Primeros resultados: qué se descubrió después de la estrella culona que enganchó a todo el país
Un año después de la transmisión submarina que se volvió viral en redes, los taxónomos que analizaron las muestras del cañón de Mar del Plata presentaron sus primeros resultados. Hay corales, crustáceos y un pepino de mar con cuernos.

La estrella de mar anaranjada que medio país bautizó Patricio no es una especie nueva. Los especialistas que revisaron el material ya la conocían, sin embargo, así que el animal que se volvió tendencia por su parecido con un personaje de dibujos animados quedó afuera del conteo. Lo que sí salió de aquel viaje es un descubrimiento mucho más interesante y voluminoso.
Tres semanas con el país mirando
La expedición submarina Oasis del Cañón de Mar del Plata, parte de la campaña Talud Continental IV, se desarrolló entre fines de julio y comienzos de agosto de 2025. Más de 30 científicos argentinos, técnicos y becarios participaron a bordo del Falkor (too), a 300 kilómetros de la costa bonaerense, y el robot SuBastian descendió hasta los 300 metros. Todas las inmersiones se emitieron por YouTube, con los investigadores comentando en vivo lo que aparecía en pantalla.
La transmisión del CONICET supera a los grandes del streaming por tercer día consecutivo: ️CONICET: 51.000 espectadores. ️Olga: 49.000 espectadores ️Luzu: 28.000 espectadores. https://t.co/ewJCG7NHce
— MDZ Online (@mdzol) August 4, 2025
Nadie esperaba la respuesta. Hubo momentos con más de 70.000 espectadores simultáneos, y otros medios registraron picos algo mayores. Un caracol hallado a 365 metros, apodado Gary por su parecido con el amigo de Bob Esponja, llegó a reunir más de 80.000 personas frente a la pantalla. La transmisión superó el millón de reproducciones, y el balance posterior de Ocean Census habló de más de cuatro millones de espectadores.
Los números tienen un telón de fondo físico. A 3.900 metros la presión ronda las 390 atmósferas, no llega luz del sol y el agua está apenas unos grados por encima de cero. Que un robot pudiera moverse con soltura en ese entorno, y que cualquiera lo viera desde un celular, fue parte de lo que atrapó a la audiencia.
Lo que vino después de los memes
Las muestras viajaron a Buenos Aires y esperaron. Entre el 13 y el 24 de julio de 2026, la Universidad Maimónides alojó el Taller Internacional de Descubrimiento de Especies, organizado por la Fundación Nippon-Nekton Ocean Census junto con el Instituto Oceanográfico Schmidt. Veinte taxónomos e investigadores jóvenes de Latinoamérica y Europa trabajaron con material de la expedición y también con muestras de las campañas Talud Continental I a III del CONICET, realizadas en 2012 y 2013.

Combinaron la forma de los animales con datos moleculares para decidir rápido qué era conocido y qué no, y fueron cargando cada hallazgo en Ocean Census NOVA, una plataforma de acceso abierto.
El caso de los copépodos ilustra el tamaño de la tarea. Los especialistas revisaron solo el 10 % de lo recolectado, y todos los ejemplares examinados resultaron desconocidos. Aparecieron entre los 1.909 y los 2.625 metros de profundidad. El 90 % restante sigue esperando.
Nuevas especies
El hallazgo más llamativo fue un pepino de mar del género Peniagone, con apéndices que se proyectan como cuernos. Los taxónomos Francisco Alonso Solís-Marín y Mariano Martínez, del CONICET, lo estudiaron, y por la silueta lo apodaron Loki, como el dios nórdico. Es una de las hasta diez especies nuevas de pepinos de mar que dejó el taller. Hubo además un octocoral rojo anaranjado del género Orstomisis, una pluma de mar del género Pseudumbellula y un pepino púrpura del género Bentothuria.

Daniel Lauretta, investigador del CONICET y jefe científico de la expedición, señaló que la cooperación internacional pesa especialmente en grupos con pocos especialistas activos. Eso explica por qué una sola tanda de muestras alcanzó para tantas descripciones, ya que hay organismos que casi nadie estudia en el mundo.
El lugar tampoco es casual. Frente a las costas de Argentina y Uruguay chocan la corriente cálida de Brasil y la corriente fría de Malvinas, cargada de nutrientes. Esa mezcla alimenta la producción de fitoplancton en superficie, y buena parte de ese material termina cayendo hacia el fondo, donde sostiene corales, esponjas y pepinos de mar. El cañón supera los 3.500 metros, casi el doble de profundidad que el Gran Cañón del Colorado, y sus paredes ofrecen superficies donde se asienta esa fauna.
Los científicos de la expedición también aprovecharon la visibilidad para impulsar la creación de la primera área marina protegida en el cañón, un objetivo que acompañó a la transmisión desde el comienzo. Y el trabajo continúa. Para febrero y marzo de 2027 está prevista una nueva expedición con el Instituto Oceanográfico Schmidt, que irá a un cañón submarino distinto, con un alto grado de endemismo.