Fotos y videos del “hada rosa”, una de las especies animales más difíciles de encontrar y que fue vista en Argentina

Se trata de un ejemplar de menos de 11 centímetros de longitud y que pesa 100 gramos. Su color, que tiene un rol clave, le ha dado tan particular nombre.

Un ejemplar de pichiciego menor -también conocido como "hada rosa· fue filmado y fotografiado en Mendoza. Foto: Gentileza CONICET Mendoza
Un ejemplar de pichiciego menor -también conocido como "hada rosa· fue filmado y fotografiado en Mendoza. Foto: Gentileza CONICET Mendoza

Lo vivido en el silencio espeso e infinito del monte mendocino puede resumirse, literalmente, como un "cuento de hadas". Y es que un reciente registro fotográfico y de video logró captar a una de las especies más difíciles de ser vistas en Argentina -y en el mundo-, y que es conocida como el "hada rosa".

Se trata de un pichiciego menor (de la familia de los armadillos), prácticamente imperceptible para el ojo. Es su color y lo diminuto de su tamaño precisamente lo que le han dado este nombre popular. Y la noticia ha sido celebrada por investigadores, expertos y las autoridades ambientales de Mendoza.

Ermitaño e imperceptible, así fue vista "el hada rosa"

En la Reserva de Biósfera de Ñacuñán (en Santa Rosa, al este de la provincia de Mendoza), hay infinidad de vidas que transcurren sin testigos, que pasan desapercibidas como seres invisibles para el ojo y la rutina del humano (por fortuna, en muchos de esos casos).

Y el pichiciego menor, bautizado popularmente como el “hada rosa” es una de estas presencias mínimas y esenciales (porque, como dijo Antoine de Saint-Exupéry, "lo esencial es invisible a los ojos").

El reciente registro fotográfico de este diminuto armadillo dentro del área natural protegida mendocina volvió a despertar fascinación entre científicos, guardaparques y amantes de la naturaleza.

No es para menos, ya que observar a este animal es un privilegio raro, casi improbable.

La escena del hallazgo en sí también tuvo algo de descubrimiento íntimo, ya que el avistamiento se dio en medio de una de esas tranquilas y desérticas noches que suele regalar el campo Y fue registrada en fotografías y un breve video.

Un pequeño fantasma del desierto

Con apenas entre 7 y 11 centímetros de largo -y unos 100 gramos de peso-, el pichiciego es el armadillo más pequeño del mundo. Su caparazón rosado pálido -que parece translúcido bajo la luz- explica el apodo de “hada rosa", aunque su existencia está lejos de lo fantástico y más cerca de la realidad resiliente: es un especialista extremo en sobrevivir en ambientes áridos.

El pichiciego menor mide entre 7 y 11 cm, pesa apenas 100 gramos y sale poco de abajo de la tierra (por lo general, de noche). Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza.
El pichiciego menor mide entre 7 y 11 cm, pesa apenas 100 gramos y sale poco de abajo de la tierra (por lo general, de noche). Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza.

Su vida transcurre casi por completo bajo tierra. Excava galerías con una velocidad sorprendente y emerge solo en condiciones muy específicas, generalmente durante la noche.

Esa combinación de hábitos subterráneos y comportamiento reservado hace que, incluso expediciones científicas, pasen meses en el campo sin lograr un solo registro.

Por eso, cuando aparece, la satisfacción es comparable a la de encontrar una pieza perdida de un interminable rompecabezas ecológico.

Ñacuñán, refugio silencioso de biósfera

El avistamiento refuerza el valor de Ñacuñán como uno de los ecosistemas mejor conservados del monte mendocino. Ha sido reconocida por la UNESCO y sus 12.600 hectáreas de algarrobales y jarillales protegen no solo la flora nativa, sino también el tipo de suelo arenoso y compacto que el pichiciego necesita para construir sus túneles.

En la Reserva de Biósfera Ñacuñán, en el secano mendocino, viven miles de especies que resultan invisibles al ojo humano- Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza
En la Reserva de Biósfera Ñacuñán, en el secano mendocino, viven miles de especies que resultan invisibles al ojo humano- Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza

En estos paisajes, donde la supervivencia depende de equilibrios delicados, la presencia del animal funciona como una señal clara: el ecosistema mantiene su integridad.

El ingeniero invisible

Aunque su tamaño lo vuelva casi imperceptible, el pichiciego cumple funciones clave en los ambientes áridos. Su dieta basada en hormigas y larvas contribuye a regular poblaciones de insectos -una especie de controlador natural-, mientras que su actividad excavadora mejora la aireación del suelo y favorece la infiltración de agua, recurso crítico en regiones desérticas.

Las condiciones del sueño de Ñacuñán son óptimas para que los pichiciegos caven sus galerías subterráneas. Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza
Las condiciones del sueño de Ñacuñán son óptimas para que los pichiciegos caven sus galerías subterráneas. Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza

Su presencia también actúa como indicador biológico. Y es que, al precisar de suelos estables y sin perturbaciones mecánicas severas ni contaminación, significa que hay equilibrio donde vive.

Un tesoro frágil

En Mendoza, el pichiciego está protegido como Monumento Natural Provincial, una categoría que refleja su vulnerabilidad. La especie es extremadamente sensible al estrés y no sobrevive en cautiverio, lo que refuerza la importancia de su conservación en estado silvestre.

Las recomendaciones de las autoridades de Fauna Silvestre ante un eventual encuentro son claras: observar a distancia, evitar cualquier manipulación y dar aviso a las autoridades.

Más que un simple avistamiento

Este diminuto armadillo es el más pequeño del mundo y también uno de los más difíciles de observar. Habita en zonas áridas del centro del país, pasa casi toda su vida bajo tierra y solo emerge de noche para desplazarse unos metros antes de volver a enterrarse.

“Su coraza rosada cumple una función clave: la termorregulación. Cuando hace calor, hay más circulación de sangre en la coraza y presenta un color rosado más intenso. Cuando hace frío, se ve más pálido”, explica la investigadora del CONICET Mendoza, Mariella Superina.

Reserva de Biósfera Ñacuñán se extiende a lo largo de 12.600 hectáreas y ha sido reconocida por la UNESCO. Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza
Reserva de Biósfera Ñacuñán se extiende a lo largo de 12.600 hectáreas y ha sido reconocida por la UNESCO. Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza

Además, posee una placa vertical que utiliza para compactar la arena mientras excava, creando espacios donde puede respirar y protegerse.

“El humano que quiere mantenerlo como mascota, además de que está prohibido, causa la muerte del animal, porque se estresa fácilmente”, advierte Superina.

“Estos hallazgos tienen una importancia significativa tanto desde el punto de vista científico como de la conservación”, resume el también investigador del CONICET Mendoza Pablo Cuello, quien agrega que estos episodios confirman que proteger el Monte es preservar especies únicas que forman parte de nuestra identidad natural.