Viven más de 110 años y sus defensas esconden algo extraordinario: el hallazgo que sorprende a los científicos
Un estudio encontró una abundancia inusual de células inmunitarias capaces de destruir otras células en personas que superan los 110 años. Los investigadores creen que podrían contribuir a su extraordinaria longevidad, aunque todavía falta demostrarlo.

Llegar a los 110 años es una rareza. Pero hacerlo conservando una buena salud durante gran parte de la vida es todavía más excepcional. Ahora, una investigación publicada en Cell Reports aporta una nueva pista sobre uno de los posibles secretos biológicos de los llamados supercentenarios: un tipo poco frecuente de célula inmunitaria que podría tener un papel importante frente al cáncer.
Aunque todavía no se sabe exactamente cuál es su función en los supercentenarios, existen indicios de que algunas de ellas pueden atacar células tumorales.
La posibilidad resulta especialmente interesante porque quienes alcanzan edades extremas parecen resistir mejor algunas de las enfermedades asociadas al envejecimiento, entre ellas las cardiovasculares, la demencia y el cáncer.
“Gran parte de las investigaciones sobre el envejecimiento inmunitario se han centrado en el deterioro”, explica Kosuke Hashimoto, biólogo de la Universidad de Osaka y uno de los autores del trabajo. Sin embargo, los nuevos resultados sugieren que incluso a edades extremas el sistema inmunitario podría conservar cierta capacidad de adaptación selectiva.
Una defensa que aumenta después de los 100 años
Los CD4 CTL representan normalmente menos del 5 % de todos los linfocitos T del organismo y, en comparación con otros tipos de células inmunitarias, han sido mucho menos estudiados. Su presencia aumenta durante algunas infecciones virales y existen evidencias crecientes de que también pueden destruir células cancerosas, incluidas las de algunos tumores de pulmón y melanomas.
Para comprender cuándo comienza a producirse esta expansión, el equipo analizó muestras de 28 personas de distintas edades. Ocho tenían entre 70 y 90 años, diez eran centenarios —entre 100 y 109 años— y otros diez eran supercentenarios.

El contraste fue llamativo. En las personas más jóvenes, los CD4 CTL representaban alrededor del 4 % de los linfocitos T. En los centenarios, esa proporción trepaba hasta aproximadamente el 10 %, mientras que entre quienes habían superado los 110 años llegaba a cerca del 18 %.
Además, los investigadores observaron que muchas de estas células eran prácticamente copias unas de otras. Cada linfocito T posee un receptor particular que le permite reconocer determinados antígenos. Cuando encuentra uno que identifica como una amenaza, puede multiplicarse y generar un conjunto de células idénticas.
En algunos centenarios, una única línea celular representaba más de la mitad de todos los CD4 CTL analizados. Esto sugiere que el sistema inmunitario podría estar reaccionando de manera intensa y sostenida frente a algún estímulo específico.
¿Una barrera natural contra los tumores?
Aquí aparece la parte más intrigante del descubrimiento. Al comparar los receptores de estas células con bases de datos existentes, los investigadores encontraron unas 30 secuencias similares a las observadas en personas con cáncer. Las coincidencias fueron especialmente frecuentes en pacientes con cáncer de pulmón.
Ninguno de los participantes del estudio, sin embargo, había tenido cáncer a lo largo de su vida.
Una posibilidad es que estas células hayan proliferado como una respuesta adaptativa frente a cambios propios del envejecimiento. Las células tumorales aparecen con mayor frecuencia a edades avanzadas, por lo que los CD4 CTL podrían constituir una especie de barrera que dificulte su crecimiento.
Pero los científicos son cautelosos. El hallazgo demuestra que determinadas poblaciones celulares se expanden ante un estímulo inmunitario concreto, pero no permite afirmar que ese estímulo sea necesariamente un tumor. Tampoco se conoce todavía qué tejidos alcanzan estas células ni qué hacen exactamente allí.
Por eso, afirmar que son responsables de proteger a los supercentenarios contra el cáncer sería prematuro. La hipótesis es biológicamente posible y muy interesante, pero todavía necesita una prueba fundamental: identificar los antígenos que activan estas células y demostrar directamente que son capaces de destruir tumores.
El equipo de Hashimoto ya trabaja en esa dirección. El próximo paso será analizar información obtenida de células individuales y compararla con muestras de distintos tejidos. Quizás allí aparezca la pieza que falta para comprender cómo algunos sistemas inmunitarios consiguen mantenerse sorprendentemente activos cuando el resto del organismo ya ha superado con creces el siglo de vida.
Referencia de la noticia
Hashimoto, K. et al.. (2026). CD4 CTLs in supercentenarians: Signs of adaptive expansion in healthy aging.