Lo que come el mundo: una nueva base de datos global revela la importancia de la alimentación para la salud y el planeta

Un estudio presenta una nueva base de datos global sobre dietas que combina datos de la FAO, estudios sobre alimentación y estimaciones energéticas para evaluar los impactos en la salud, el medio ambiente y la economía.

La forma en que se alimenta la población influye en la salud pública, el uso del suelo, los recursos naturales y el coste de la alimentación.
La forma en que se alimenta la población influye en la salud pública, el uso del suelo, los recursos naturales y el coste de la alimentación.

Medir la alimentación de las personas parece una tarea sencilla, pero es uno de los problemas más complejos en lo que respecta a la salud pública, el clima y la seguridad alimentaria. Una nueva base de datos global busca reducir esta incertidumbre combinando diferentes fuentes de información sobre consumo, disponibilidad de alimentos y necesidades energéticas de la población.

El estudio fue desarrollado por Marco Springmann, investigador asociado del University College London y la Universidad de Oxford, y publicado en la revista Nature Food. La base de datos, denominada Base de Datos Dietética Global para Evaluaciones de Impacto (GDD-IA , por sus siglas en inglés), recopila estimaciones de la ingesta dietética de 43 grupos de alimentos, por país, edad, sexo y lugar de residencia (urbano o rural), entre 1990 y 2020.

¿Por qué es tan difícil saber qué come realmente el mundo?

Muchos estudios globales utilizan datos sobre la disponibilidad de alimentos, como los balances de la FAO. Estos muestran la cantidad de alimentos que hay en un país, considerando la producción, las importaciones, las exportaciones y otros usos. El problema es que estas cifras no reflejan con exactitud lo que la gente consume. Parte de los alimentos se pierde durante el transporte, en los puntos de venta o dentro de los hogares.

La disponibilidad de alimentos no es lo mismo que el consumo real, ya que parte de los alimentos se pierde o se desperdicia antes de llegar al plato.
La disponibilidad de alimentos no es lo mismo que el consumo real, ya que parte de los alimentos se pierde o se desperdicia antes de llegar al plato.

Otra fuente común son las encuestas alimentarias, en las que las personas informan sobre lo que consumen. Estas ayudan a comprender las diferencias entre grupos sociales, pero también presentan deficiencias conocidas: errores de memoria, dificultad para calcular las porciones y tendencia a declarar una dieta más "saludable" o socialmente aceptable que la real.

Una base que reúne varias piezas

El GDD-IA intenta compensar estas limitaciones. Primero, utiliza datos de disponibilidad de alimentos de la FAO. Luego, descuenta las estimaciones de desperdicio a nivel minorista y doméstico. A continuación, ajusta el total consumido en función de las estimaciones de ingesta energética derivadas del peso, la estatura y la actividad física.

La nueva base de datos combina datos sobre la disponibilidad de alimentos, estudios de consumo y estimaciones energéticas para obtener valores más plausibles.
La nueva base de datos combina datos sobre la disponibilidad de alimentos, estudios de consumo y estimaciones energéticas para obtener valores más plausibles.

Este ajuste es importante porque evita valores biológicamente improbables. Si un valor de referencia indica que una población consume demasiadas o muy pocas calorías en relación con su perfil físico y nivel de actividad, esto puede distorsionar las evaluaciones de salud, emisiones, uso del suelo y costos de los alimentos.

La nueva base de datos se puede utilizar para:

  • para estimar los riesgos de enfermedades relacionadas con la dieta;
  • Calcular los impactos ambientales vinculados al consumo de alimentos.
  • Comparar las dietas entre diferentes países y grupos sociales;
  • evaluar el costo de diferentes patrones dietéticos;
  • Apoyar los estudios sobre seguridad alimentaria y sostenibilidad.

¿Qué revelan los datos sobre la dieta mundial?

Según el estudio, en 2020 la dieta global promedio incluía una gran proporción de cereales, azúcar, verduras y aceites vegetales. La ingesta energética promedio estimada fue cercana a las 2173 kilocalorías por persona por día, con diferencias significativas entre regiones, grupos de edad, sexo y zonas urbanas o rurales.

En 2020, la dieta media mundial seguía basándose en gran medida en cereales, azúcar, aceites vegetales y verduras.
En 2020, la dieta media mundial seguía basándose en gran medida en cereales, azúcar, aceites vegetales y verduras.

Entre 2010 y 2020, el consumo mundial aumentó en varios grupos de alimentos, como frutos secos y semillas, aves de corral, huevos, pescado, frutas, legumbres y aceites. Sin embargo, el azúcar y la carne roja mostraron una ligera disminución. En los países de bajos ingresos, los aumentos fueron más generalizados, lo que refleja cambios en el acceso a los alimentos y la transición alimentaria.

¿Por qué es importante esto para la salud, el clima y la economía?

La principal contribución de GDD-IA radica en permitir evaluaciones más realistas. El estudio demuestra que la elección de la base de datos modifica los resultados en cuanto a muertes atribuibles a la dieta, uso de tierras agrícolas y costo de las dietas. En otras palabras, una estimación deficiente del consumo puede conducir a diagnósticos erróneos.

La base de datos aún presenta limitaciones. Es necesario actualizar los datos sobre el desperdicio de alimentos y, en algunos países, la producción de subsistencia podría estar subestimada. Aun así, la propuesta supone un avance al abordar la alimentación como un tema integral: lo que llega al plato también repercute en la salud, el medio ambiente y la economía.

Referencia de la noticia

Springmann, M. (2026). Global dietary estimates for conducting health, environmental and economic impact assessments.