Filtraciones de verano: 5 factores que provocan fisuras en terrazas y balcones y cómo prevenirlas
Las intensas lluvias pueden afectar elementos de construcción en terrazas y balcones, generando filtraciones y desmoronamientos. Claves para evitar consecuencias graves.

El verano no da tregua en Argentina. Días de sol intenso, temperaturas que superan los 35° y tormentas breves -pero violentas y, muchas veces, repentinas- se combinan en un cóctel que pone a prueba a cualquier vivienda.
Es precisamente en este contexto que techos, terrazas, balcones y fachadas quedan expuestos a un nivel de exigencia térmica que muchas veces pasa desapercibido. Y que quedan evidencia cuando ya es demasiado tarde y aparecen las malditas e indeseadas filtraciones.
De hecho, los especialistas coinciden en que la mayoría de los problemas de humedad que se detectan durante la temporada estival no surgen de un día para el otro. De hecho, son el resultado de semanas -o hasta meses- de desgaste silencioso.
Durante ese proceso, los materiales se dilatan con el calor y se contraen cuando baja la temperatura. Ello lleva a que pierden elasticidad y terminen desarrollando fisuras que, en un principio, pueden ser casi invisibles. Pero el paso del tiempo acrecienta estos problemas, y las consecuencias pueden ser más que graves.
El paso del tiempo, la falta de mantenimiento y los daños de las filtraciones
Una investigación publicada recientemente en el sitio especializado Sustainability (MDPI) analizó los efectos del cambio climático sobre materiales de fachada. Allí se concluyó que las variaciones extremas de temperatura, de humedad y de radiación -cada vez más frecuentes durante el veranos- incrementan la degradación de recubrimientos, selladores y estructuras exteriores, favoreciendo la aparición de microfisuras y fallas prematuras.

Todo ello acorta la vida útil de muchas superficies exteriores.
Según resaltan expertos de la firma de productos químicos para la construcción Mapei, el calor extremo genera movimientos constantes en las estructuras. Y si esos movimientos no están acompañados por materiales elásticos y sistemas adecuados, aparecen fisuras, desprendimientos y filtraciones.
El problema es que muchas de estas fallas se desarrollan sin señales evidentes, y salen a la luz una vez que el agua ya ha logrado filtrarse.
No obstante, el mantenimiento es clave en la prevención. Y es que antes de que la humedad avance, suelen aparecer indicios tempranos que conviene no ignorar. Ellos son, por ejemplo, líneas capilares en revoques, zonas con craquelado, desprendimientos granulares, juntas que se retraen o sellados que ya no acompañan el movimiento natural de la superficie.
Estos síntomas son especialmente frecuentes en orientaciones oeste, donde el sol castiga durante horas y cualquier lluvia intensa posterior actúa como un verdadero shock térmico.
Como reducir riesgos y evitar daños por filtraciones de agua en viviendas
Para reducir riesgos y evitar daños mayores, los especialistas señalan cinco factores clave a tener en cuenta durante el verano.
Revisar juntas y sellados antes de que llegue el calor intenso.
Los encuentros entre distintos materiales -carpinterías, barandas, bordes de losas o cambios de plano- suelen ser los primeros puntos débiles.

Una revisión temprana permite detectar microfisuras y corregirlas antes de las lluvias fuertes.
Identificar fisuras activas y actuar a tiempo
No todas las fisuras son iguales. Hay algunas que cambian de tamaño según la temperatura, y son ellas las que indican movimiento y requieren selladores elásticos.
Si ya permiten el paso de agua, la intervención debe ser inmediata para evitar que el problema avance hacia capas internas (y con daños potenciales mayores).
Reforzar superficies dañadas por la radiación UV
El sol degrada pinturas y revoques. Cuando estos materiales se resecan, aumentan su porosidad, facilitando de esta manera la absorción de humedad.

Limpieza, fijación y repintado con productos adecuados ayudan a recuperar la protección superficial óptima.
Estar atentos a frentes de losas, bordes y esquinas
Todas estas son zonas que concentran esfuerzos térmicos y donde suelen aparecer las primeras fisuras.
Un control periódico permite anticiparse a filtraciones que luego se manifiestan en cielorrasos o muros interiores.
Mantener drenajes y desagües despejados y en condiciones
Canaletas, rejillas y desagües obstruidos desvían el agua hacia lugares no previstos y, en consecuencia, no preparados para grandes cantidades de líquido.
En tormentas intensas, un drenaje deficiente puede generar filtraciones incluso en superficies que estaban en buen estado.

Según coinciden los expertos, muchas de las fallas más frecuentes están vinculadas a errores de aplicación. Entre estos desaciertos se destacan selladores colocados en horarios de calor extremo, productos rígidos usados en superficies con movimiento, juntas mal dimensionadas o materiales sin resistencia a los rayos UV.
Ante las condiciones extremas de los veranos (cada vez más crudas y con persistentes lluvias imprevisibles), es fundamental el mantenimiento preventivo. Sobre todo, para detectar señales tempranas de alerta y que uno de estos problemas se convierta en un dolor de cabeza más fuerte a futuro.