¿De qué sirve predecir El Niño con mucha anticipación si los más vulnerables siguen sin tener los medios para actuar?

Ahora es posible predecir El Niño con suficiente anticipación para prepararse para sus efectos. Pero entre saber que un fenómeno se avecina y poder protegerse de él, la brecha sigue siendo enorme. Por lo tanto, en 2026, lo que está en juego es tanto social, económico y político como meteorológico.

El verdadero reto ya no es solo pronosticar El Niño, sino hacer que el pronóstico sea útil para quienes están más expuestos.
El verdadero reto ya no es solo pronosticar El Niño, sino hacer que el pronóstico sea útil para quienes están más expuestos.

El Niño es un fenómeno climático natural vinculado a las interacciones entre el océano Pacífico y la atmósfera. Generalmente ocurre cada 2 a 7 años y puede durar de 9 a 12 meses.

Su evolución relativamente lenta ofrece una oportunidad para que las poblaciones se preparen.

Planificar con anticipación antes que llegue la crisis

Según la Organización Meteorológica Mundial, se prevé que las condiciones empeoren en la segunda mitad de 2026. El sur de África, América Central y partes de Asia y el Pacífico podrían experimentar condiciones más secas, mientras que el Cuerno de África se enfrenta a un mayor riesgo de lluvias e inundaciones.

Sin embargo, la OMM no encuentra evidencia de que el cambio climático aumente la frecuencia de los eventos extremos de El Niño. Por otro lado, el contexto térmico está cambiando: un evento de este tipo puede añadir entre 0,1 y 0,2 °C a una temperatura global que ya ha aumentado aproximadamente 1,4 °C debido al calentamiento antropogénico. Una atmósfera más cálida también puede intensificar las lluvias torrenciales en zonas donde El Niño favorece las precipitaciones.

Los mercados ya han comenzado a reaccionar

La expectativa por El Niño ahora va más allá de los centros meteorológicos: los mercados financieros ya están considerando sus riesgos. El cacao ha subido un 37 % desde principios de junio y el arábica un 26 %, mientras que el trigo australiano y el arroz indio están siendo monitoreados de cerca debido a las amenazas que pueden afectar las cosechas.

En India, la temporada del monzón ya muestra un déficit de más del 10 %, con posibles consecuencias para el arroz y el azúcar. Las cadenas de suministro también están en riesgo: una bajada del nivel del agua podría volver a interrumpir el Canal de Panamá, como ocurrió durante la sequía de 2023-2024, mientras que las minas de cobre son vulnerables a la sequía en Zambia y a las inundaciones en Chile.

Por lo tanto, un mismo fenómeno climático puede producir diferentes impactos según la región. Para los inversores, la información se convierte en una variable económica; para las poblaciones vulnerables, debería ser principalmente un medio para anticiparse y protegerse.

Pero la información no basta para llenar un plato

Para las poblaciones vulnerables, las consecuencias son más inmediatas. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) estima que este fenómeno podría sumir en la inseguridad alimentaria a al menos 49 millones de personas más. El fenómeno de El Niño de 2015-2016 afectó a más de 60 millones de personas; en 2023-2024, casi 68 millones se vieron afectadas por la sequía en el sur de África.

Un estudio publicado en Science en 2023 también muestra que los eventos importantes de El Niño pueden afectar el crecimiento económico durante varios años. Por lo tanto, el impacto climático puede seguir teniendo repercusiones mucho después de que el evento haya terminado.

Transformar la previsión en poder de acción

Este es el papel de la acción proactiva: intervenir antes del impacto, cuando los pronósticos son suficientemente fiables y aún es posible tomar medidas. Sin embargo, un pronóstico global de El Niño no activa automáticamente la ayuda. Las activaciones dependen de los pronósticos locales, los umbrales predefinidos y los mecanismos para la liberación de recursos.

La FAO y el PMA han identificado 22 países prioritarios, entre ellos Madagascar, y buscan beneficiar a 8,8 millones de personas con una campaña de recaudación de fondos de 202 millones de dólares. Sin embargo, aún se necesitan 167 millones de dólares. Estos fondos son esenciales para la compra de semillas resistentes, el apoyo a la ganadería, el almacenamiento de agua, la protección de cultivos y la transferencia de efectivo antes de períodos críticos.

Unos pocos meses pueden cambiar el rumbo de las cosas

Los resultados anteriores son motivo de esperanza. Durante El Niño 2023-2024, la FAO y el PMA brindaron asistencia a más de 3 millones de personas, hasta 10 meses antes de las intervenciones tradicionales, evitando pérdidas de hasta 3 dólares por cada dólar invertido. El informe incluso estima que la acción proactiva puede generar pérdidas humanitarias evitadas de hasta 7 dólares por cada dólar invertido

La lógica es sencilla: una familia que recibe semillas adecuadas antes de sembrar, agua antes de la sequía o ayuda financiera antes de que los precios se disparen puede preservar su sustento en lugar de vender sus bienes para sobrevivir.

Entonces, ¿qué debemos hacer con el tiempo que nos ahorra la ciencia? Planificar con varios meses de antelación solo tiene sentido si ese tiempo beneficia a quienes tienen menos recursos para prepararse. La financiación, la organización y la acción colectiva deben darle un impacto concreto.

Referencia de la noticia

Simon Mundy. (2026). How will El Niño hit the world economy?.
WFP/FAO. (2026). El Niño FAO–WFP Joint Anticipatory Action Appeal June 2026–March 2027.