Récords de lluvias, de temperatura y de fuego en 2025: los impactantes datos que dejó el clima en Argentina

El balance climático de los primeros diez meses del año muestra extremos térmicos, precipitaciones fuera de lo común y regiones que siguen en sequía. El informe oficial del SMN pone números a un año intenso y deja pistas claras sobre el rumbo del clima en nuestro país.

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El 2025 fue un año de extremos y récords en Argentina

Monitorear el pulso de la atmósfera no es cualquier tarea de los meteorólogos; es un ejercicio de memoria científica. Con más de 150 años de datos, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) presentó, como lo hace cada año, el reporte preliminar del Estado del Clima, un documento que funciona como una radiografía de lo que vivimos en el año. Esta última entrega, resume los datos entre enero y octubre de 2025.

La información no solo confirma que el termómetro se movió entre extremos, sino que Argentina se consolidó dentro de una tendencia global de calentamiento que no da tregua.

Un país pasado de calor… con una pausa helada

La temperatura media nacional se ubicó por encima del promedio 1991-2020 y colocó a 2025, hasta ahora, como el cuarto año más cálido desde 1961. La anomalía estimada fue de +0,59 °C, un valor que no sorprende si se mira la tendencia de los últimos 15 años, donde el termómetro mostró un aumento sostenido y poco discreto.

El verano concentró buena parte de los titulares. Dos olas de calor intensas afectaron al centro y norte del país, con récords de temperaturas máximas y mínimas y un número llamativo de días por encima de los 40 °C. Febrero jugó fuerte: fue excepcionalmente cálido y rompió marcas históricas en decenas de localidades al norte de los 30°S. En Resistencia, una de esas olas duró 14 días, una persistencia que no se ve todos los veranos.

El contraste llegó en invierno, aunque con menos capítulos. Solo un evento de ola de frío se destacó a escala nacional, pero su extensión fue notable. Entre fines de junio y comienzos de julio, el aire polar avanzó desde la Patagonia hasta el norte argentino y dejó mínimas extremas, tardes que no superaron los 5 °C en varias ciudades y nevadas en provincias poco acostumbradas a ver copos.

En la Ciudad de Buenos Aires, la mínima cayó a -1,9 °C, el valor más bajo desde 1991. El fenómeno fue tan intenso que la nieve llegó a lugares poco frecuentes como San Luis, Córdoba, e incluso zonas de la provincia de Buenos Aires.

Entre fines de junio y principios de julio, una ola de frío de gran extensión cubrió el 65 % de las estaciones del país. Fue un ingreso de aire antártico que desplomó las temperaturas a niveles que no se veían hace años

A este combo térmico se sumó otro dato que no pasa desapercibido. Durante el verano, las estaciones de monitoreo en Buenos Aires y Mendoza registraron una frecuencia inusual de valores del índice ultravioleta (UV) en la categoría de riesgo extremadamente alto. Este dato transforma a la meteorología en un tema de salud pública. La intensidad de la radiación solar obliga a replantear los cuidados diarios, ya que el escudo atmosférico mostró niveles de exposición que superaron con creces los promedios habituales para nuestras latitudes.

Lluvias abundantes, pero mal repartidas

En promedio nacional, las precipitaciones entre enero y octubre superaron lo normal en un 10,2 %. Ese registro ubicó al período como el vigésimo segundo más lluvioso desde 1961 y convirtió a 2025 en el año más húmedo de los últimos ocho. Ahora bien, el promedio esconde contrastes.

Agosto sobresalió por ser extremadamente lluvioso en la franja central del país, con récords diarios y mensuales y acumulados poco habituales incluso para zonas áridas. Las inundaciones dejaron en claro que cuando llueve, a veces llueve de golpe. En otoño, episodios de precipitación diaria extrema golpearon al norte y sur bonaerense, al Litoral y al AMBA, con impactos materiales y sociales importantes.

  • Agosto histórico: la franja central de Argentina vivió un agosto extremadamente húmedo, con inundaciones y récords diarios.
  • Bahía Blanca: en marzo, esta ciudad bonaerense recibió 209.5 mm en un solo día, una cifra impactante que estuvo a nada de superar su récord absoluto de 1945.
  • Tormentas de mayo: entre el 15 y el 18 de mayo, un frente estacionario descargó entre 200 y 400 mm en el norte de Buenos Aires y Santa Fe, afectando seriamente al AMBA y localidades como Zárate y Campana.

