Nuevos satélites rastrean la trayectoria del deshielo en la Antártida, y ofrecen pistas inéditas
Una red de satélites GNSS y 13 estaciones sobre la barrera de hielo Ross permitió reconstruir cómo una intrusión de aire cálido y húmedo coincidió con turbulencia atmosférica intensificada y un fuerte episodio de fusión superficial.

Suele pensarse a la temperatura del océano como la responsable del inicio del derretimiento de las plataformas antárticas; sin embargo, un reciente estudio muestra cómo la fusión del hielo empieza en la atmósfera. Sobre la barrera de hielo Ross, una de las más grandes del planeta, los investigadores encontraron indicios de que el aire también puede organizar episodios de fusión extraordinarios en superficie.
La clave estuvo en mirar un fenómeno difícil de observar en uno de los ambientes más hostiles del mundo: la turbulencia atmosférica. El trabajo muestra que señales satelitales usadas normalmente para posicionamiento y navegación también pueden transformarse en sensores remotos de las condiciones del aire sobre el hielo.

No es un detalle técnico menor. Si una plataforma como Ross pierde estabilidad, cambia la forma en que el hielo continental descarga masa hacia el océano, con implicancias directas para la evolución futura del nivel del mar. Y por eso este resultado, aunque se apoya en un evento de 2016, abre una vía muy actual para vigilar regiones polares remotas casi en tiempo real.
La barrera Ross, una pieza crítica del sistema antártico
La barrera de hielo Ross es una enorme plataforma flotante adosada al borde occidental de la Antártida. Su papel es actuar como “contrafuerte” del hielo continental, es decir, frenar parte del flujo de hielo que de otro modo se descargaría más fácilmente hacia el mar.
Por lo general, este tipo de plataformas se desgastan sobre todo desde abajo, cuando agua oceánica más cálida ingresa a sus cavidades submarinas y favorece la fusión basal. Esa es la imagen clásica del problema físico.
Pero en enero de 2016 ocurrió algo distinto en Ross: un episodio inusual de derretimiento sobre la cara superior de la plataforma, asociado al ingreso de aire cálido y húmedo. Ese rasgo es central, porque desplaza parte de la explicación desde el océano hacia la atmósfera.
El estudio publicado hace unas semanas en la revista Geophysical Research Letters se concentra justamente en ese cambio de enfoque. En vez de preguntar solo cuánto calor llegó desde el mar, pregunta cómo se organizó el aire sobre la plataforma durante el evento y qué papel pudo tener la turbulencia en reforzar la fusión superficial.
Cómo una red GNSS terminó leyendo la atmósfera polar
Los sistemas globales de navegación por satélite, o GNSS, incluyen constelaciones como GPS. Se los asocia con posicionamiento, cartografía y sincronización, pero en este caso se usaron para otra tarea, seguir la señal que deja el vapor de agua en la propagación de las ondas entre los satélites y las estaciones sobre el hielo.
El principio físico es: el vapor de agua en la baja atmósfera introduce un pequeño retraso en la señal GNSS; si ese retraso cambia entre una estación y otra, y además varía con el tiempo, esas diferencias permiten inferir cómo se distribuye la humedad en el aire por encima de la plataforma.

En una atmósfera poco turbulenta, la distribución del vapor de agua tiende a ser más homogénea. Cuando la atmósfera se vuelve turbulenta, esa distribución se vuelve más heterogénea, y esa rugosidad espacial aparece registrada en las señales.
Para el trabajo, los autores emplearon una red de 13 receptores GNSS instalados sobre la barrera Ross durante el verano austral 2015-2016 y estimaron una función de estructura que varía en espacio y tiempo para cuantificar la intensidad relativa de la turbulencia.
Qué reveló el gran episodio de fusión de enero de 2016
La señal más fuerte del estudio aparece al comparar el período de fusión con las condiciones habituales. Durante ese episodio anómalo de enero de 2016, la turbulencia atmosférica estimada resultó aproximadamente cuatro veces mayor que lo normal.
Según la interpretación de los investigadores, esa turbulencia intensificada pudo haber ayudado a mezclar la masa de aire cálido y húmedo que ingresó desde el océano Austral, agravando así el derretimiento en superficie. No se la presenta como un detalle accesorio, sino como una pieza activa del episodio.
Esa conclusión es importante porque obliga a pensar la estabilidad de Ross como el resultado de un acoplamiento entre océano, hielo y atmósfera. En otras palabras, no alcanza con vigilar solo lo que ocurre debajo de la plataforma: también hay que medir con cuidado el estado del aire que circula por encima.
Un nuevo modo de vigilar regiones remotas y peligrosas
Una de las fortalezas del método es práctica además de científica. La barrera Ross está en una región remota y peligrosa para las observaciones in situ, por lo que disponer de una red satelital capaz de actuar como sensor atmosférico ofrece una forma de monitoreo remoto allí donde instalar y mantener instrumentación meteorológica clásica es mucho más difícil.
MIT Haystack señala además que está desarrollando y probando instrumentación complementaria, como el Seismo-Geodetic Ice Penetrator (SGIP), y que planea extender este enfoque al monitoreo del deshielo sobre la capa de hielo de Groenlandia. Eso sugiere una proyección más amplia para la técnica.
Esta técnica registra las vibraciones, la flexión y los pequeños "terremotos" que sufre el hielo debido a fuerzas externas. Elimina el riesgo humano al no tener que aterrizar ni caminar sobre hielo peligroso.
Los satélites de navegación, combinados con redes instaladas sobre el hielo, pueden revelar la trayectoria atmosférica de un episodio de deshielo. Y en la Antártida, donde cada señal nueva cuenta, esa capacidad aporta pistas inéditas sobre cómo se desencadenan algunos de los eventos más sensibles del sistema climático polar.
Referencias de la noticia
Dhiman R. Mondal, et al. "Major Melting Event on the Ross Ice Shelf, Antarctica, Connected With Enhanced Atmospheric Turbulence". Geophysical Research Letters. 27 de febrero del 2026.
Nancy Wolfe Kotary."Investigating Antarctic ice shelf melting with global navigation satellite systems". MIT Haystack Observatory. 23 de marzo del 2026.
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