Aviones, helicópteros y fuego: ¿cuánto ayudan los medios aéreos a combatir los incendios?
Cuando el fuego avanza, mirar al cielo es inevitable, ya sea esperando lluvia o un avión hidrante. Pero ¿qué tan efectivos son los medios aéreos para apagar incendios forestales en Argentina? Ventajas, límites e impactos.

Cada verano, las imágenes se repiten: columnas de humo, bosques en llamas y aviones y helicópteros descargando agua o retardante. Para gran parte del público, estos medios aéreos encarnan la “última esperanza”, una solución casi milagrosa que llega desde el cielo para apagar el fuego.
La realidad, sin embargo, es más compleja. Los medios aéreos son herramientas valiosas, pero no omnipotentes. Su mayor aporte aparece cuando forman parte de una estrategia integral que incluye brigadistas en tierra, prevención, planificación y un buen análisis meteorológico. Comprender cuándo funcionan —y cuándo no— es clave para dimensionar su verdadero rol en la lucha contra los incendios.
Qué tipos de medios aéreos se usan y cómo funcionan
La principal virtud de los medios aéreos es “comprar tiempo”: reducen momentáneamente la intensidad del fuego y facilitan el trabajo de los equipos terrestres. No hacen magia ni apagan incendios por sí solos.
Además, no están exentos de impactos. El uso de retardantes químicos, frecuente en grandes incendios, puede afectar suelos y cursos de agua si no se aplica con criterios estrictos. Son herramientas potentes, pero con efectos secundarios que deben considerarse.
Helicópteros: precisión quirúrgica
Funcionan como una jeringa gigante: cargan agua con helibaldes y la descargan con gran precisión. Su fortaleza es la maniobrabilidad y la posibilidad de operar cerca del fuego y de los brigadistas.
Just an unbelievable water drop by this helicopter on the rapidly spreading Kenneth Fire near West Hills and Calabasas. Heroes. pic.twitter.com/FVPFr7QVdP
— Colin McCarthy (@US_Stormwatch) January 10, 2025
En Argentina son especialmente útiles en zonas montañosas y de difícil acceso, como la Patagonia o las sierras de Córdoba. Su desventaja es la menor capacidad de carga y el alto costo operativo, además de la dependencia de fuentes de agua cercanas.
Aviones hidrantes: velocidad y cobertura
Los aviones hidrantes, como los Air Tractor, son menos precisos que los helicópteros, pero cubren áreas más amplias en poco tiempo. Resultan eficaces en incendios incipientes o para reforzar líneas de contención.
DESDE EL CIELO ️
— Adrián (@BB3Adri) August 12, 2025
Así se ve el trabajo de los pilotos de los aviones de combate contra incendiosen un incendio forestal.
En este caso es un modelo AT (air tractor).
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Su limitación aparece con fuegos de gran intensidad o vientos fuertes, cuando el agua se evapora o se dispersa antes de llegar al suelo, algo que sucede generalmente en el clima patagónico.
Grandes tanqueros e hidroaviones: potencia con límites
Estos gigantes descargan decenas de miles de litros en segundos, pero requieren infraestructura específica, pistas largas y conllevan costos muy elevados de operación.
️ Llega un refuerzo clave para combatir el fuego en la Patagonia.
— Alerta Digital (@alerta_digital_) January 8, 2026
En medio de horas críticas por el incendio en Puerto Patriada, arribó a Esquel el Boeing 737 FireLiner, el avión hidrante más grande de Latinoamérica.
Leé más en https://t.co/PzPrXvRmp2 pic.twitter.com/bqDLp4sCDW
Su efectividad real es discutida: grandes volúmenes no siempre se traducen en mayor control del fuego. En regiones montañosas como la Patagonia, la topografía, los vientos cambiantes y la infraestructura limitada reducen notablemente su eficacia.
Lo dice la ciencia: “más agua” no siempre sirve
En Argentina, como en todo el mundo, los medios aéreos cumplen un rol complementario. Los incendios más graves —en la Patagonia o el Delta del Paraná— muestran que sin prevención, manejo del territorio y respuesta temprana, ningún avión alcanza.
Estudios aerodinámicos publicados en The Aeronautical Journal, revista científica editada por la University of Cambridge, analizaron el comportamiento del agua o retardante tras la descarga. Incluso en condiciones ideales, solo entre el 30 % y el 50 % del líquido impacta efectivamente en la zona objetivo cuando se opera a mayor altura y velocidad; el resto se dispersa, se evapora o es desplazado por el viento, especialmente en terrenos montañosos.

La analogía es simple: regar una planta desde la vereda de enfrente en un día ventoso. Mucha agua se pierde. Por eso, el estudio concluye que la precisión y el momento de la descarga son más importantes que el volumen transportado, lo que explica por qué los helicópteros suelen ser más efectivos que los grandes aviones en zonas cordilleranas.
Cuando la indignación vuela más rápido que el fuego
En cada gran incendio reaparecen en redes sociales reclamos como “¿Dónde están los aviones?”, “Para comprar aviones de guerra sí hay plata, pero para apagar incendios no”. Estos mensajes, aunque comprensibles desde la angustia, suelen partir de supuestos erróneos.
La comparación más repetida en estos días en nuestro país es la que equipara la compra de aviones militares, como los F-16, con la disponibilidad de aeronaves para incendios forestales. Es una analogía atractiva pero engañosa, ya que pertenecen a universos técnicos, presupuestarios y estratégicos distintos, con funciones y financiamientos no intercambiables.
Plantear la discusión como una elección entre “defensa o incendios” simplifica en exceso el problema y desvía la atención de lo central: prevención, manejo del territorio, ataque temprano y fortalecimiento de los equipos en tierra.
La crítica social es legítima y necesaria, pero cuando se apoya en información incompleta puede generar falsas expectativas. Los medios aéreos no son una solución mágica ni un símbolo político: son herramientas técnicas que funcionan bien solo cuando se las usa en el contexto adecuado.
Entender esto no apaga el fuego, pero sí ayuda a apagar mitos, que muchas veces arden más rápido que los propios incendios.
Referencia de la noticia
Struminska, A., & Filippone, A. (2024). Flight performance analysis of aerial fire fighting. The Aeronautical Journal, 128(1327), 1895–1923. doi:10.1017/aer.2024.29