Alerta en la ganadería argentina: detectan scrapie, una enfermedad que puede tardar años en dar síntomas y no tiene cura
El organismo sanitario de la Argentina confirmó los primeros casos de scrapie clásico en ovinos importados desde Paraguay, tras la muerte de animales sin síntomas en Santa Fe y Entre Ríos.

Una detección sanitaria inédita volvió a sacudir a la ganadería argentina y encendió alertas en todo el sistema productivo. El scrapie, una enfermedad sin cura que puede tardar años en dar síntomas, apareció por primera vez en su forma clásica en el país.
Los ejemplares habían sido importados en 2021 y 2022 desde Paraguay, cumpliendo con los requisitos sanitarios vigentes y los controles postingreso establecidos. Además, estaban inscriptos en el Registro Nacional de Reproductores Rumiantes Importados y habían superado inspecciones clínicas anuales sin observaciones.
Una enfermedad que puede pasar años sin dar señales
El scrapie puede incubarse entre 2 y 5 años antes de manifestar síntomas clínicos, lo que explica por qué los animales afectados atravesaron controles sanitarios sin detección previa. Durante ese período, el prion se acumula en el organismo sin generar signos evidentes, dificultando cualquier diagnóstico temprano.
La enfermedad fue detectada en el marco de la vigilancia activa mediante pruebas de tamizaje ELISA, lo que permitió identificar el caso aun sin signos clínicos. Posteriormente, el diagnóstico fue confirmado mediante la técnica Western Blot en un laboratorio de referencia en España.
Este punto marca un quiebre sanitario: se trata del primer registro de scrapie clásico en la Argentina, una condición que hasta ahora se consideraba ausente. La confirmación obligó a activar protocolos específicos y a redefinir el estatus sanitario del país.
Confirmamos el resultado positivo a scrapie clásico en tres ovinos reproductores importados de Santa Fe y Entre Ríos.
— Senasa Argentina (@SenasaAR) April 11, 2026
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Argentina cuenta con un stock ovino estimado entre 12 y 14 millones de cabezas, según datos del propio SENASA y relevamientos sectoriales. La mayor concentración se ubica en la Patagonia, donde provincias como Chubut y Santa Cruz sostienen el núcleo de la producción lanera exportable.
Controles, medidas y cambio de estatus sanitario
Tras la detección, el SENASA incorporó los establecimientos afectados a un programa oficial de control y seguimiento. Las medidas incluyen restricción de movimientos, vigilancia intensificada y acciones de contención para evitar la diseminación.
La detección implica además un cambio en la situación sanitaria de Argentina, que ahora debe adecuar sus certificaciones de exportación. El desafío será sostener los mercados en un contexto donde el estatus sanitario es determinante.
Impacto en exportaciones y productos alcanzados
Argentina exporta productos ovinos como lana, carne y genética, con mercados que exigen altos estándares sanitarios. En este contexto, el SENASA trabaja en la adecuación de certificados para garantizar la continuidad comercial.
Según los estándares internacionales, productos como lana, cueros, pieles, gelatina, colágeno y sebo pueden considerarse seguros. También la carne ovina es considerada apta, siempre que se retiren los tejidos de riesgo conforme a los protocolos.

Para otras mercancías, como animales en pie o ciertos subproductos, se evaluarán medidas de mitigación específicas, lo que podría implicar nuevas exigencias sanitarias. Este punto será clave para determinar el impacto real en los flujos comerciales.
Por qué el caso genera tanta preocupación
El scrapie no es una enfermedad zoonótica, por lo que no representa riesgo para la salud humana. Sin embargo, su impacto se concentra en el plano sanitario, productivo y comercial.
La patología se transmite principalmente de madre a cría durante el parto y genera signos como prurito intenso, alteraciones en la marcha, temblores y pérdida de peso. Pero el mayor desafío es su carácter silencioso y su larga incubación, que dificulta su control.
A nivel global, el scrapie está presente en países como Estados Unidos, Canadá, Brasil y gran parte de Europa. Su manejo requiere sistemas sanitarios robustos y estrategias de vigilancia permanente.
Lo que viene: un sistema bajo presión
El escenario dependerá de la capacidad de contención y de la aparición o no de nuevos casos en los rodeos monitoreados. Si los focos quedan limitados, el impacto podría ser acotado, pero cualquier expansión cambiaría el panorama.
El SENASA enfrenta ahora el desafío de sostener la credibilidad sanitaria y garantizar la continuidad de los mercados. En paralelo, el sector productivo deberá adaptarse a un esquema de mayor control y exigencia.
En el fondo, el caso deja una señal clara para toda la cadena agropecuaria. La sanidad no es un estado permanente, sino un equilibrio dinámico que puede cambiar con un solo evento.
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