La paradoja verde: los casos de China y África en el intento de lograr un equilibrio perfecto entre árboles y agua
China y África ofrecen lecciones sobre cómo plantar árboles sin secar el suelo, equilibrando la captura de carbono con el agua.

En las últimas décadas, hemos elegido la plantación de árboles como una de las herramientas más poderosas para combatir la desertificación y el cambio climático. Sin embargo, lo que parece una solución sencilla resulta ser un desafío ecológico de enorme complejidad.
Cuando analizamos los acontecimientos recientes en China y la visión de la Gran Muralla Verde (GGW) en África, entendemos que el éxito ambiental depende de un delicado equilibrio entre la captura de carbono y el ciclo del agua.
El caso chino: cuando el verde consume el azul
Según un informe reciente de Weather.com, los vastos programas de reforestación de China están provocando cambios inesperados en el ciclo hidrológico regional. Si bien la plantación de millones de árboles ha logrado detener el avance del desierto de Gobi y absorber enormes cantidades de CO2, existe un costo invisible: el consumo de agua.
Mediante la evapotranspiración, estos árboles devuelven humedad a la atmósfera, pero la extraen del suelo y los acuíferos. El estudio sugiere que esta alteración podría provocar escasez de agua en las comunidades locales e incluso afectar los patrones de lluvia en las regiones vecinas.

La lección de China es clara: la reforestación no puede medirse únicamente por el número de árboles plantados, sino por la sostenibilidad a largo plazo de los recursos hídricos.
África y la Gran Muralla Verde
Al otro lado del mundo, la iniciativa de la Gran Muralla Verde para el Sahara y el Sahel, promovida por la UNCCD, presenta un enfoque más holístico.
A diferencia de los proyectos de monocultivo anteriores, la iniciativa africana se centra en la gestión sostenible de la tierra y la regeneración natural.

El objetivo va más allá de la ecología: busca garantizar la seguridad alimentaria, crear 10 millones de empleos verdes y secuestrar 250 millones de toneladas de carbono. En este contexto, el árbol es un medio para alcanzar un fin social y económico, donde la participación de las comunidades locales es crucial para evitar los errores de proyectos puramente tecnocráticos.
En conclusión, la "revolución verde" del siglo XXI exige que miremos más allá del color de las hojas. Es fundamental que los proyectos de reforestación respeten la biodiversidad local y, sobre todo, el equilibrio hídrico de las regiones.
Plantar el árbol adecuado, en el lugar adecuado y con una gestión hídrica adecuada es la única manera de garantizar que la solución a la crisis climática no se convierta en un nuevo problema ambiental. El futuro de nuestro paisaje global depende de esta capacidad de aprender de la experiencia y armonizar la ambición humana con las leyes de la naturaleza.
Referencias de la noticia
https://weather.com/features/news/2026-01-21-china-tree-planting-changed-water-cycle