El calor extremo ya no respeta las estaciones: las olas de calor se extienden hacia la primavera y el otoño
Un nuevo estudio revela que los episodios de calor extremo están ampliando su presencia fuera de la temporada cálida tradicional, aunque el cambio no ocurre de la misma manera en todas las regiones del planeta.

El calor extremo es cada vez más frecuente. La ciencia lo viene documentando desde hace años y millones de personas también lo experimentan. Sin embargo, un nuevo estudio pone el foco en un aspecto menos analizado: cuándo ocurren estos episodios y cómo está cambiando su distribución a lo largo del año.
La investigación encontró que el calor extremo no solo se ha intensificado durante las estaciones tradicionalmente más cálidas. En muchas regiones, también está apareciendo con mayor frecuencia durante los meses inmediatamente anteriores o posteriores a la temporada habitual de calor.
Además, los sistemas de alerta y los centros de refrigeración suelen estar preparados siguiendo un calendario estacional que podría quedar cada vez más desfasado.
El calor extremo se está extendiendo de manera desigual
El trabajo fue realizado por climatólogos de la NASA y la Universidad de Nueva York y publicado en la revista AGU Advances. Sus autores analizaron los episodios de calor extremo registrados en los seis continentes habitados.
Para establecer una referencia, compararon el período 1980-1989 con la década más reciente disponible, entre 2015 y 2024. Consideraron como extremo a aquellos días que se ubicaron dentro del 5 % de las temperaturas diarias más altas.
El análisis se realizó utilizando dos formas diferentes de medir el calor. Una tuvo en cuenta exclusivamente la temperatura del aire, mientras que la otra incorporó la temperatura de bulbo húmedo y globo, que permite evaluar el estrés térmico considerando también la humedad y la radiación solar.

Los resultados muestran que las temporadas de calor extremo se ampliaron significativamente en algo más de la mitad de las superficies continentales del planeta cuando se considera el calor seco, y en algo menos de la mitad al analizar el calor húmedo.
Pero hay un detalle particularmente llamativo: la expansión no fue uniforme. En algunas regiones, los episodios extremos comenzaron a avanzar hacia la primavera, mientras que en otras se prolongaron cada vez más hacia el otoño.
En el oeste de Estados Unidos, el este de China, el norte de África y Europa oriental, el aumento fue especialmente marcado durante los dos meses posteriores a la temporada histórica de calor. En cambio, Europa occidental, el sur de África y el noroeste de India experimentaron una mayor frecuencia de episodios extremos durante los dos meses previos.
Phoenix, un ejemplo de una temporada de calor más larga
La ciudad estadounidense de Phoenix permite observar claramente esta transformación. Durante la década de 1980 registró 183 jornadas de calor extremo según la temperatura. Entre 2015 y 2024, esa cifra aumentó hasta 338 días.
En el período de referencia, ninguno de esos episodios ocurrió después del final de la temporada cálida. En la última década analizada, en cambio, el 6 % se produjo fuera de ese período.
La fecha mediana de los episodios de calor extremo seco se desplazó diez días hacia una época más tardía del año, mientras que los eventos de calor húmedo se adelantaron unos 5,5 días.
El caso de 2024 fue particularmente significativo. Phoenix soportó 113 días consecutivos con temperaturas superiores a 38 °C y, posteriormente, entre fines de septiembre y mediados de octubre, igualó o superó récords diarios de temperatura durante 21 jornadas consecutivas.
Ese mismo año, el condado de Maricopa, donde se encuentra Phoenix, contabilizó 608 muertes relacionadas con el calor.
Más calor, más riesgos que pueden superponerse
La extensión temporal de los episodios extremos también puede aumentar la coincidencia con otros fenómenos peligrosos. El calor seco representa una amenaza importante para los cultivos y los ecosistemas, mientras que el calor húmedo puede ser todavía más peligroso para las personas porque dificulta la capacidad del cuerpo para enfriarse mediante la transpiración.
A esto se suma la posibilidad de que las olas de calor coincidan con otros riesgos estacionales. En el oeste de Estados Unidos, por ejemplo, el calor extremo puede superponerse con la temporada de incendios forestales, mientras que en el sureste del país puede coincidir con el período de mayor actividad de huracanes.
Cuando distintos peligros ocurren al mismo tiempo o con pocos días de diferencia, sus impactos pueden multiplicarse. El desafío, por lo tanto, no pasa solamente por enfrentar temperaturas más altas, sino también por prepararse para un calendario de riesgos que comienza a cambiar.