El Niño, hepatitis y cambio climático: la conexión invisible que puede enfermar a comunidades enteras
El Día Mundial contra la Hepatitis pone el foco sobre una enfermedad que también habla del ambiente: agua segura, inundaciones, saneamiento y desigualdad pueden definir quién queda expuesto.

Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis.
La fecha recuerda el nacimiento de Baruch Blumberg, descubridor del virus de la hepatitis B y Nobel de Medicina. Pero detrás de la efeméride aparece una historia que trasciende hospitales y laboratorios: algunas hepatitis también están estrechamente relacionadas con el ambiente.
Existen cinco grandes virus de hepatitis —A, B, C, D y E— y no todos se transmiten igual. Mientras B, C y D pueden producir infecciones crónicas, las hepatitis A y E tienen otra particularidad: pueden propagarse por vía fecal-oral, principalmente mediante agua o alimentos contaminados.
Ahí es donde clima, infraestructura y desigualdad empiezan a cruzarse.
Cuando baja el agua, el peligro puede quedarse
Una inundación no transporta solamente agua. Al desbordarse ríos, colapsar desagües o mezclarse aguas residuales con fuentes de abastecimiento, microorganismos procedentes de materia fecal pueden alcanzar lugares donde antes no estaban.

Una revisión sistemática publicada en 2026, que analizó 71 estudios, encontró que las inundaciones se asocian consistentemente con un aumento de infecciones transmitidas por el agua, incluidas las hepatitis A y E.
Esto no significa que el cambio climático “cause hepatitis”. La relación es más compleja. Un planeta más cálido puede modificar la frecuencia e intensidad de algunos eventos hidrometeorológicos extremos y, donde existen sistemas de agua y saneamiento vulnerables, aumentar las oportunidades para que un fenómeno meteorológico se transforme en una emergencia sanitaria.
El mecanismo funciona casi como una cadena: lluvia extrema, inundación, contaminación del agua, exposición humana. Pero cada eslabón importa. Con infraestructura robusta, vigilancia epidemiológica y acceso a agua segura, esa cadena puede cortarse.
El verdadero multiplicador del riesgo
Por eso, dos barrios bajo la misma inundación pueden atravesar realidades sanitarias completamente distintas. Tener agua potable, cloacas, vivienda segura y acceso rápido al sistema de salud cambia radicalmente lo que ocurre después del evento.
El tiempo y el clima actúan entonces sobre vulnerabilidades preexistentes. Allí aparece la desigualdad: las poblaciones con menor acceso a saneamiento y servicios sanitarios suelen quedar más expuestas y, al mismo tiempo, disponer de menos recursos para recuperarse.

En Argentina, la cuestión tampoco es lejana. Durante 2025 las autoridades sanitarias advirtieron un aumento de casos de hepatitis A y la vigilancia epidemiológica continuó durante 2026. La prevención vuelve así a conectar dos mundos que solemos mirar por separado: salud pública y ambiente.
️ Hepatitis C en #Argentina: ocho de cada diez personas diagnosticadas no reciben tratamiento
— MendoVoz (@mendovozok) July 26, 2026
Especialistas advierten sobre las barreras en el acceso a la salud y recuerdan que se trata de una infección silenciosa pero curable con terapias oraleshttps://t.co/EZyxuwC8uB
El Día Mundial contra la Hepatitis deja entonces una enseñanza que excede al hígado. Frente a un clima cambiante, construir resiliencia también significa garantizar agua segura, saneamiento, vacunación, vigilancia epidemiológica y sistemas de salud capaces de anticiparse. Porque una inundación termina cuando el agua se retira; sus consecuencias sanitarias, no necesariamente.