El super El Niño cambia tu consumo de pescado: el impacto en el mercado dispara la volatilidad de precios

Cuando se habla de El Niño, piensas en lluvias en Perú, sequías en Australia o en un fenómeno lejano. Pues su impacto real es mucho más cercano y lo acabas encontrando en el mercado.

El fenómeno de El Niño reduce el alimento y cambia la migración del pescado y esto tiene un impacto en lo que compramos y en lo que comemos
El fenómeno de El Niño reduce el alimento y cambia la migración del pescado y esto tiene un impacto en lo que compramos y en lo que comemos

Hay un fenómeno que surge en el océano Pacífico que termina afectando a qué pescado hay, dónde está, cuánto cuesta y cómo llega al mercado. El Niño es una fase del sistema climático conocido como ENSO (El Niño–Oscilación del Sur) que consiste en un calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial.

Ese calentamiento debilita los vientos alisios y reduce el afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes, que son la base de la productividad marina. Sin ese aporte, disminuye el fitoplancton y se altera toda la cadena alimentaria. Esto implica menos nutrientes implica menos plancton, menos plancton implica menos peces, y menos peces implica cambios en todo el sistema pesquero global.

Estos episodios no tienen una fecha fija. Suelen aparecer cada pocos años, desarrollarse durante varios meses y alcanzar su intensidad máxima entre finales de año y el invierno. Como referencia reciente, venimos de una fase larga de La Niña entre 2020 y 2023, y el episodio actual de El Niño comenzó a formarse en 2023 y ha extendido sus efectos hasta 2026. Esto es importante porque sus consecuencias en el mar y en el mercado pueden durar más que el propio fenómeno.

El Niño lo cambia todo

No pensemos que El Niño provoca simplemente escasez. En realidad, lo que ocurre es una redistribución del ecosistema marino. Algunas especies desaparecen de zonas habituales, otras se desplazan a aguas más frías o profundas y otras cambian su abundancia según la región. El sistema no se detiene, pero sí se reorganiza.

Por eso, el impacto en consumo no es solo cuánto pescado hay, sino dónde está disponible y en qué condiciones llega al mercado.

Dos pescados sufriendo el impacto

La anchoveta peruana es el ejemplo más claro. Depende directamente de aguas frías ricas en nutrientes de la corriente de Humboldt, por lo que con El Niño su disponibilidad cae de forma importante, se van a mayor profundidad y se desplaza a zonas menos accesibles para la pesca.

La anchoveta de Perú, imprescindible para alimento en acuicultura, es quien más sufre el impacto de El Niño afectando a varios sectores
La anchoveta de Perú, imprescindible para alimento en acuicultura, es quien más sufre el impacto de El Niño afectando a varios sectores

Es la especie más importante del mundo en volumen de pesca y la base de algo clave: la harina y el aceite de pescado, así que esto no solo afecta a la pesca directa, sino a toda la cadena industrial, especialmente en acuicultura donde esta harina de pescado es crítica.

El atún también está afectado, aunque de otra forma. No desaparece, pero el aumento de temperatura hace que cambie sus rutas migratorias, se desplace a otras zonas o a mayor profundidad. Esto complica su captura y genera mayor variabilidad en la oferta y en los precios.

El cambio que modifica el mercado

Cuando cambia el océano, cambia el mercado. La menor estabilidad en las capturas genera volatilidad en los precios, dependencia de importaciones y sustitución de especies.

Nosotros apenas lo percibimos, pero el mercado ha cambiado
Nosotros apenas lo percibimos, pero el mercado ha cambiado

Sin embargo, el consumidor rara vez lo relaciona con el tiempo o el clima. Lo percibe como una subida de precio o como la ausencia de un producto habitual.

Pero el origen es otro: el clima está condicionando la economía alimentaria sin que se perciba de forma directa.

La adaptación de la industria

El pescado no es siempre igual. Su composición depende del entorno en el que vive, igual que todos los animales. En ambientes cálidos tienen menos grasa porque no necesitan protegerse del frío y al revés.

Cuando El Niño altera ese entorno, cambian aspectos como el contenido graso del que hablábamos, si no también la textura o el tamaño. Esto obliga a la industria a adaptar procesos, ajustar formulaciones y trabajar con una materia prima más variable.

En la práctica, esto significa que el clima no solo afecta a la cantidad disponible, sino también a la calidad tecnológica del producto.

El consumidor: adapta sin saberlo

Desde fuera parece que todo sigue igual. Pero no.

El consumidor cambia sin darse cuenta: elige otras especies, paga más o reduce consumo en algunos casos. Son ajustes silenciosos que responden a lo que el sistema permite en cada momento.

No es una decisión consciente. Es una adaptación. Y no queda otra.