No es solo cansancio, el cambio climático ya nos roba casi 100 horas de sueño al año

Las noches más calurosas ya tienen un impacto medible sobre el descanso. Un estudio internacional muestra que el cambio climático agrava la pérdida de sueño y advierte sobre sus consecuencias para la salud.

Las altas temperaturas nocturnas provocan que las personas pierdan, en promedio, unas 56 horas de sueño al año.
Las altas temperaturas nocturnas provocan que las personas pierdan, en promedio, unas 56 horas de sueño al año.

Dormir bien dejó de depender únicamente de los hábitos o del estrés cotidiano. En muchas ciudades del mundo, las noches cada vez más cálidas se han convertido en un obstáculo silencioso para el descanso, y la ciencia comienza a cuantificar con precisión ese impacto. Un nuevo estudio de la organización Climate Central concluye que las altas temperaturas nocturnas provocan que las personas pierdan, en promedio, unas 56 horas de sueño al año. De ese total, alrededor del 10 % se relaciona directamente con el cambio climático provocado por la actividad humana.

La investigación analizó información de 1.338 ciudades de todo el planeta y combinó datos sobre la relación entre la temperatura y el sueño con modelos de atribución climática. Gracias a esta metodología, los científicos pudieron estimar cómo habrían sido las temperaturas nocturnas en un escenario sin calentamiento global y calcular cuánto del deterioro del descanso responde específicamente al cambio climático.

El calentamiento global también se siente cuando cae la noche

Aunque el aumento de las temperaturas suele asociarse con las olas de calor diurnas, el estudio pone el foco en un fenómeno menos visible, pero igualmente importante: las noches que ya no logran refrescarse.

Según los resultados, entre 2020 y 2025 el cambio climático fue responsable de más de seis horas de sueño perdidas por persona cada año. Además, los investigadores detectaron que este efecto prácticamente se duplicó desde comienzos de la década de 1970 en 1.335 de las 1.338 ciudades analizadas, una señal de que el calentamiento global está modificando de manera creciente las condiciones necesarias para un descanso adecuado.

Entre las ciudades más afectadas aparecen Barranquilla, en Colombia, y Acapulco, en México.
Entre las ciudades más afectadas aparecen Barranquilla, en Colombia, y Acapulco, en México.

"La calidad del sueño es fundamental tanto para la salud física como para la mental, pero suele ser una de las primeras cosas que se deterioran durante los episodios de calor extremo, especialmente cuando las temperaturas permanecen elevadas durante la noche", explicó Rita Issa, investigadora sobre clima y salud del Tyndall Centre.

Dormir menos también tiene consecuencias para la salud

Los especialistas advierten que el problema va mucho más allá del cansancio acumulado. La falta de sueño puede desencadenar una serie de efectos sobre el organismo que terminan afectando tanto el bienestar individual como la productividad.

En la práctica clínica, señaló Issa, dormir menos de lo necesario puede agravar trastornos de salud mental, incrementar el estrés y la fatiga, reducir la capacidad de concentración e incluso empeorar enfermedades preexistentes.

En la misma línea, Courtney Howard, presidenta de la Alianza de Clima y Salud, sostuvo que las alteraciones del sueño deben considerarse una preocupación creciente para la salud pública y también para el funcionamiento de las sociedades, debido a su impacto sobre el rendimiento laboral y la calidad de vida.

América Latina también muestra pérdidas importantes

Si bien las mayores pérdidas de sueño se registraron en ciudades de Oriente Medio, el informe revela que América Latina ya experimenta efectos significativos, especialmente en las regiones tropicales y costeras.

En algunos casos, los habitantes llegan a perder hasta 93 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas, de las cuales aproximadamente seis horas son consecuencia directa del cambio climático.

Entre las ciudades más afectadas aparecen Barranquilla, en Colombia, y Acapulco, en México, con unas 93 horas anuales de sueño perdidas. Les siguen Cartagena y Cancún, con alrededor de 91 horas por año, mientras que Belém, Caracas y Cali también presentan cifras elevadas asociadas al calor nocturno.

En Buenos Aires, por ejemplo, el estudio estima que una persona pierde en promedio 44 horas de sueño al año.

Incluso ciudades con climas más templados muestran un impacto que ya resulta medible. En Buenos Aires, por ejemplo, el estudio estima que una persona pierde en promedio 44 horas de sueño al año debido a las temperaturas elevadas durante la noche, de las cuales cuatro horas pueden atribuirse al cambio climático.

Un problema que golpea más fuerte a los sectores vulnerables

Los autores remarcan que las consecuencias del calor nocturno no afectan por igual a toda la población. Los adultos mayores, las mujeres, los niños pequeños, las personas embarazadas y quienes viven en condiciones socioeconómicas más desfavorables son los grupos con mayor riesgo de sufrir las consecuencias de un descanso insuficiente.

El acceso al aire acondicionado continúa siendo muy desigual entre países y sectores sociales.
El acceso al aire acondicionado continúa siendo muy desigual entre países y sectores sociales.

A esto se suma el conocido efecto de isla de calor urbana, que hace que las grandes ciudades mantengan temperaturas considerablemente más altas durante la noche que las zonas rurales cercanas. Esa diferencia dificulta aún más el descenso térmico necesario para dormir con comodidad.

El informe también recuerda que el acceso al aire acondicionado continúa siendo muy desigual entre países y sectores sociales. En consecuencia, las personas con menos recursos podrían estar perdiendo incluso más horas de sueño de las que reflejan las estimaciones.

Para los investigadores, estos resultados refuerzan la necesidad de avanzar tanto en medidas de adaptación urbana como en políticas que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. Solo así, concluyen, será posible disminuir un impacto que ya no solo se mide en grados de temperatura, sino también en horas de descanso perdidas y en sus efectos sobre la salud de millones de personas.