El Pacífico ya eligió bando: así se prepara El Niño para volver con todo en 2026
Las aguas del Pacífico ecuatorial comienzan a calentarse. La Niña se despide y El Niño llama a la puerta. ¿Qué nos espera en los próximos meses?

El Pacífico ecuatorial lleva semanas enviando señales que los climatólogos leen con atención. La temperatura del océano en la región clave de monitoreo superó durante cuatro semanas consecutivas el umbral de La Niña, con el índice Niño3.4 en -0.53 °C, bastante lejos del -0.80 °C que define al fenómeno frío para el BoM, el servicio meteorológico australiano. En términos prácticos: La Niña 2025-26 ya se despidió.
Cuando el Pacífico cambia de humor, el planeta lo nota. La temperatura global, las lluvias en tres continentes y la frecuencia de eventos extremos pueden modificarse profundamente. Y todo indica que el próximo capítulo de esta historia climática ya se está escribiendo.
Lo que dicen los modelos (y lo que todavía no pueden decirnos)
Todos los modelos climáticos globales coinciden en que las condiciones del ENOS volverán a la neutralidad en el otoño austral. Pero la proyección no termina ahí: algunos modelos señalan una probable transición hacia El Niño para fines del invierno de 2026, con variaciones en el momento exacto. La NOAA, por su parte, estima un 33% de probabilidad de que el evento llegue a categoría "fuerte" en los meses de invierno del hemisferio norte.
El episodio de 2015-16, bautizado popularmente como "El Niño Godzilla", registró anomalías que superaron los 2 °C en el Pacífico central. A ese nivel de intensidad, la comunidad científica habla de "súper El Niño", el único término con respaldo académico reconocido. Expresiones como "El Niño Jurásico" o "El Niño Godzilla" son populares pero no forman parte de la nomenclatura oficial, y hoy es demasiado pronto para usarlas.
Hay un obstáculo que complica el pronóstico: la "barrera de predictibilidad" del ENOS. Entre marzo y mayo, los modelos climáticos pierden capacidad de pronóstico de manera notable. Durante ese período transicional, el contraste térmico entre las costas del Pacífico ecuatorial cae a su mínimo y la atmósfera se vuelve más caótica, lo que dificulta predecir si el fenómeno está iniciando o terminando.

Es como intentar leer el resultado de un partido cuando todavía están calentando. Pasado junio, la confiabilidad de los modelos mejora bastante. Recién entonces sabremos con más precisión qué tipo de El Niño nos espera.
Y el cambio climático suma otra capa de complejidad. Desde septiembre de 2025, el Bureau of Meteorology de Australia adoptó índices "relativos" del Pacífico que descuentan el calentamiento de fondo del océano tropical global, para evitar que el aumento generalizado de temperaturas distorsione la lectura del ENOS. Es, en esencia, una actualización de las reglas del juego: el termómetro planetario ya no es el mismo de hace treinta años.
Un mundo que siente el empuje
Si El Niño se consolida, el patrón de impactos es familiar aunque no por eso menor: sequías en Australia y el sudeste asiático, lluvias excesivas en partes de los Estados Unidos y el este de África, y patrones climáticos erráticos en múltiples regiones.
The odds of higher annual temperatures have increased in recent weeks as higher El Nino forecasts have come in and as global temperatures have risen: https://t.co/DqXtEILV0A pic.twitter.com/CSCCe5YjuR
— Zeke Hausfather (@hausfath) April 2, 2026
Sobre todo lo anterior, será notorio el empuje sobre temperaturas que ya están en máximos históricos. El científico climático Zeke Hausfather señaló que 2027 podría superar los récords de temperatura de 2024, el año más caluroso registrado, precisamente por la combinación de calentamiento estructural y un nuevo El Niño.
Para la Argentina, El Niño históricamente trae lluvias más abundantes en la región pampeana y en el litoral, con inviernos más templados. Los episodios de 1982-83, 1997-98 y 2015-16 provocaron inundaciones severas en el centro y norte del país, con pérdidas agropecuarias que se midieron en miles de millones de dólares.
La superposición de estos eventos con el calentamiento global puede potenciar sus efectos: más precipitaciones en zonas ya vulnerables, mayor riesgo de tormentas severas y un estrés hídrico marcadamente desigual entre regiones.
Anticiparse es la única estrategia
No hay catástrofe garantizada ni cronograma exacto. Pero algo la ciencia tiene claro desde hace décadas: actuar antes de que el evento madure siempre es más efectivo que reaccionar cuando ya está encima.

Seguir el monitoreo de la NOAA, el Bureau of Meteorology y el Servicio Meteorológico Nacional, planificar la actividad agropecuaria con escenarios ENOS y reforzar sistemas de alerta temprana son pasos concretos que ciudades, productores y familias pueden tomar hoy.
El Pacífico está cambiando de fase. Todavía no sabemos qué tan fuerte será El Niño de 2026-27 —y no lo sabremos con certeza hasta bien entrado el invierno—. Pero esta vez, al menos, la ciencia le está siguiendo el rastro de cerca. Conviene hacer lo mismo.
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