Las lluvias golpearon a Río Negro y Neuquén: qué las provocó y por qué aún pueden volver las tormentas

La combinación de humedad atlántica, bajas presiones y el relieve favoreció lluvias intensas e inundaciones repentinas en el norte patagónico. El patrón comienza a debilitarse, pero todavía quedan dos períodos con posibilidad de tormentas antes de una mejora general.

Las lluvias recurrentes y tormentas intensas generaron aumento en el caudal de ríos, arroyos y niveles de ríos. También en la ocurrencia de inundaciones repentinas con impactos en las redes viales. Imagen: Municipalidad de Añelo.
Las lluvias recurrentes y tormentas intensas generaron aumento en el caudal de ríos, arroyos y niveles de ríos. También en la ocurrencia de inundaciones repentinas con impactos en las redes viales. Imagen: Municipalidad de Añelo.

Las lluvias intensas, las inundaciones repentinas y las tormentas que afectaron al norte de la Patagonia tuvieron detrás una configuración atmosférica persistente. El centro y oeste de Río Negro y distintos sectores de Neuquén quedaron expuestos durante varios días a condiciones favorables para las precipitaciones. Aunque esa situación comienza a perder organización, todavía puede generar nuevos episodios durante la primera mitad de la semana.

El aporte persistente de humedad atlántica, el ascenso del aire y el relieve andino favorecieron las lluvias intensas. El patrón se debilita, pero aún quedan dos períodos de tormentas.

La pieza central fue un bloqueo atmosférico, una disposición de los sistemas de presión que dificulta el avance habitual de las perturbaciones. Una alta presión sobre el océano Atlántico sostuvo una circulación del este que transportó aire húmedo hacia la región en niveles bajos. Al mismo tiempo, una zona de baja presión próxima a la costa del Pacífico, asociada a una vaguada en altura, favoreció los movimientos ascendentes: al elevarse, el aire se enfría y su humedad puede condensarse, formando nubosidad y precipitaciones.

La cordillera de los Andes también intervino, reforzando el ascenso del aire donde el flujo húmedo encontró el relieve. La persistencia de esta combinación explica los numerosos días nubosos y la reiteración de lluvias y tormentas. Cuando la precipitación se concentra en poco tiempo y supera la capacidad de infiltración y drenaje, el agua puede acumularse o desplazarse rápidamente, dando lugar a inundaciones repentinas como las observadas en sectores de Neuquén y Río Negro.

Un patrón que recuerda a marzo de 1975, aunque los episodios son diferentes

La configuración presenta semejanzas con la que acompañó a las graves inundaciones de marzo de 1975 en Neuquén y el Alto Valle. Aquel episodio dejó importantes daños en ambas provincias y permanece entre los grandes antecedentes regionales de lluvias extraordinarias. La comparación meteorológica se centra en la disposición general de las altas y bajas presiones y en su capacidad para sostener el ingreso de humedad.

La carta corresponde a la madrugada del 12 de marzo de 1975. Allí se puede ver una configuración de superficie muy similar a situación que dio lugar a las lluvias de esta temporada.
La carta corresponde a la madrugada del 12 de marzo de 1975. Allí se puede ver una configuración de superficie muy similar a situación que dio lugar a las lluvias de esta temporada.

La similitud del patrón no significa que ambos eventos sean equivalentes ni que deban producir las mismas consecuencias. Marzo de 1975 correspondió al final del verano, mientras que el episodio actual ocurre en primavera. La disponibilidad de humedad, la inestabilidad, la posición exacta de los sistemas y la duración de las lluvias introducen diferencias decisivas. También importa dónde se concentra el agua y cómo responden las cuencas. Incluso, en 1975 dominaba un patrón de La Niña, inverso al actual.

Según explica el periodista Mario Cippitelli en un artículo publicado en X, los ríos Limay y Neuquén tienen comportamientos muy diferentes frente a las precipitaciones y el deshielo: mientras el Limay, alimentado por un sistema de lagos y regulado por represas, suele responder de manera más gradual, el Neuquén puede registrar crecidas rápidas y extraordinarias cuando coinciden lluvias intensas y un acelerado derretimiento de la nieve. El autor recuerda la crecida de 2006 como ejemplo de ese potencial y destaca que el mayor caudal habitual del Limay no implica necesariamente una amenaza mayor: la rapidez y la magnitud de las variaciones del Neuquén resultan determinantes para comprender el riesgo de inundaciones en la región.

Quedan dos períodos de tormentas antes de una mejora gradual

El primer período se espera durante la tarde del lunes, con tormentas distribuidas aproximadamente en paralelo a la cordillera. Podrían afectar el centro y oeste de Neuquén, la zona cordillerana de Río Negro y sectores de Chubut. También se prevén desarrollos sobre Santa Cruz, algunos incluso hacia el sur provincial. Esa extensión hacia latitudes australes refleja hasta dónde ha logrado avanzar el aire húmedo capaz de alimentar estos fenómenos cuando encuentra condiciones de inestabilidad y ascenso.

El segundo período aparece entre la noche del martes y el miércoles, con posibilidad de tormentas sobre el Valle Medio y, especialmente, el este de Río Negro. Posteriormente, la actividad tendería a desplazarse hacia el centro de la Argentina. Se trata de una evolución que todavía requiere seguimiento para precisar la distribución y la intensidad de las precipitaciones.

La tendencia posterior apunta a una pérdida gradual del bloqueo y a condiciones más calmas desde mediados de semana. Antes de esa transición, las tormentas del lunes merecen especial atención en las cuencas cordilleranas que ya presentan niveles elevados en ríos y lagos. El debilitamiento del patrón no implica un cese inmediato del riesgo: nuevas lluvias sobre sectores previamente afectados pueden complicar la situación, aun cuando el episodio general esté llegando a su final.