Por qué la Antártida se está "volviendo verde": las imágenes que sorprenden a los expertos
Imágenes satelitales revelaron enormes manchas verdes entre el hielo del océano que rodea la Antártida. Detrás del fenómeno hay una explosión de vida microscópica que los científicos observan con atención.

Desde siempre, la Antártida ha sido, es (¿y será?) sinónimo de blanco absoluto. No por nada su sobrenombre es "el continente blanco", justamente por sus hielos eternos (aunque paulatinamente parecen ir convirtiéndose en menos eternos).
Y es esta inmediata asociación al blanco cuando se piensa en la Antártida lo que ha generado desconcierto en gran parte de la comunidad científica a nivel mundial en los últimos días. Porque una imagen captada recientemente desde el espacio permite observar, más precisamente en algunos sectores del océano que rodea al continente, que el blanco y el azul predominantes comenzaron a mezclarse con un llamativo tono verde.
La fotografía fue tomada el 2 de marzo pasado, por satélites del programa europeo Copernicus Programme, operado por la Agencia Espacial Europea. Y en la imagen se observa una extensa franja de mar, frente a la costa oriental del continente antártico (lo que se conoce como Mar de la Cooperación), donde el agua aparece teñida de un verde pálido amalgamada con los fragmentos de hielo marino.

El fenómeno, que a simple vista puede parecer extraño o incluso alarmante, tiene una explicación bastante más natural: se trata de enormes concentraciones de fitoplancton, organismos microscópicos que flotan en la superficie del mar y que constituyen la base de la vida en los océanos.
El “bosque invisible” del océano que tiñe de verde a la Antártida
El fitoplancton es, en lenguaje simple, el equivalente marino de las plantas. Son microalgas capaces de realizar fotosíntesis, proceso mediante el cual utilizan la luz solar para producir energía.
Cuando estas diminutas formas de vida se multiplican en grandes cantidades, forman lo que los científicos llaman floraciones de fitoplancton. Es durante estos episodios cuando la alta concentración de microalgas puede cambiar el color del agua.
De esta manera, en lugar del azul profundo típico del océano, el mar adopta un tono verdoso. Y si la floración es suficientemente grande, el cambio se vuelve visible incluso desde el espacio.

Eso es exactamente lo que captaron los satélites Sentinel‑3 y Sentinel‑2, capaces de detectar variaciones mínimas en el color del océano.
Por qué ocurre justo ahora y en la Antártida
La aparición de estas manchas verdes no es casual. Está ligada al ciclo natural del Océano del Sur, el gigantesco cinturón de agua que rodea a la Antártida.
Durante el invierno austral (sur), la región pasa meses prácticamente sin luz solar. Es entonces cuando el mar permanece cubierto por extensas placas de hielo y la actividad biológica es mínima.

Pero cuando llega el verano antártico y el sol vuelve a iluminar la superficie durante más horas, todo cambia.
El hielo marino comienza a derretirse y libera nutrientes que habían quedado atrapados durante el invierno. Al mismo tiempo, la luz solar aumenta, por lo que la combinación de ambos factores funciona como un fertilizante natural para el océano.
¿El resultado? Una sorprendente explosión de vida microscópica. De hecho, en apenas unas pocas semanas el fitoplancton puede multiplicarse de manera extraordinaria, formando “nubes” verdes en la superficie del agua.
Un fenómeno positivo y que evidencia el movimiento del océano
Las imágenes tomadas por los satélites de la Agencia Espacial Europea también muestran algo más que color. Y es que en los registros más detallados se distinguen filamentos y trazos verdes que serpentean entre los fragmentos de hielo flotante.

Esos patrones dibujan, en todo sentido, el movimiento de las corrientes marinas. Y es que el fitoplancton funciona como un marcador natural del agua y, donde las corrientes transportan nutrientes, estas microalgas prosperan. Al hacerlo, dejan visible desde el espacio el flujo de los océanos.
Para los científicos, esto es una fuente de información valiosa, puesto que permite estudiar cómo se mezclan las aguas, cómo circulan los nutrientes y cómo funciona el ecosistema marino.
Mucho más que un cambio visual de color
Aunque el espectáculo visual resulta llamativo, el verdadero interés científico está en lo que el fitoplancton representa para el planeta.
Estos organismos microscópicos cumplen un papel clave en el equilibrio de la Tierra y el clima global. Producen aproximadamente la mitad del oxígeno que respiramos, al tiempo que absorben enormes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera.
Por eso, seguir su evolución en regiones tan sensibles como la Antártida resulta fundamental. Cambios en la temperatura del océano, en la extensión del hielo marino o en la disponibilidad de nutrientes pueden alterar estos delicados ecosistemas.
Gran Hermano: satélites que vigilan los océanos
El sistema de observación terrestre Copernicus Programme fue creado para monitorear el estado del planeta a gran escala.

Sus satélites registran continuamente datos sobre la temperatura del océano, el movimiento del hielo, la concentración de clorofila (indicador directo del fitoplancton) y muchos otros parámetros ambientales.