Más de 20.000 árboles de Navidad enterrados en la arena: la estrategia natural contra los temporales
En Lancashire, miles de árboles navideños descartados ayudan a reconstruir las dunas que protegen viviendas y ecosistemas costeros. La técnica aprovecha la dinámica natural de la arena frente a la erosión y el avance del mar.

Cada año, miles de árboles de Navidad terminan su vida útil después de las fiestas. En la costa de Lancashire, al noroeste de Inglaterra, muchos tienen un destino muy distinto al de los residuos habituales: quedan parcialmente enterrados en la arena para ayudar a reconstruir las dunas y reforzar la protección natural frente a los temporales.
Las estimaciones locales indican que alrededor del 80 % de las dunas de esta zona desapareció durante los últimos 150 a 200 años. El crecimiento de las ciudades costeras, la ocupación del territorio y la erosión redujeron estos ambientes, que cumplen una función importante frente al avance del mar.
Cómo los árboles ayudan a construir nuevas dunas
La técnica aprovecha un proceso físico sencillo: el viento transporta granos de arena y los obstáculos que encuentra en su recorrido pueden favorecer su acumulación. Las ramas de los árboles frenan parte de ese movimiento y retienen los sedimentos, que se depositan alrededor de los troncos y entre las ramas.

Con el paso de los días y las semanas, la arena acumulada forma pequeños montículos que pueden crecer hasta convertirse en nuevas dunas. En algunos sectores de Lancashire, estas estructuras alcanzan unos tres metros de altura. La vegetación propia de estos ambientes, como el pasto marram, también contribuye a estabilizarlas gracias a sus extensos sistemas de raíces.
Las dunas funcionan como una reserva de arena y una barrera natural que puede amortiguar parte de la energía del oleaje. Durante un temporal, el mar puede erosionar su frente y retirar sedimentos. Si existe suficiente arena disponible, el sistema puede recuperarse mediante procesos naturales y volver a acumular material.
El aumento del nivel del mar pone a prueba la estrategia
La recuperación de las dunas adquiere más importancia a medida que aumenta el nivel medio del mar. En el Reino Unido, las estimaciones citadas por los organismos ambientales indican una pérdida considerable de estos ambientes durante el último siglo. A su vez, las mediciones mencionadas para el país señalan que el nivel del mar subió alrededor de 19,5 centímetros, con una parte importante de ese incremento concentrada en las últimas décadas.
Por eso, el proyecto de Lancashire contempla adaptar el trabajo a medida que cambien las condiciones costeras. Si el mar alcanza regularmente las dunas construidas hacia la playa, una alternativa consiste en reforzarlas y elevarlas, en lugar de limitarse a extenderlas hacia el agua.
La estrategia tiene una ventaja adicional: reutiliza árboles que, de otro modo, podrían convertirse en residuos y aprovecha sus ramas como una estructura temporal para retener arena. Sin embargo, su eficacia requiere mantenimiento, disponibilidad de sedimentos y seguimiento de la evolución de la costa. No reemplaza otras medidas de gestión del riesgo ni garantiza que las viviendas queden a salvo de cualquier temporal.
Un refugio para especies que necesitan estos ambientes
Las dunas también cumplen una función ecológica que va mucho más allá de proteger las construcciones cercanas. En Lancashire albergan plantas y animales adaptados a condiciones particulares, y varios sectores cuentan con protección por su interés científico y ambiental.
Uno de los casos más llamativos es el del lagarto de arena, un reptil poco frecuente en el Reino Unido. En 2020 se liberaron cientos de ejemplares en los montículos arenosos de la zona, después de unos 60 años sin registros locales. Los responsables de conservación informaron posteriormente que observaron más individuos y crías, señales de que la población comenzó a reproducirse en ese ambiente.
La recuperación de las dunas favorece, además, la formación de distintos microhábitats. La distribución de la arena, la vegetación y las diferencias de humedad generan condiciones que permiten la presencia de numerosas especies, algunas de ellas especializadas en estos ecosistemas.
La experiencia de Lancashire muestra que una solución costera puede combinar procesos naturales, reutilización de materiales y participación comunitaria.