El río Paraná cambió su forma tras una histórica sequía: cómo responderá a las crecidas de El Niño muy intenso 2026/27

La sequía pronunciada de los últimos años dejó brazos cerrados, nuevos bancos de arena y márgenes vulnerables. Con El Niño fortaleciéndose y una crecida en marcha, ¿cómo responderá ahora el Paraná?

Una nueva crecida frente a este El Niño 2026/27, no necesariamente encontrará el mismo río que existía antes de la sequía histórica, y esto puede traer serios problemas.
Una nueva crecida frente a este El Niño 2026/27, no necesariamente encontrará el mismo río que existía antes de la sequía histórica, y esto puede traer serios problemas.

El río Paraná no es un cauce de geometría fija. Es un sistema dinámico de canales, islas, lagunas y humedales que cambia continuamente por la erosión, el transporte de sedimentos y las variaciones de caudal.

La bajante extraordinaria de 2019-2022 alteró ese equilibrio. La exposición prolongada del lecho permitió que bancos arenosos fueran colonizados por vegetación, mientras numerosos cursos secundarios perdieron conectividad.

Por eso, una nueva crecida no necesariamente encontrará el mismo río que existía antes de la sequía. Los cambios en su morfología pueden modificar localmente la circulación del agua y la distribución de sedimentos.

Un río con nuevos bancos, islas y canales cerrados

Investigaciones de la Universidad Nacional del Litoral y del Instituto Geográfico Nacional, documentaron el estrechamiento y cierre de brazos secundarios durante la bajante. Algunos bancos de arena se consolidaron mediante el crecimiento de hierbas, arbustos y árboles.

El geomorfólogo Carlos Ramonell, investigador de la UNL, explicó en diciembre de 2021 que numerosos brazos menores habían quedado cerrados y que cerca del 80 % de los cauces secundarios más alejados había dejado de funcionar transitoriamente.

Científicos documentaron el estrechamiento y cierre de brazos secundarios durante la bajante del río Paraná.
Científicos documentaron el estrechamiento y cierre de brazos secundarios durante la bajante del río Paraná.

Sin embargo, el cauce principal conservó sus características morfológicas básicas. La transformación fue especialmente significativa en la red secundaria, donde la sedimentación y la vegetación modificaron la conectividad de los humedales.

Sedimentos, troncos y vegetación: los obstáculos acumulados

Un estudio del Laboratorio de Hidráulica del INA sobre el Bajo Delta analiza la sedimentación progresiva de los canales. En el arroyo Carapachay, la modelación identifica sectores de baja velocidad donde se favorece el depósito de materiales.

Por ejemplo, las áreas antes ocupadas por agua o playas de arena limpia fueron ocupadas masivamente por vegetación oportunista, principalmente alisales y sauzales.

La vegetación que ganó terreno tras la sequía histórica, puede aumentar la resistencia al flujo y alterar la circulación en cursos estrechos del Paraná.
La vegetación que ganó terreno tras la sequía histórica, puede aumentar la resistencia al flujo y alterar la circulación en cursos estrechos del Paraná.

En las zonas estancadas o de bajo flujo, crecieron tupidas mantas de macrófitas acuáticas, como camalotes por ejemplo, que entramaron restos vegetales y escombros.

La vegetación echó raíces profundas en los bancos de arena. Esto consolidó los sedimentos sueltos, convirtiendo bancos de arena móviles e inestables en islas permanentes o semicoloniadas con mayor resistencia a la erosión.

La reducción de la capacidad de arrastre hidrodinámico provocó una reducción de la "limpieza" del fondo del río. Esto favoreció el asentamiento de sedimentos finos (limos y arcillas), escombros urbanos en zonas portuarias/costeras y restos de antiguas estructuras sumergidas que quedaron expuestas.

El efecto de la vegetación, ramas, troncos y residuos sobre la rugosidad hidráulica, pueden aumentar la resistencia al flujo y alterar la circulación en cursos estrechos.

Si bien no existe una cuantificación general de escombros de construcción acumulados por la sequía actualmente, la evidencia más sólida corresponde a sedimentos y materiales vegetales; tampoco permite atribuir este cambio exclusivamente al período de sequía 2020-2022.

Barrancas erosionadas y márgenes más vulnerables

La bajante también afectó la estabilidad de las barrancas. Investigaciones publicadas en la edición especial de Cuadernos del CURIHAM registraron derrumbes en Rosario, Puerto Gaboto y Sauce Viejo durante el período crítico.

