Perteneció a Lisandro de la Torre, fue una de las estancias más grandes de Córdoba y hoy alberga 161 especies de aves

Tuvo maizales, olivares, miles de cabezas de ganado y hasta un ferrocarril para sacar su producción. Hoy, aquella enorme estancia cordobesa atraviesa una realidad muy diferente.

El predio ya reúne más de 350 especies registradas en el PN Traslasierra, una cifra que supera ampliamente los primeros relevamientos realizados. Gentileza: argentina.gob.ar
El predio ya reúne más de 350 especies registradas en el PN Traslasierra, una cifra que supera ampliamente los primeros relevamientos realizados. Gentileza: argentina.gob.ar

Detrás de los bosques, cardones y pastizales que hoy forman parte del Parque Nacional Traslasierra todavía sobreviven rastros de uno de los proyectos agropecuarios más singulares del siglo XX. La histórica Estancia Pinas llegó a ocupar unas 105.000 hectáreas y Lisandro de la Torre intentó transformarla en un enorme establecimiento agrícola y ganadero en el oeste de Córdoba.

El territorio presentaba, sin embargo, un desafío que todavía define buena parte de la producción de esa región: la escasez de agua y la irregularidad de las lluvias. La Administración de Parques Nacionales indica que allí caen entre 350 y 480 milímetros anuales, concentrados principalmente durante el verano, mientras la elevada evapotranspiración genera un marcado déficit hídrico.

El proyecto agropecuario de Lisandro de la Torre

De la Torre adquirió Pinas en 1908 mediante un crédito del entonces Banco Español, aunque tomó posesión efectiva en 1917. Su propósito, según la reconstrucción histórica del municipio de Salsacate, era desarrollar junto a otros socios un gran centro de producción agrícola y ganadera sobre un territorio que rondaba las 105.000 hectáreas.

Los antecedentes de aquella etapa señalan que instaló sistemas de riego, impulsó cultivos como maíz y olivos y trabajó con ganado y pasturas, en un intento por adaptar la producción a un ambiente seco y con fuertes contrastes térmicos. El proyecto inicial encontró rápidamente su principal límite en una prolongada sequía, que volvió mucho más difícil sostener el esquema agrícola y ganadero pensado originalmente.

La Estancia Pinas conserva vestigios comechingones y restos de una capilla del siglo XIX, señales de una ocupación humana mucho más antigua que la etapa ganadera. Gentileza: argentina.gob.ar
La Estancia Pinas conserva vestigios comechingones y restos de una capilla del siglo XIX, señales de una ocupación humana mucho más antigua que la etapa ganadera. Gentileza: argentina.gob.ar

Ese problema ayuda a comprender por qué la historia productiva de Pinas cambió de rumbo. Ante las dificultades, De la Torre comenzó a aprovechar con mayor intensidad los recursos forestales disponibles, especialmente quebrachos y algarrobos, abundantes en el Chaco Seco.

Un ferrocarril de 50 kilómetros para sacar la producción

La escala del establecimiento generaba otra dificultad: cómo mover grandes volúmenes desde un campo aislado, ubicado prácticamente sobre el límite entre Córdoba y La Rioja. Para resolverlo, Pinas llegó a contar con unos 50 kilómetros de vías ferroviarias propias, utilizadas para conectar la producción con el sistema de transporte nacional.

La infraestructura muestra hasta dónde había llegado la ambición productiva de aquella estancia. No se trataba solamente de criar hacienda o aprovechar el monte, sino de organizar dentro de un mismo establecimiento caminos, agua, viviendas y transporte para sostener una actividad a gran escala.

Tras la muerte de De la Torre, Pinas fue rematada en 1941 y pasó a un grupo del que participaba Juan Feliciano Manubens Calvet, quien terminaría convirtiéndose en su propietario. Bajo su administración, la ganadería adquirió un peso todavía mayor y el establecimiento llegó a manejar unas 23.000 cabezas.

De la cría al engorde, a cientos de kilómetros

El sistema productivo no terminaba dentro de Pinas. Durante la administración posterior de los bienes de Manubens Calvet, los campos de la zona de Villa Dolores se utilizaban para criar alrededor de 18.000 cabezas, que luego eran trasladadas hacia establecimientos del sur de Córdoba para completar el engorde; en sus mejores años ese rodeo había llegado a 23.000 animales.

Las maras (Dolichotis patagonum), también conocidas como liebres patagónicas, son un roedor de gran tamaño endémico de las zonas áridas y semiáridas. Gentileza: argentina.gob.ar
Las maras (Dolichotis patagonum), también conocidas como liebres patagónicas, son un roedor de gran tamaño endémico de las zonas áridas y semiáridas. Gentileza: argentina.gob.ar

El agua continuaba condicionando todo el planteo ganadero. La administración judicial incluso autorizó la construcción de un acueducto de 16 kilómetros en Pinas, una obra que permite dimensionar la infraestructura necesaria para mantener hacienda en un ambiente con precipitaciones tan reducidas.

Todavía en 2017, cuando avanzaba el proyecto para convertir esas tierras en área protegida, unas 7.000 cabezas de ganado permanecían dentro de la estancia. Un año después se creó por ley el Parque Nacional Traslasierra y el antiguo establecimiento comenzó definitivamente otra etapa.

Del criar ganado a albergar 161 especies de aves

El paisaje que alguna vez sostuvo maíz, olivos, producción forestal y miles de animales protege hoy una muestra del Chaco Seco formada por bosques, arbustales, pastizales naturales y ambientes salinos. Parques Nacionales registra allí 161 especies de aves, 24 de mamíferos y 30 de reptiles, varias de ellas bajo alguna categoría de amenaza.

Pinas recorrió así una transformación excepcional: de un gigantesco experimento agrícola, ganadero y forestal, con ferrocarril y obras para llevar agua al campo, a un territorio cuyo principal objetivo actual es conservar la biodiversidad que todavía sobrevive en el oeste cordobés.

Esta versión queda cerca de las 740 palabras contando título, entradilla y subtítulos, por lo que estamos prácticamente en el límite que buscábamos y, sobre todo, con bastante más contenido productivo que la anterior.