Santa Cruz y Chubut impulsan una industria de US$ 17.000 millones: así crece el cultivo de macroalgas en Argentina

Investigadores, emprendedores y proyectos patagónicos aceleran una actividad que combina alimentos, biotecnología, captura de carbono y nuevas economías regionales.

Puerto San Julián concentra algunos de los proyectos más avanzados de cultivo de macroalgas impulsados por investigadores y emprendedores patagónicos.
Puerto San Julián concentra algunos de los proyectos más avanzados de cultivo de macroalgas impulsados por investigadores y emprendedores patagónicos.

Bajo las aguas frías de la Patagonia argentina se desarrolla una actividad que hasta hace pocos años permanecía casi exclusivamente ligada al ámbito científico. Hoy, las macroalgas marinas comenzaron a posicionarse como uno de los recursos más prometedores para la producción de alimentos, insumos biotecnológicos, bioestimulantes agrícolas y soluciones ambientales vinculadas al cambio climático.

En provincias como Santa Cruz y Chubut ya funcionan experiencias piloto que buscan transformar al litoral marítimo argentino en un nuevo polo de la llamada economía azul. Se trata de un sector que a nivel mundial mueve cerca de US$ 17.000 millones anuales y que crece impulsado por la demanda de productos sustentables.

Dónde se instalan las granjas marinas de macroalgas

Uno de los proyectos más avanzados del país se desarrolla en la bahía de Puerto San Julián, en Santa Cruz. Allí investigadores, técnicos y emprendedores trabajan en un modelo de cultivo que evita la depredación de los bosques naturales submarinos.

La iniciativa busca producir macroalgas mediante sistemas controlados similares a los utilizados en Asia, aunque adaptados a las condiciones ambientales de la Patagonia. El objetivo consiste en combinar producción industrial, sustentabilidad y desarrollo regional.

El proceso comienza durante el verano con la recolección de ejemplares reproductivos en el mar. A partir de esas muestras se obtienen esporas que luego son trasladadas a laboratorios especiales conocidos como hatcheries.

Durante aproximadamente 40 días, las esporas permanecen en tanques con condiciones controladas de luz, nutrientes y pH. Allí nacen las llamadas “algas bebés”, que posteriormente se fijan sobre hilos especiales preparados para su traslado al océano.

Las estructuras conocidas como longlines permiten desarrollar cultivos suspendidos en aguas frías de la Patagonia argentina. Gentileza: IG @porelmar_org
Las estructuras conocidas como longlines permiten desarrollar cultivos suspendidos en aguas frías de la Patagonia argentina. Gentileza: IG @porelmar_org

En otoño, esos hilos se enrollan en estructuras marinas llamadas longlines, suspendidas a unos nueve metros de profundidad. Desde ese momento comienza una etapa de crecimiento acelerado.

Las investigaciones muestran que algunas especies pueden desarrollarse hasta 10 centímetros por semana, alcanzando varios metros de longitud en pocos meses. La cosecha se realiza principalmente durante el verano siguiente, después del pico de crecimiento registrado en primavera.

El mar argentino ofrece condiciones ideales

Las macroalgas marinas se distribuyen naturalmente desde Chubut hasta Tierra del Fuego, aunque las experiencias productivas actuales se concentran especialmente en Santa Cruz y algunas áreas protegidas del litoral chubutense, como Bahía Camarones y Caleta Malaspina.

Las condiciones oceanográficas del sur argentino generan un escenario especialmente favorable para el desarrollo de estos cultivos. Las aguas frías, la presencia de sustratos rocosos y la menor intensidad del oleaje permiten instalar infraestructura marina con relativa estabilidad.

Los primeros resultados obtenidos en los ensayos experimentales sorprendieron incluso a los propios investigadores. Algunas experiencias piloto lograron producir alrededor de 10 kilos de algas por metro cultivado, un valor que se aproxima al máximo teórico internacional.

Las macroalgas patagónicas ya se utilizan en alimentos y productos con alto valor nutricional gracias a su aporte de proteínas, minerales y fibras. Gentileza: IG @porelmar_org
Las macroalgas patagónicas ya se utilizan en alimentos y productos con alto valor nutricional gracias a su aporte de proteínas, minerales y fibras. Gentileza: IG @porelmar_org

Ese rendimiento resulta clave desde el punto de vista económico porque permite pensar en escalas comerciales viables. Los especialistas estiman que una hectárea cultivada podría transformarse en una unidad productiva capaz de sostener económicamente a una familia patagónica.

Las macroalgas ya se usan para alimentos, cosmética y agricultura

El interés mundial por las macroalgas crece año tras año debido a la enorme cantidad de aplicaciones industriales que ofrecen. En alimentación humana, distintas especies aportan proteínas, fibras, minerales y vitaminas, características que las convierten en ingredientes de alto valor nutricional.

La especie Porphyra columbina, conocida como Nori patagónico, ya fue utilizada para enriquecer alimentos procesados como fideos, mejorando su contenido proteico. Pero además, las macroalgas constituyen una materia prima estratégica para obtener agar, alginatos y carragenanos, hidrocoloides utilizados en las industrias alimenticia, farmacéutica, cosmética y textil.

El agro también comenzó a observar con atención este recurso marino. Diversos desarrollos utilizan extractos de algas para fabricar bioestimulantes agrícolas capaces de mejorar la absorción de nutrientes y aumentar la tolerancia de los cultivos frente al estrés hídrico.

Equipos científicos argentinos avanzan en investigaciones sobre macroalgas para aplicaciones alimentarias, agrícolas y biotecnológicas. Gentileza: IG @porelmar_org
Equipos científicos argentinos avanzan en investigaciones sobre macroalgas para aplicaciones alimentarias, agrícolas y biotecnológicas. Gentileza: IG @porelmar_org

Entre las aplicaciones que hoy concentran mayor interés aparecen:

  • Fideos y alimentos enriquecidos con proteínas marinas
  • Bioestimulantes para cultivos agrícolas
  • Parches para cicatrización y quemaduras
  • Ingredientes para cosmética y farmacia
  • Pellets para alimentación animal
  • Captura de carbono azul

En paralelo, investigadores del CONICET avanzan con desarrollos vinculados a la salud humana. Entre ellos aparecen parches elaborados con algas destinados a procesos de cicatrización y tratamientos para quemaduras.

El peligro que enfrenta la Patagonia y pone en jaque el negocio

Uno de los desafíos que preocupa a los especialistas es la expansión de Undaria pinnatifida, un alga originaria de Asia que avanzó sobre distintos sectores del litoral marítimo argentino.

La especie invasora compite con las variedades nativas y altera el equilibrio ecológico de varios ambientes costeros. Sin embargo, algunos proyectos comenzaron a promover su cosecha para consumo humano como estrategia de control biológico y aprovechamiento económico.

La expansión de esta actividad también despierta expectativas en numerosas localidades costeras que buscan diversificar sus economías regionales. En un contexto donde la demanda global de productos sustentables no deja de crecer, las macroalgas empiezan a perfilarse como uno de los recursos estratégicos más importantes del Atlántico Sur.

La combinación entre ciencia, biotecnología, alimentos y servicios ambientales coloca a la Patagonia argentina frente a una oportunidad inédita. Lo que durante décadas permaneció oculto bajo el mar hoy comienza a emerger como una de las industrias con mayor potencial de crecimiento para el país y la región.

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