Aviones, helicópteros y fuego: ¿cuánto ayudan los medios aéreos a combatir los incendios?

Cuando el fuego avanza, mirar al cielo es inevitable, ya sea esperando lluvia o un avión hidrante. Pero ¿qué tan efectivos son los medios aéreos para apagar incendios forestales en Argentina? Ventajas, límites e impactos.

medios aéreos
Los medios aéreos no apagan incendios por sí solos: reducen momentáneamente la intensidad del fuego y ganan tiempo clave para el trabajo de los brigadistas, cuyo esfuerzo, conocimiento del terreno y riesgo permanente son el real eje del combate contra el fuego.

Cada verano, las imágenes se repiten: columnas de humo, bosques en llamas y aviones y helicópteros descargando agua o retardante. Para gran parte del público, estos medios aéreos encarnan la “última esperanza”, una solución casi milagrosa que llega desde el cielo para apagar el fuego.

La realidad, sin embargo, es más compleja. Los medios aéreos son herramientas valiosas, pero no omnipotentes. Su mayor aporte aparece cuando forman parte de una estrategia integral que incluye brigadistas en tierra, prevención, planificación y un buen análisis meteorológico. Comprender cuándo funcionan —y cuándo no— es clave para dimensionar su verdadero rol en la lucha contra los incendios.

Qué tipos de medios aéreos se usan y cómo funcionan

La principal virtud de los medios aéreos es “comprar tiempo”: reducen momentáneamente la intensidad del fuego y facilitan el trabajo de los equipos terrestres. No hacen magia ni apagan incendios por sí solos.

Además, no están exentos de impactos. El uso de retardantes químicos, frecuente en grandes incendios, puede afectar suelos y cursos de agua si no se aplica con criterios estrictos. Son herramientas potentes, pero con efectos secundarios que deben considerarse.

Helicópteros: precisión quirúrgica

Funcionan como una jeringa gigante: cargan agua con helibaldes y la descargan con gran precisión. Su fortaleza es la maniobrabilidad y la posibilidad de operar cerca del fuego y de los brigadistas.

En Argentina son especialmente útiles en zonas montañosas y de difícil acceso, como la Patagonia o las sierras de Córdoba. Su desventaja es la menor capacidad de carga y el alto costo operativo, además de la dependencia de fuentes de agua cercanas.

Aviones hidrantes: velocidad y cobertura

Los aviones hidrantes, como los Air Tractor, son menos precisos que los helicópteros, pero cubren áreas más amplias en poco tiempo. Resultan eficaces en incendios incipientes o para reforzar líneas de contención.

Su limitación aparece con fuegos de gran intensidad o vientos fuertes, cuando el agua se evapora o se dispersa antes de llegar al suelo, algo que sucede generalmente en el clima patagónico.

Grandes tanqueros e hidroaviones: potencia con límites

Estos gigantes descargan decenas de miles de litros en segundos, pero requieren infraestructura específica, pistas largas y conllevan costos muy elevados de operación.

Su efectividad real es discutida: grandes volúmenes no siempre se traducen en mayor control del fuego. En regiones montañosas como la Patagonia, la topografía, los vientos cambiantes y la infraestructura limitada reducen notablemente su eficacia.

Lo dice la ciencia: “más agua” no siempre sirve

En Argentina, como en todo el mundo, los medios aéreos cumplen un rol complementario. Los incendios más graves —en la Patagonia o el Delta del Paraná— muestran que sin prevención, manejo del territorio y respuesta temprana, ningún avión alcanza.

Estudios aerodinámicos publicados en The Aeronautical Journal, revista científica editada por la University of Cambridge, analizaron el comportamiento del agua o retardante tras la descarga. Incluso en condiciones ideales, solo entre el 30 % y el 50 % del líquido impacta efectivamente en la zona objetivo cuando se opera a mayor altura y velocidad; el resto se dispersa, se evapora o es desplazado por el viento, especialmente en terrenos montañosos.

Avion hidrante
Más agua no siempre es mejor: la precisión y el momento de la descarga son más importantes que el volumen de agua descargado, señalan numerosos estudios

La analogía es simple: regar una planta desde la vereda de enfrente en un día ventoso. Mucha agua se pierde. Por eso, el estudio concluye que la precisión y el momento de la descarga son más importantes que el volumen transportado, lo que explica por qué los helicópteros suelen ser más efectivos que los grandes aviones en zonas cordilleranas.

Cuando la indignación vuela más rápido que el fuego

En cada gran incendio reaparecen en redes sociales reclamos como “¿Dónde están los aviones?”, “Para comprar aviones de guerra sí hay plata, pero para apagar incendios no”. Estos mensajes, aunque comprensibles desde la angustia, suelen partir de supuestos erróneos.

La comparación más repetida en estos días en nuestro país es la que equipara la compra de aviones militares, como los F-16, con la disponibilidad de aeronaves para incendios forestales. Es una analogía atractiva pero engañosa, ya que pertenecen a universos técnicos, presupuestarios y estratégicos distintos, con funciones y financiamientos no intercambiables.

La comparación entre comprar aviones militares y aeronaves contra incendios es atractiva, pero tan incorrecta como comparar una ambulancia con un patrullero: ambos son vehículos, sí, pero cumplen funciones, requisitos y lógicas completamente distintas.

Plantear la discusión como una elección entre “defensa o incendios” simplifica en exceso el problema y desvía la atención de lo central: prevención, manejo del territorio, ataque temprano y fortalecimiento de los equipos en tierra.

La crítica social es legítima y necesaria, pero cuando se apoya en información incompleta puede generar falsas expectativas. Los medios aéreos no son una solución mágica ni un símbolo político: son herramientas técnicas que funcionan bien solo cuando se las usa en el contexto adecuado.

Entender esto no apaga el fuego, pero sí ayuda a apagar mitos, que muchas veces arden más rápido que los propios incendios.

Referencia de la noticia

Struminska, A., & Filippone, A. (2024). Flight performance analysis of aerial fire fighting. The Aeronautical Journal, 128(1327), 1895–1923. doi:10.1017/aer.2024.29