Dengue y El Niño: cómo las temperaturas de primavera pueden anticipar el riesgo en Argentina
Un estudio con 17 años de registros epidemiológicos argentinos analiza la relación entre El Niño, las temperaturas de primavera y el dengue. Explicamos cómo el clima puede favorecer al mosquito. También repasamos qué aportan estos datos para anticipar el riesgo en la temporada cálida.

Argentina entra en la temporada cálida con un El Niño en pleno desarrollo. El Servicio Meteorológico Nacional ya había confirmado en agosto que el fenómeno ya estaba activo en el Pacífico ecuatorial, con una probabilidad cercana al 100 % de mantenerse hasta al menos el inicio de 207. En paralelo, la Organización Meteorológica Mundial anticipó que seguirá intensificándose hasta alcanzar la categoría de evento fuerte. Con ese escenario de fondo, una pregunta gana peso en el sistema sanitario: qué puede significar este El Niño para el dengue, una enfermedad cuyos brotes en el país se concentran entre noviembre y mayo.
La primavera puede dejar una señal del riesgo de dengue del verano siguiente. Combinar esa información con El Niño y las condiciones locales podría ayudar a orientar la prevención.
Un estudio reciente ofrece una de las respuestas más completas hasta ahora. El trabajo analizó 817.699 casos de dengue notificados en 473 departamentos del norte y centro de Argentina entre 2009 y 2025, es decir, 17 años de registros epidemiológicos. La investigación está disponible como preprint en Research Square. Sus resultados indican que los años con El Niño tuvieron un riesgo marcadamente mayor de dengue, independientemente del clima de cada estación, y que la temperatura de la primavera anterior mostró una relación no lineal con la transmisión posterior. También encontraron que las temperaturas más altas y la mayor humedad relativa del verano en curso se asociaron con más riesgo, y que las poblaciones que viven cerca de basurales estuvieron más expuestas.

Los resultados todavía tienen que pasar un filtro decisivo. El trabajo es un preprint y aún no superó la revisión por pares: está en evaluación en la revista International Journal of Health Geographics, que en septiembre pidió cambios a los autores. El propio estudio marca además hasta dónde llega su modelo, que identificó con fiabilidad los departamentos y años de mayor riesgo, incluida la epidemia récord de 2024, pero tuvo más dificultades para estimar la magnitud de los brotes. Su fortaleza está en señalar dónde y cuándo crece el riesgo, no en predecir cuántos casos habrá.
Por qué la primavera importa: el mosquito y el efecto de arrastre
El Aedes aegypti es un insecto ectotérmico: no regula su temperatura corporal, y por eso el ambiente marca el ritmo de su desarrollo. Con más calor, las larvas se desarrollan más rápido y el ciclo reproductivo de la hembra se acorta. Un análisis publicado en The Lancet Planetary Health, señala que el tiempo entre que una hembra se alimenta de sangre y deposita sus huevos pasa de siete días a 24 °C a cinco días a 30 °C. Más ciclos en menos tiempo implican más mosquitos y más oportunidades de transmisión del virus.

Aquí aparece el hallazgo más interesante del estudio argentino. La temperatura de la primavera anterior mostró un efecto de arrastre sobre la transmisión que llega después, y esa relación no es lineal. Esto significa que no se puede reducir a una regla simple del tipo "más calor en primavera, proporcionalmente más dengue en verano": el efecto cambia según el rango de temperaturas. Lo relevante es que las condiciones de la estación previa ya dejan una señal medible antes de que empiece el pico de casos, y eso es justamente lo que abre la puerta a anticipar el riesgo. La idea de que las estaciones de transición influyen en el dengue tiene antecedentes en el país.

