El agro entra en su momento más delicado: por qué las lluvias de marzo serán decisivas para la soja y el maíz
Con mejoras hídricas tras las últimas precipitaciones, el campo argentino sostiene sus proyecciones, pero millones de toneladas dependen ahora de cómo se comporte el clima en marzo.

El agro argentino ingresa en el tramo más sensible de la campaña 2025/26. Tras las lluvias de febrero que mejoraron los perfiles de humedad en amplias zonas del país, el escenario productivo se estabilizó, pero no quedó cerrado. Marzo aparece ahora como el mes que puede consolidar la recuperación o marcar un techo definitivo para la soja y el maíz.
El último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires confirma que las precipitaciones recientes fortalecieron la condición hídrica de los cultivos a nivel nacional. Sin embargo, también advierte que más de la mitad de la soja se encuentra en plena definición de rendimiento y que el maíz tardío atraviesa su período crítico, etapas donde el agua es determinante.
La soja mejora, pero más de la mitad está en etapa crítica
Las lluvias registradas en los últimos días permitieron un incremento de 7 puntos porcentuales en la condición hídrica Óptima/Adecuada de la soja. Actualmente, el 74 % del área implantada presenta un estado entre Normal y Excelente, un dato que aporta alivio tras un enero marcado por restricciones hídricas y eventos de calor.
La soja de segunda también muestra señales positivas, con una mejora de 8 puntos porcentuales en condición hídrica Óptima/Adecuada y de 6 puntos en condición Normal/Excelente. No obstante, el margen sigue ajustado en regiones donde febrero dejó acumulados inferiores a la media, especialmente en sectores de la región núcleo que no superaron los 80 mm.
Desde el análisis regional de la Bolsa de Comercio de Rosario se remarca que el promedio de febrero alcanzó 103 mm frente a una media histórica cercana a 120 mm, con fuertes contrastes territoriales. Allí, el 30% del área quedó con reservas limitadas y depende directamente de lo que ocurra en marzo.
Comienza la cosecha de maíz, pero el tardío necesita agua
El maíz temprano ya empieza a mostrar números concretos. El avance nacional de cosecha alcanza el 3,6% del área apta, con rindes promedio de 66,6 qq/ha y picos de 70,7 qq/ha en el Centro-Norte de Santa Fe.
En paralelo, el maíz tardío experimentó una mejora intersemanal de 6,6 puntos porcentuales en condición hídrica. El dato adquiere especial relevancia porque el 94,1% de los planteos se encuentra desde panojamiento en adelante, una fase donde la disponibilidad de agua define el potencial final.
MAÍZ ENANO EN ALTA DENSIDAD
— Nalo Lugo (@nalolugo) February 27, 2026
FS: 2da quincena Enero
Híbrido: DK 501 sc
Densidad: 135,000 semillas/ha
Riego: Goteo
A pesar de ser tardío, me gusta para apostarle a más de 15,000 kg/ha, ya veremos si el clima en la etapa reproductiva nos permite lograrlo
Angostura, Sinaloa pic.twitter.com/TCcVE9bmsY
Actualmente, el 87,6% del área presenta una condición entre Normal y Excelente. Bajo este escenario, la proyección nacional se mantiene en 57 millones de toneladas, aunque el resultado definitivo dependerá de la continuidad de las lluvias y de la ausencia de extremos térmicos.
Girasol y sorgo: rindes firmes, pero nada esta definido
El girasol ya tiene cosechado el 31 % del área apta, con un adelanto interanual de más de 20 puntos porcentuales. En varias regiones los rindes superan el promedio del último quinquenio y, en Córdoba, incluso se ubican por encima del máximo histórico. La proyección nacional continúa en 6,2 millones de toneladas.

En cuanto al sorgo granífero, finalizó la siembra de las 900.000 hectáreas previstas y los lotes más adelantados se acercan al inicio de cosecha. El 85,8 % del área presenta condición Normal a Excelente, mientras en el centro y sur del área agrícola el cultivo transita etapas reproductivas a la espera de lluvias que acompañen el llenado de granos.
Marzo: el mes que puede inclinar la balanza productiva
El alivio de febrero cambió el humor del campo, pero no eliminó la vulnerabilidad: en muchas regiones los perfiles hídricos se recompusieron, aunque sin alcanzar los niveles excepcionales del año pasado. La diferencia entre una campaña que consolide 48,5 millones de toneladas de soja y 57 millones de maíz, o una que recorte esas cifras, puede estar en la frecuencia y distribución de las lluvias de marzo.
No se trata solo del volumen acumulado, sino de su oportunidad. Lluvias moderadas y bien distribuidas pueden sostener el llenado de granos y estabilizar los rindes. En cambio, eventos aislados, excesos localizados, granizo o una ola de calor tardía podrían alterar el resultado.
El agro argentino entra así en su momento más delicado. Con gran parte de la superficie en etapas críticas y la cosecha recién comenzando en maíz, marzo aparece como el mes bisagra que definirá si el alivio hídrico se transforma en consolidación productiva o si la campaña 2024/25 queda marcada por un techo más bajo del esperado.