Cuando desciende pronunciadamente el nivel del río, puede mantenerse una presión elevada del agua subterránea dentro de la barranca. Ese desequilibrio, combinado con erosión en la base y características del suelo favorece desprendimientos.

Las islas recién formadas y la densidad de vegetación consolidada actúan como frenos hidráulicos (aumento del coeficiente de rugosidad). Al ofrecer mayor resistencia al paso del agua, reducen la velocidad del flujo en sectores estrechos y pueden generar recrecimientos locales del nivel del agua más altos de lo previsto para un determinado caudal.

Imágenes del río Paraná en el área de la ciudad de Santa Fe en la sequía de 2021. Fuente CONAE.
Imágenes del río Paraná en el área de la ciudad de Santa Fe en la sequía de 2021. Fuente CONAE.

Ante nuevas crecidas, como las que vamos a estar atravesando durante El Niño 2026/27 que se intensifica, las corrientes pueden erosionar sectores debilitados y transportar materiales desprendidos. Durante un descenso rápido posterior, también puede aumentar la inestabilidad de algunos taludes.

El río tiende a "reconquistar" sus cauces originarios. Sin embargo, la presencia de sedimentos consolidados por vegetación fuerza al Paraná a abrir nuevos brazos o profundizar canales secundarios, generando procesos de erosión de márgenes acelerada e inestabilidad en las rutas de navegación del canal troncal.

El Niño 2026/27: regresan las crecidas sobre un escenario que ha cambiado

El Niño ya está establecido. El 8 de octubre, la NOAA estimó una probabilidad superior al 83 % de que mantenga intensidad fuerte o muy fuerte hasta el trimestre enero-marzo de 2027.

El pronóstico oficial del Servicio Meteorológica Nacional (SMN) indica que, esta situación favorece, como ya sabemos, a la ocurrencia de precipitaciones más frecuentes y superiores a las normales, durante octubre-diciembre en la Mesopotamia y otras áreas de la Cuenca del Plata. Sin embargo, la intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de una inundación.

El cambio hidrológico ya es evidente: el 23 de octubre, el INA registró 7.42 metros en Corrientes y 7.30 en Barranqueras, ambos por encima de sus niveles de evacuación. Más al sur, Rosario permanecía en aguas medias, con 3.57 metros y tendencia ascendente.

¿Cómo puede responder el "nuevo" Paraná a las crecidas?

El incremento de caudal podría reactivar brazos secundarios, erosionar depósitos recientes y transportar sedimentos y restos vegetales. Pero donde existan bancos consolidados u obstrucciones, la corriente también podría redistribuirse hacia otros sectores.

Reporte hidrometeorológico diario de la Cuenca del Plata (23-10-2026). Fuente: INA
Reporte hidrometeorológico diario de la Cuenca del Plata (23-10-2026). Fuente: INA

La modelación del INA demuestra que pequeños cambios de desnivel pueden modificar sensiblemente las velocidades y tensiones sobre el fondo de ciertos canales del Delta. Por eso, una crecida puede producir simultáneamente erosión en algunos sectores y nueva sedimentación en otros.

El riesgo principal es que la transformación del cauce genere respuestas locales diferentes de las históricas. Evaluarlas exige batimetrías actualizadas (la batimetría es la ciencia y técnica que mide la profundidad de los fondos de cuerpos de agua).

El material biológico acumulado y los sedimentos atrapados pueden ser arrastrados aguas abajo en gran volumen generando grandes riesgos. La masa móvil de troncos, escombros y vegetación flotante representa un riesgo para tomas de agua, pilas de puentes, muelles portuarios y embarcaciones.

Imágenes satelitales y monitoreo continuo del dragado en el canal de navegación, las defensas urbanas costeras, y la dinámica de las islas, serán sumamente necesarios frente a los grandes caudales de agua, para evitar que zonas urbanas y rurales queden expuestas a inundaciones y desastres.

La crecida prevista para noviembre, por ejemplo, será una prueba importante, pero todavía no puede determinarse cuánto del paisaje heredado de la sequía permanecerá o será remodelado.

Referencias de la noticia

Mazzón Rosana, et al. (2023). Impactos generados por la sequía 2019-2023 en la región del Litoral argentino.
Riccardi Gerardo, et al. (2024). Modelación hidrodinámica del Paraná, kilómetros 232-480, durante 2020-2022.
NOAA. (2026). Diagnóstico ENSO, 8 de octubre de 2026.