Incendios forestales en Argentina: cuando la Patagonia arde y el clima echa leña al fuego
El fuego avanza en la Patagonia: clima extremo, sequía y malas decisiones humanas se combinan en una amenaza creciente para bosques, poblaciones y biodiversidad.

Cada verano, los incendios forestales vuelven a ocupar titulares en Argentina, pero en los últimos años la frecuencia y la intensidad ya no parecen excepcionales. El oeste de la Patagonia, región históricamente asociada al frío y a los bosques húmedos, hoy enfrenta escenas más propias de regiones áridas: humo, evacuaciones y brigadistas luchando contrarreloj.
En la provincia de Chubut, localidades como Lago Puelo y Puerto Patriada vivieron jornadas extremas por focos que obligaron a desalojos preventivos de vecinos y turistas, mientras brigadistas luchan contrarreloj para contener las llamas.
El fuego avanzó impulsado por altas temperaturas, baja humedad y vientos cambiantes, un combo que los especialistas comparan con “una chispa en un barril de pólvora”. Esto sucede en un contexto donde casi toda la Argentina está bajo alerta de peligro extremo de incendios, según los organismos oficiales.
Riesgo extremo en gran parte del país
El Servicio Meteorológico Nacional y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego declararon que 16 provincias, desde el norte hasta el sur argentino, enfrentan condiciones de riesgo extremo de incendios durante enero y febrero. Estas condiciones responden a un cóctel peligroso: altas temperaturas, humedad baja, viento y sequía persistente.
#Chubut Más de 230 combatientes trabajan para contener el incendio en Puerto Patriada, que continúa activo y afecta distintas áreas de vegetación, mientras se prioriza la protección de viviendas y la seguridad de pobladores y turistas.
— Comodoro24 (@infoComodoro24) January 6, 2026
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En Chubut, además de los focos cerca de Puerto Patriada, se reportan múltiples incendios en interfase —es decir, donde las zonas boscosas se encuentran con áreas habitadas— que amenazan viviendas, flora nativa y sectores turísticos. Las autoridades locales aplicaron prohibiciones totales de fuego, incluso en fogones habilitados, hasta al menos el 12 de enero, reforzando la prevención ante condiciones extremas.

La respuesta al fuego involucra brigadistas provinciales y nacionales, bomberos voluntarios, apoyo de aeronaves hidrantes y agencias municipales coordinadas. En Chubut, operan medios aéreos —aviones y helicópteros— para atacar focos activos y facilitar la evacuación segura de personas y animales.

Este despliegue recuerda que, aunque el calor y la sequía alimentan el riesgo, la acción humana (desde descuidos hasta decisiones ambientales cuestionadas) también juega un papel crítico en la generación y propagación de incendios.
Perspectivas futuras: ¿qué esperar?
La ciencia climática indica que las olas de calor serán más frecuentes y duraderas en la región, y los regímenes de lluvia más erráticos, con una marcada tendencia al déficit. Imaginá el paisaje como una esponja seca: cuanto más tiempo pasa sin mojarse, más fácil se enciende. Este escenario de calor y sequía prolongados representa un terreno fértil para nuevos incendios, aun sin que no haya una chispa inicial clara.
Climate change is reshaping landscapes around the world and those shifts are feeding back into the climate️
— World Resources Institute (@WorldResources) December 2, 2025
WRIs Craig Hanson and the University of Marylands Matt Hansen use forest fires as a clear illustration of how climate change and land change influence each pic.twitter.com/5moox9NyHw
Los informes recientes señalan que décadas de déficit de precipitaciones han dejado a los ecosistemas más vulnerables, especialmente en la Patagonia, donde los bosques andino-patagónicos —entre los más biodiversos del planeta— enfrentan un estrés hídrico inusual.
Estrategias que pueden cambiar el rumbo
Aunque las condiciones sean adversas, la prevención y adaptación climática pueden marcar la diferencia:
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Mejor planificación territorial, evitando asentamientos en zonas de alto riesgo.
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Campañas educativas y controles estrictos, para reducir fogatas y fuegos negligentes.
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Tecnología temprana para alerta de incendios y capacitación constante de brigadistas.
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Restauración ecológica para recuperar suelos y bosques severamente degradados.
La colaboración entre estados provinciales y el gobierno nacional, junto a las comunidades locales, será clave para planificar un futuro más resiliente.

Los incendios forestales no son solo eventos aislados: son síntomas de un clima más extremo y de prácticas humanas que requieren urgente revisión. La combinación de información, acción comunitaria y políticas ambientales reforzadas puede ayudar a que futuros veranos sean menos destructivos.