Mientras tanto, el noroeste de la Patagonia atravesó condiciones de sequía persistente, que se intensificaron durante el invierno. La falta de lluvias vino acompañada de escasas nevadas, tanto en Patagonia como en Cuyo. En las cuencas cuyanas, la cobertura de nieve quedó muy por debajo del promedio histórico, un dato clave para anticipar problemas en la disponibilidad de agua durante la temporada cálida.

La nieve, ese reservorio vital para nuestros ríos, también brilló por su ausencia. En las cuencas de Cuyo, la superficie cubierta estuvo muy por debajo de la media histórica. En San Juan la disminución fue del 37 %, mientras que en provincias patagónicas como Chubut y Río Negro el déficit de nieve superó el 60 %.

La sequía también dejó su huella en números grandes: en enero, unas 114 millones de hectáreas estuvieron afectadas por la ausencia de lluvias. Aunque la situación mejoró en buena parte del país hacia el otoño, la Patagonia acumuló hasta 40 meses consecutivos de déficit hídrico, una anomalía de larga duración que afectó a unos 30 millones de hectáreas.

La economía y los ecosistemas sintieron el impacto. En el noreste del país, la combinación de falta de agua y calor extremo obligó a postergar la siembra de cultivos clave como el maíz y generó un fuerte estrés en el ganado, lo que afectó directamente la producción.

La Antártida, que funciona como regulador térmico de nuestra región, mostró una extensión de hielo marino muy por debajo de lo normal. Este retroceso del hielo antártico es una señal de alerta para el Cono Sur: sin ese "refrigerador" natural funcionando a pleno, los patrones de viento y humedad que llegan a nuestro territorio se alteran, favoreciendo eventos más extremos de temperaturas o de ausencia de lluvias.

El mapa de las llamas

La combinación de altas temperaturas y falta de humedad preparó el terreno para una actividad ígnea intensa. Los registros de focos de calor -un indicador clave para detectar incendios- mostraron picos alarmantes. El 27 de agosto fue el día más crítico del año, cuando se contabilizaron 2.284 focos de calor en una sola jornada.

En el balance por provincias, los números fueron contundentes:

  • Santa Fe lideró el ranking nacional: acumuló 30.962 focos, con un pico devastador durante el mes de agosto.
  • El Litoral y el Norte: Corrientes, Santiago del Estero, Chaco y Formosa superaron, cada una, los 10.000 registros.
  • Impacto en Córdoba: en octubre, los incendios al sur de Sierra Grande afectaron aproximadamente 6.000 hectáreas.

Incluso el inicio del año fue complejo para los bosques andino-patagónicos. En enero, Río Negro alcanzó su pico con 1.607 focos, asociados a los incendios que afectaron el centro-oeste de Bariloche. Estos datos exponen que, entre el cambio en los regímenes de lluvia y el aumento de la temperatura, el riesgo de incendios se convirtió en un desafío que ya no conoce de estaciones fijas.

El aire del fin del mundo ya no es tan puro como creíamos

El reporte también indicó que la estación de Ushuaia registró un aumento sostenido en los niveles de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y ozono superficial. Estos gases, protagonistas centrales del efecto invernadero, mantuvieron su tendencia alcista incluso en el aire más austral del continente.

Mientras tanto, en la Base Marambio, el monitoreo detectó concentraciones atípicamente elevadas de carbono negro. La aparición de este "hollín" en el corazón de la Antártida sugirió eventos episódicos de contaminación que lograron viajar largas distancias, demostrando que ni siquiera el continente blanco quedó a salvo de las partículas que generamos a miles de kilómetros de distancia.

Argentina en un mundo que se calienta

El informe del SMN concluyó que lo ocurrido en nuestro territorio guarda una estrecha relación con lo que pasa en el resto del planeta. A nivel global, 2025 se perfila para ser el segundo o tercer año más cálido de la historia.

El aumento de los gases de efecto invernadero y el calentamiento de los océanos siguen empujando los límites del sistema climático. En Argentina, este escenario se traduce en una mayor frecuencia de eventos extremos que desafían nuestra capacidad de adaptación y la planificación de nuestras actividades productivas.