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El día que todos los porteños esperaron la lluvia

Juan Baigorri Velar, “el mago de Villa Luro”, decía haber inventado la máquina de hacer llover. En 1939 desafió al director de Meteorología diciendo que haría llover en la ciudad. Y llovió.

Christian Garavaglia Christian Garavaglia 16 May 2018 - 22:01 UTC
Baigorri maquina de hacer llover
Las chicanas en aquel entonces entre Baigorri y el titular de la Dirección de Meteorología eran publicas.

En diciembre de 1938, el diario “Crítica” publicó un desafío: “como respuesta a la censura a mi procedimiento regalo, por intermedio de Critica, una lluvia a Buenos Aires para el 2 de enero de 1939”.

Juan Baigorri Velar fue un ingeniero argentino que se hizo conocido por haber inventado supuestamente “la máquina de hacer llover”. Nacido en Concepción del Uruguay y criado en Buenos Aires, Baigorri Velar cursó estudios en el Colegio Nacional y luego viajó a Italia donde se recibió de Ingeniero y se especializó en Geofísica. Trabajó en diversas compañías de combustible, por lo cual recorrió varios países y realizó investigaciones sobre composición del suelo y exploración petrolífera.

Según relató al diario “Crítica”, el origen de su invención se dio de manera casual: “En 1926, mientras trabajaba en Bolivia en la búsqueda de minerales utilizando un aparato de mi invención, noté algo curioso. Cuando conectaba el mecanismo y éste se ponía en funcionamiento, se producían lluvias ligeras que me impedían trabajar. Me llamó la atención el fenómeno y consideré que esas pequeñas lluvias podrían ser originadas por la congestión electromagnética que la irradiación de mi máquina producía en la atmósfera”.

Baigorri Velar maquina de hacer llover
El ingeniero Baigorri Velar nunca quiso develar como funcionaba su invento.

La máquina de hacer llover tenía el tamaño de un televisor, que medía los cambios en el campo electromagnético terrestre. Baigorri fue convenciéndose que su invento inducia la formación de nubes y lluvias. Poco a poco fue haciéndose popular y empezó a ser convocado por particulares y funcionarios de distintas partes del país para combatir sequías.

Entre sus logros se destaca haber producido lluvias en 1938 en una zona de Santiago del Estero donde no llovía hacía 16 meses. Luego de esa experiencia, el gobernador de esa provincia lo contrato para hacer llover en su estancia tras una larga sequía, y las crónicas del momento afirman que llovieron 60 mm en dos horas.

Su desafío a la Dirección de Meteorología

A su regreso a Buenos Aires, fue recibido con gran notoriedad, siendo apodado "el Júpiter moderno" o "el mago de Villa Luro" y realizando entrevistas en varios medios nacionales. Paralelamente, recibía críticas del titular de la Dirección de Meteorología, Alfredo Galmarini, que calificó al invento de "parodia" y que "no creía en la seriedad del inventor".

Baigorri replicó en el diario Crítica del 27 de diciembre: “como respuesta a las censuras a mi procedimiento, regalo una lluvia a Buenos Aires para el 3 de enero de 1939”. Como broma, compró un paraguas y se lo envió al director de Meteorología.

Ese mismo día encendió la maquina, mientras que en su casa se congregó una multitud a pedirle que "no agüe las fiestas de fin de año". Baigorri decía que tenía que regular la energía del aparato para no convertir a la ciudad en un ciclón tormentoso, y que llovería "entre el 2 y el 3" de enero. Finalmente, en la noche del 1 de enero el cielo se nubló, y a las 5 de la mañana del 2 de enero cayó un fuerte chaparrón con características de temporal. Este acontecimiento mereció la tapa de los principales periódicos.

Su paso al olvido

Con el correr del tiempo Baigorri fue recluyéndose, cansado de las críticas que recibía. Nunca quiso revelar el funcionamiento de la maquina y con el tiempo la opinión pública se olvido de él.

Falleció el 1972 a los 81 años, casi sumido en la pobreza. Su casa de la calle Araujo en el barrio de Villa Luro ya no está en pie y nunca más se supo cual fue el destino de la famosa máquina de hacer llover.

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