No todo es pasto: 7 especies para usar como mantillo vivo, cubrir superficies y proteger tu jardín

Cubren el suelo, frenan las malezas y ayudan a conservar la humedad. Estas plantas tapizantes forman una alfombra viva que protege el suelo y reduce el mantenimiento.

En zonas difíciles del jardín, las tapizantes pueden reemplazar al pasto y generar una alfombra verde más resistente.
En zonas difíciles del jardín, las tapizantes pueden reemplazar al pasto y generar una alfombra verde más resistente.

Hay sectores del jardín donde el pasto no funciona: debajo de los árboles, en pendientes, entre piedras o en rincones donde el sol no llega bien o el suelo se seca demasiado rápido. Son zonas difíciles, que suelen quedar desnudas o demandar más trabajo del que valen.

Ahí es donde entran en juego las plantas tapizantes, esas que avanzan como una alfombra viva, y que, con el tiempo, cubren el suelo de manera pareja y natural. Además de resolver un problema práctico, transforman esos espacios en algo mucho más atractivo.

No solo aportan verde. También ayudan a retener la humedad, frenan el crecimiento de malezas y protegen el suelo del impacto del sol y la lluvia, mientras suman textura, color y movimiento al jardín.

Entre piedras, bajo árboles o en pendientes, las tapizantes son una forma simple de cubrir el suelo.
Entre piedras, bajo árboles o en pendientes, las tapizantes son una forma simple de cubrir el suelo.

Estas siete opciones pueden cumplir ese rol sin problemas. No se plantan como el césped ni cubren todo de un día para el otro. Se colocan en plantines separados que, con el tiempo, crecen hacia los costados hasta encontrarse y formar una alfombra continua.

Al principio quedan espacios de tierra entre las plantas y hace falta algo de riego y control de yuyos, pero una vez que se establecen, el sistema se vuelve mucho más autónomo. Es un proceso más lento, sí, pero también más duradero y, en muchos casos, bastante más interesante desde lo estético.

1- Tomillo rastrero

Una de las opciones más nobles para pleno sol y suelos bien drenados. El tomillo rastrero forma una alfombra baja, compacta y muy aromática que, al pisarla o rozarla, libera ese perfume típico de las hierbas mediterráneas.

Ideal para sol pleno, el tomillo rastrero forma una alfombra aromática que también atrae polinizadores.
Ideal para sol pleno, el tomillo rastrero forma una alfombra aromática que también atrae polinizadores.

Con el tiempo va cubriendo los espacios de manera uniforme, lo que ayuda a bloquear la luz que necesitan las malezas para crecer.

En primavera y verano suma pequeñas flores rosadas o violáceas que no solo decoran, sino que atraen abejas y otros polinizadores. Funciona muy bien entre piedras, en senderos o en bordes, donde el césped suele fallar o volverse irregular.

Clave: necesita poco riego y detesta el exceso de humedad. Ideal para jardines secos o de bajo mantenimiento.

2- Dichondra (oreja de ratón)

La dichondra es una de las más elegidas como alternativa al césped en sectores complicados. Sus hojas redondeadas, de un verde suave y uniforme, forman una superficie continua que se siente casi como una alfombra natural.

De hojas redondeadas y aspecto prolijo, la dichondra es una buena opción para sectores de media sombra.
De hojas redondeadas y aspecto prolijo, la dichondra es una buena opción para sectores de media sombra.

Visualmente ordena mucho el espacio y genera una sensación de prolijidad sin demasiado mantenimiento.

Se adapta bien a la media sombra e incluso a sombra ligera, lo que la vuelve muy útil para cubrir zonas donde el pasto se ralea, como debajo de árboles o cerca de construcciones. Además, al cubrir el suelo de manera pareja, reduce bastante la evaporación del agua.

Clave: prefiere suelos algo húmedos y riegos regulares. No es la mejor opción para sectores con mucho tránsito.

3- Aptenia

Rústica y expansiva, una vez que se instala, avanza sin pedir casi nada a cambio. Sus hojas carnosas almacenan agua, lo que le permite tolerar períodos de sequía sin problemas, y en poco tiempo puede cubrir superficies amplias con una trama verde densa.

Resistente y de rápido crecimiento, la aptenia cubre grandes superficies y suma color con sus flores intensas.
Resistente y de rápido crecimiento, la aptenia cubre grandes superficies y suma color con sus flores intensas.