Un estudio publicado en 2018 en la revista PeerJ encontró que la temperatura del otoño era la variable mejor asociada a los patrones de dengue en Argentina, y propuso que los otoños templados favorecen un banco de huevos más grande, del que resurge la población adulta en primavera. Ese mismo trabajo observó que ciertas condiciones térmicas de primavera también favorecían los brotes, aunque, con datos de 1999 a 2016, no halló relación entre El Niño y el dengue. Que la nueva investigación sí detecte esa asociación muestra cómo la evidencia evoluciona a medida que se suman años de registros. En la misma línea, otro preprint publicado en medRxiv, que analizó datos de 2018 a 2024, encontró que la fase El Niño se asoció de forma independiente con los brotes en el país, y que el riesgo aumentó con temperaturas medias mensuales de entre 20 y 30 °C durante las fases El Niño y neutral.
Qué puede aportar esta información para la temporada 2026-2027
Un punto clave para leer bien estos resultados es que El Niño no significa una primavera más cálida en todo el país. El pronóstico climático del SMN para octubre, noviembre y diciembre prevé mayores probabilidades de lluvias superiores a lo normal en el centro y el Litoral, y temperaturas inferiores a lo normal en Cuyo, Córdoba, el oeste de Santa Fe, La Pampa y el oeste bonaerense. En cambio el organismo anticipa temperaturas normales o superiores a lo normal en el centro-oeste de Chaco y Formosa, el este de Salta y Santiago del Estero. Por eso tiene valor que el estudio separe el efecto de El Niño del clima estacional: el riesgo no depende de una sola variable, sino de cómo se combinan en cada región.

La evidencia internacional apunta en la misma dirección. El estudio de The Lancet Planetary Health analizó más de 18,8 millones de casos de dengue en 1.237 localidades de 21 países entre 2000 y 2019, y estimó que el riesgo aumentó un 23,70 % por cada desviación estándar en la intensidad de El Niño del Pacífico oriental. Por su parte, un trabajo publicado en Nature Communications, con datos de 57 países de América y Asia entre 1980 y 2024, atribuyó a las fluctuaciones de El Niño-Oscilación del Sur el 63 % de la variación interanual de los casos. Aun así, el clima no actúa solo: la circulación del virus en países vecinos, la acumulación de agua en recipientes y factores urbanos como la cercanía a basurales también pesan, como muestran tanto el estudio de PeerJ como la nueva investigación.
La utilidad práctica de estos trabajos está en el tiempo que ganan. Los autores del preprint sostienen que los mapas bayesianos de riesgo pueden orientar la prevención focalizada y los sistemas de aviso temprano estacionales, sobre todo en la frontera sur de transmisión, que avanza a medida que el mosquito se establece en provincias templadas. Conocer con semanas de antelación qué departamentos combinan El Niño, una primavera favorable y condiciones locales de riesgo permite reforzar antes la eliminación de criaderos, la vigilancia y la vacunación. En ese sentido, el Ministerio de Salud de la Nación definió una estrategia de vacunación focalizada en los departamentos con mayor incidencia, dirigida a personas de 15 a 39 años en provincias del NOA, NEA y Centro. La meteorología no puede decir cuántos casos habrá, pero sí ayuda a decidir dónde conviene llegar primero.
Referencias de la noticia
Yunyu Tian, Yiting Xu, Yilin Liang, Ziqin Zhou, Katie M. Susong, Yuyang Chen, Kishen Joshi, Amy M. Campbell, Ahyoung Lim, Qiushi Lin, Zixuan Ma, Yuanlong Wei, Yun Yang, Cheng Sun, Juan Feng, Qixin He, Zengmiao Wang, Bernard Cazelles, Yuanfang Guo, Kai Liu, Oliver J. Brady & Huaiyu Tian. (2025). Rising dengue risk with increasing El Niño–Southern Oscillation amplitude and teleconnections.
Guoao Li, Peng Lu, Philip Weinstein, Aleš Urban, Shilu Tong, Niilo Ryti. The burden of El Niño–Southern Oscillation-related dengue attributable to anthropogenic climate change: a multicountry modelling study.
Anibal E. Carbajo, Maria V. Cardo, Pilar C. Guimarey, Arturo A. Lizuain, Maria P. Buyayisqui, Teresa Varela, Maria E. Utgés, Carlos M. Giovacchini, Maria S. Santini. Is autumn the key for dengue epidemics in non endemic regions? The case of Argentina.