Guía para recuperar tus malvones y lograr flores más grandes y coloridas
Hojas amarillas, tallos largos y pocas flores no siempre indican que la planta está perdida: con algunos ajustes simples, el malvón responde rápido.

El malvón es una planta noble. Aguanta sol, viento, descuidos y hasta alguna sequía prolongada. Pero, a veces, este clásico de balcones y jardines puede apagarse y mostrar hojas amarillas, tallos débiles, y flores que brillan por su ausencia.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, no está perdido. Solo está pidiendo un pequeño cambio de rutina.
Cuando el problema no es la planta, sino el entorno
El malvón florece cuando se combinan tres factores básicos: luz intensa, raíces sanas y crecimiento activo. Si uno de esos elementos falla, la planta entra en “modo ahorro”: sigue viva, pero deja de producir flores.
Uno de los errores más comunes es el exceso de agua. Aunque parezca contradictorio, regar de más suele ser peor que regar poco. Las raíces del malvón necesitan aire y, cuando el sustrato permanece húmedo por demasiado tiempo, se asfixian. El resultado aparece rápido: hojas amarillas, tallos blandos y crecimiento lento.

Otro factor clave es la falta de sol directo. El malvón puede sobrevivir a la sombra, pero no florecer. Para dar flores necesita varias horas de luz intensa todos los días. Sin sol, la planta estira los tallos en busca de luz y pierde fuerza.
Poda: menos hojas, más energía
La poda suele dar miedo, pero en el malvón es una aliada. Cortar no debilita a la planta: la reactiva. Eliminar flores secas, ramas largas y tallos envejecidos permite que la energía se concentre en brotes nuevos, que son los que después van a florecer.
Lo ideal es dejar una estructura compacta, con tallos firmes y verdes. Si el malvón está muy desordenado, conviene una poda más decidida y esperar unas semanas a que rebrote.

Un dato extra: los esquejes que salen de esa poda suelen enraizar con facilidad, así que también es una buena oportunidad para multiplicar la planta.
Raíces felices, planta fuerte
En macetas, el sustrato se agota con el tiempo. Aunque el malvón siga vivo, la tierra vieja pierde nutrientes y se compacta. Renovar parte del sustrato -o trasplantar a una maceta apenas más grande- suele marcar una diferencia notable.
Una mezcla suelta, con buena aireación y algo de materia orgánica, ayuda a que las raíces vuelvan a crecer con fuerza. Si las raíces están sanas, la parte aérea responde rápido.
El malvón agradece el fertilizante, sobre todo durante la etapa de crecimiento y floración. Los abonos ricos en potasio estimulan la producción de flores, pero no hacen milagros si la planta no tiene sol o raíces sanas. Menos es más: una dosis moderada y regular funciona mejor que excesos esporádicos.
Pequeños enemigos invisibles
Pulgones, cochinillas y ácaros no siempre se ven a simple vista, pero pueden debilitar la planta de a poco. Revisar el envés de las hojas y los tallos jóvenes ayuda a detectar el problema a tiempo. En la mayoría de los casos, soluciones simples -como agua con un poco de jabón neutro- alcanzan para controlarlos sin recurrir a productos fuertes.
Cuando el malvón recibe lo que necesita, responde rápido. Aparecen hojas nuevas, los tallos se vuelven más firmes y, con algo de paciencia, los primeros pimpollos anuncian que el color está por volver.
No requiere más que un poco de atención para entender cómo funciona la planta y acompañarla en su ritmo. Y esperar a que, cuando se sienta cómodo, lo demuestre con flores.