microscópica y observar cómo las bacterias vivas colonizan distintas regiones. De este modo, los investigadores pudieron estudiar no solo la composición de la nieve marina, sino también las condiciones físicas que favorecen o dificultan su descomposición.
El trabajo metodológico, publicado en Nature Communications, podría tener aplicaciones más allá de la oceanografía. Los investigadores señalan que herramientas similares podrían ayudar a estudiar las interacciones entre microorganismos y mucosidad en arrecifes de coral, raíces de plantas y sistemas digestivos.
¿Qué cambia para los modelos del cambio climático?
El principal interrogante es cuánto carbono logra retener realmente el océano a largo plazo. Los modelos utilizados para estudiar el ciclo global del carbono no incorporan actualmente la viscosidad de la nieve marina como una variable específica, pese a que el nuevo estudio muestra que puede influir de manera considerable en el destino de estas partículas.

Esto no significa que el océano vaya a absorber automáticamente más dióxido de carbono ni que el calentamiento global pueda frenarse por este mecanismo. El resultado demuestra, más bien, que todavía existen procesos físicos y biológicos que deben comprenderse mejor para estimar con precisión el intercambio de carbono entre la atmósfera y el océano.
La nieve marina seguirá cayendo, invisible a nuestros ojos, en todos aquellos lugares donde la materia orgánica se acumula y desciende hacia las profundidades. Comprender por qué algunas partículas resisten más que otras, podría ayudar a mejorar las proyecciones climáticas y a precisar el papel de uno de los mayores reservorios de carbono del planeta.
Referencia de la noticia
Bryce G. Inman et al.. (2026). Marine snow viscosity regulates microbial degradation and the ocean carbon sink.