El Niño, hepatitis y cambio climático: la conexión invisible que puede enfermar a comunidades enteras

El Día Mundial contra la Hepatitis pone el foco sobre una enfermedad que también habla del ambiente: agua segura, inundaciones, saneamiento y desigualdad pueden definir quién queda expuesto.

Las inundaciones de 2022 en Pakistán son el más claro ejemplo del vínculo entre la desigualdad, el ambiente, el cambio climático, las inundaciones, el agua contaminada y enfermedades como la hepatitis
Las inundaciones de 2022 en Pakistán son el más claro ejemplo del vínculo entre la desigualdad, el ambiente, el cambio climático, las inundaciones, el agua contaminada y enfermedades como la hepatitis

Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis.

La fecha recuerda el nacimiento de Baruch Blumberg, descubridor del virus de la hepatitis B y Nobel de Medicina. Pero detrás de la efeméride aparece una historia que trasciende hospitales y laboratorios: algunas hepatitis también están estrechamente relacionadas con el ambiente.

Existen cinco grandes virus de hepatitis —A, B, C, D y E— y no todos se transmiten igual. Mientras B, C y D pueden producir infecciones crónicas, las hepatitis A y E tienen otra particularidad: pueden propagarse por vía fecal-oral, principalmente mediante agua o alimentos contaminados.

Ahí es donde clima, infraestructura y desigualdad empiezan a cruzarse.

Cuando baja el agua, el peligro puede quedarse

Una inundación no transporta solamente agua. Al desbordarse ríos, colapsar desagües o mezclarse aguas residuales con fuentes de abastecimiento, microorganismos procedentes de materia fecal pueden alcanzar lugares donde antes no estaban.

Una revisión sistemática publicada en 2026, que analizó 71 estudios, encontró que las inundaciones se asocian consistentemente con un aumento de infecciones transmitidas por el agua, incluidas las hepatitis A y E.

Millones de personas permanecen sin diagnosticar, sin tratar o sin acceso a la atención a la hepatitis debido al estigma, la falta de conciencia y las desigualdades persistentes.

Esto no significa que el cambio climático “cause hepatitis”. La relación es más compleja. Un planeta más cálido puede modificar la frecuencia e intensidad de algunos eventos hidrometeorológicos extremos y, donde existen sistemas de agua y saneamiento vulnerables, aumentar las oportunidades para que un fenómeno meteorológico se transforme en una emergencia sanitaria.

El mecanismo funciona casi como una cadena: lluvia extrema, inundación, contaminación del agua, exposición humana. Pero cada eslabón importa. Con infraestructura robusta, vigilancia epidemiológica y acceso a agua segura, esa cadena puede cortarse.

El verdadero multiplicador del riesgo

Por eso, dos barrios bajo la misma inundación pueden atravesar realidades sanitarias completamente distintas. Tener agua potable, cloacas, vivienda segura y acceso rápido al sistema de salud cambia radicalmente lo que ocurre después del evento.

El tiempo y el clima actúan entonces sobre vulnerabilidades preexistentes. Allí aparece la desigualdad: las poblaciones con menor acceso a saneamiento y servicios sanitarios suelen quedar más expuestas y, al mismo tiempo, disponer de menos recursos para recuperarse.

"Solo tenemos una vida, y solo tenemos un hígado; la hepatitis puede destruir ambos", frase, impulsada por la O.Cerca del 3 % de la población del planeta vive con hepatitis B o C.
"Solo tenemos una vida, y solo tenemos un hígado; la hepatitis puede destruir ambos", frase, impulsada por la O.Cerca del 3 % de la población del planeta vive con hepatitis B o C.

En Argentina, la cuestión tampoco es lejana. Durante 2025 las autoridades sanitarias advirtieron un aumento de casos de hepatitis A y la vigilancia epidemiológica continuó durante 2026. La prevención vuelve así a conectar dos mundos que solemos mirar por separado: salud pública y ambiente.

El Día Mundial contra la Hepatitis deja entonces una enseñanza que excede al hígado. Frente a un clima cambiante, construir resiliencia también significa garantizar agua segura, saneamiento, vacunación, vigilancia epidemiológica y sistemas de salud capaces de anticiparse. Porque una inundación termina cuando el agua se retira; sus consecuencias sanitarias, no necesariamente.