Un estudio internacional revela que el calentamiento global no hace mejores a los bosques para absorber CO₂

Durante años se pensó que temperaturas más altas significaban bosques más eficientes para capturar carbono. Una investigación pone en jaque esa idea y explica por qué el agua termina siendo la verdadera protagonista de la historia.

La investigación analizó cómo se forma la madera en coníferas de más de un centenar de bosques repartidos en cuatro continentes.
La investigación analizó cómo se forma la madera en coníferas de más de un centenar de bosques repartidos en cuatro continentes.

Durante décadas, buena parte de la comunidad científica dio por sentado que el calentamiento global traía consigo una ventaja en la vegetación: al alargarse la temporada de crecimiento de los árboles, estos tendrían más tiempo para producir madera y, con ella, para absorber más dióxido de carbono de la atmósfera. Un estudio publicado en la revista Science, con participación de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC) y el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), desarma buena parte de esa hipótesis.

La investigación analizó cómo se forma la madera en coníferas de más de un centenar de bosques repartidos en cuatro continentes, desde las regiones boreales hasta zonas semiáridas.

La conclusión central es que no basta con que los árboles tengan más días para crecer, sino que lo que realmente define cuánto carbono terminan fijando es la velocidad a la que fabrican nuevas células de madera, y esa velocidad tiene un techo bastante más bajo de lo que se suponía.

Para cualquiera que no esté familiarizado con la dendrocronología, esto tiene una traducción bastante directa: los árboles no son esponjas infinitas de CO₂ que absorben más cuanto más calor haga. Son organismos que dependen del agua para crecer, y cuando el calentamiento viene acompañado de sequía, como ocurre en gran parte del planeta, ese supuesto beneficio de una temporada más larga puede diluirse o directamente desaparecer. Es una noticia relevante para cualquier estrategia climática que cuente con los bosques como una herramienta automática de mitigación.

La barrera de los seis grados

El hallazgo más concreto del trabajo tiene que ver con un umbral térmico preciso. Por encima de una temperatura media anual de unos 6 °C, la producción de células de madera empieza a bajar, muy probablemente por la menor disponibilidad de agua.

En los bosques templados y mediterráneos el calor extra empieza a jugar en contra porque viene de la mano de menos agua disponible.
En los bosques templados y mediterráneos el calor extra empieza a jugar en contra porque viene de la mano de menos agua disponible.

Eso explica por qué el efecto del calentamiento no es igual en todos los bosques: en zonas boreales, donde el frío es el principal freno al crecimiento, subir la temperatura todavía impulsa a los árboles a crecer más rápido y durante más tiempo. En los bosques templados y mediterráneos, en cambio, ese mismo calor extra ya empieza a jugar en contra porque viene de la mano de menos agua disponible.

Este dato importa especialmente para regiones como buena parte de Sudamérica, el sur de Europa o el Mediterráneo, donde los bosques ya conviven con veranos secos y prolongados. Si ese umbral de los 6 °C queda atrás, el mismo bosque que hoy actúa como sumidero de carbono podría empezar a perder eficiencia, justo en el momento en que más se necesita esa capacidad de absorción para frenar el avance del cambio climático.

Llegar a esta conclusión demandó un trabajo de campo poco habitual: más de 50.000 muestras de madera analizadas célula a célula al microscopio, recolectadas por equipos de distintos países durante varias temporadas de crecimiento. Uno de los casos más llamativos es el del valle suizo de Lötschental, donde investigadores del WSL tomaron muestras semana tras semana durante los últimos veinte años, lo que permitió reconstruir con un detalle inusual cómo responde la formación de madera a las condiciones ambientales cambiantes.

Un futuro donde hasta los bosques boreales podrían frenar

La advertencia más inquietante del estudio mira hacia adelante. Si el calentamiento global continúa su curso, incluso los bosques boreales, hoy los grandes beneficiados por temporadas más largas, podrían empezar a experimentar una formación de madera más lenta y perder ese margen de ventaja. Según Cabon, cualquier modelo que intente predecir cómo van a responder los bosques al cambio climático necesita tener en cuenta no solo cuánto tiempo dura la temporada de crecimiento, sino también la velocidad a la que ocurre ese crecimiento.

La implicancia es que no conviene dar por descontado que los bosques van a compensar, por sí solos, una parte creciente de las emisiones de CO₂ que genera la actividad humana. Como resume Patrick Fonti, coautor del estudio, una formación de madera más lenta reduce en última instancia la capacidad de los bosques para funcionar como sumideros de carbono, lo que obliga a repensar cuánto peso le asignamos a la reforestación y a la conservación forestal dentro de las estrategias para enfrentar el cambio climático.

Referencia de la noticia

Cabon, A. Growth rate overrides the benefit of extended growing season from boreal to semiarid conifers.