Durante gran parte del año, especialmente en épocas cálidas, suma flores pequeñas pero intensas, en tonos fucsias o rojizos, que contrastan con el follaje y le dan mucha vida al jardín. Es una gran aliada para taludes, canteros expuestos o sectores donde el riego es limitado.

Clave: pleno sol y buen drenaje. Ideal para jardines de bajo mantenimiento o con restricciones de agua.

4- Lippia (Phyla nodiflora)

La lippia se ganó un lugar como reemplazo del césped porque combina varias virtudes difíciles de encontrar juntas: crece rápido, cubre bien, tolera el calor y además resiste cierto nivel de pisoteo. A diferencia de otras tapizantes más delicadas, puede funcionar en patios o jardines donde hay tránsito.

Una alternativa al césped que tolera calor y algo de pisoteo, ideal para cubrir superficies amplias.
Una alternativa al césped que tolera calor y algo de pisoteo, ideal para cubrir superficies amplias.

Forma una cobertura baja pero firme, que en verano se salpica de pequeñas flores claras. Ese manto continuo ayuda a mantener la humedad del suelo y dificulta que prosperen las malezas, sobre todo una vez que se establece.

Clave: se adapta a distintas condiciones, pero responde mejor con algo de sol y riego moderado.

5- Sedum rastrero

Los sedum rastreros son especialistas en cubrir suelo. Sus hojas carnosas forman pequeños colchones que se expanden lentamente hasta cerrar los espacios, creando una cobertura continua y muy resistente.

Perfecto para suelos secos y soleados, el sedum forma colchones densos con muy poco mantenimiento. Crédito: Restauración paisajística
Perfecto para suelos secos y soleados, el sedum forma colchones densos con muy poco mantenimiento. Crédito: Restauración paisajística

Son una opción clásica para jardines de roca, bordes soleados o sectores donde el suelo es pobre y otras plantas no prosperan. Además, muchas variedades cambian levemente de color según la estación o la exposición al sol, lo que suma un detalle interesante sin necesidad de flores.

Clave: necesitan muy poco riego y se adaptan a condiciones exigentes. El exceso de agua es, en general, su principal problema.

6- Vinca (Vinca minor)

La vinca resuelve un problema típico: qué hacer donde hay sombra. Avanza con facilidad y forma una alfombra densa, verde oscuro, que cubre el suelo incluso en condiciones donde muchas especies no prosperan.

Una aliada para la sombra: la vinca cubre el suelo con rapidez y limita el crecimiento de malezas.
Una aliada para la sombra: la vinca cubre el suelo con rapidez y limita el crecimiento de malezas.

Esa densidad no solo aporta estética, sino que funciona como barrera contra las malezas, ya que deja poco espacio y poca luz disponible para que germinen. En primavera, además, aparecen flores violetas o azuladas que iluminan sectores que suelen ser más apagados.

Clave: ideal para debajo de árboles o en jardines con sombra parcial a total. Requiere poco mantenimiento una vez establecida.

7- Ajuga (Ajuga reptans)

La ajuga no solo cubre; también decora con intención. Sus hojas, que pueden ser verdes, ocres o púrpuras, generan bellos contrastes incluso cuando no está en flor. Cuando florece, levanta pequeñas espigas azules que sobresalen del follaje y suman verticalidad.

Con hojas oscuras y flores azules, la ajuga combina cobertura y valor ornamental en sectores húmedos.
Con hojas oscuras y flores azules, la ajuga combina cobertura y valor ornamental en sectores húmedos.

Se expande progresivamente, y forma una cobertura bastante cerrada que ayuda a conservar la humedad del suelo y a limitar el crecimiento de otras plantas no deseadas. Funciona bien en canteros, bordes o sectores con menos sol.

Clave: prefiere suelos frescos y algo de humedad. Ideal para combinar con otras especies en jardines más sombreados.

Estas plantas no reemplazan siempre al mantillo clásico (corteza, chips o compost), pero sí pueden reducir mucho el trabajo y el gasto a lo largo del tiempo.

Una vez instaladas, funcionan como una capa protectora viva: regulan la temperatura del suelo, conservan la humedad y hacen más difícil que germinen las malezas. Y de paso, también, mejoran la estética.

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