Un 'tsunami de tierra': cómo la ruptura de un lago glaciar arrasó un pueblo entero en Nepal; expertos explican

Una gigantesca avalancha de hielo, rocas, barro y agua descendió por un valle del Himalaya y provocó una inundación devastadora. Los primeros análisis apuntan al colapso de un glaciar en un contexto de creciente inestabilidad de las montañas.

Nepal sufrió una devastadora inundación tras el colapso de un glaciar, un fenómeno que expone la creciente vulnerabilidad del Himalaya. Crédito: AFP/Getty.
Nepal sufrió una devastadora inundación tras el colapso de un glaciar, un fenómeno que expone la creciente vulnerabilidad del Himalaya. Crédito: AFP/Getty.

Una enorme masa de agua, hielo, barro y rocas se precipitó durante más de 170 kilómetros por el valle del río Bhote Koshi, en Nepal, dejando una estela de destrucción. El fenómeno arrasó viviendas, caminos, puentes e infraestructura y sorprendió a las poblaciones de la región prácticamente sin tiempo para reaccionar.

La tragedia, ocurrida el miércoles 26 de agosto, dejó cientos de muertos y desaparecidos, mientras continúan las tareas de búsqueda y rescate. El Gobierno de Nepal informó este jueves que ya se habían recuperado 175 cuerpos y que 624 personas de 32 países figuraban como desaparecidas, aunque las cifras todavía pueden cambiar.

Pero detrás de la magnitud de la catástrofe aparece una cuestión que preocupa cada vez más a los científicos: ¿qué ocurre cuando el calentamiento del Himalaya comienza a alterar no solo a los glaciares, sino también a las propias montañas que los sostienen?

Una avalancha que pareció un terremoto

Las primeras imágenes muestran una verdadera pared de sedimentos avanzando por el valle. La avalancha arrastró hielo, agua, rocas, árboles y tierra a una velocidad y con una energía extraordinarias.

El movimiento fue tan violento que inicialmente se interpretó como un terremoto. Sin embargo, los registros sísmicos correspondieron en realidad a la energía liberada por el colapso de hielo y roca y el posterior desplazamiento de la masa de escombros.

Los análisis de imágenes satelitales apuntan a que una parte importante de un glaciar situado a gran altura se desprendió y cayó sobre el valle, desencadenando una gigantesca avalancha de hielo y roca. La masa terminó alimentando una crecida súbita que avanzó río abajo.

Para cuando alcanzó Gyirong Port, en la frontera entre Nepal y China, el frente de sedimentos se comportaba prácticamente como un tsunami de tierra. Algunas estimaciones iniciales situaron su altura en unos 30 metros.

El papel del calentamiento del Himalaya

Levan Tielidze, investigador asociado en geomorfología glacial de la Universidad de Monash, analiza el desastre en un artículo publicado por The Conversation. Según explica el especialista, el retroceso acelerado de los glaciares observado en distintas regiones del planeta está acompañado por un aumento de los riesgos asociados a estos ambientes de montaña.

Eso no significa que el cambio climático pueda ser señalado, por sí solo, como la causa directa de esta tragedia. La investigación sobre el origen exacto del colapso continúa. Pero existe un contexto que resulta difícil ignorar.

Los glaciares del Himalaya están perdiendo hielo y las altas temperaturas también afectan al permafrost, es decir, el suelo permanentemente congelado que contiene hielo, rocas y sedimentos.

Cuando ese suelo comienza a descongelarse, pierde parte de la capacidad que tenía para mantener unidos los materiales. En pendientes muy pronunciadas, esto puede favorecer desprendimientos de rocas, deslizamientos y avalanchas.

Así, una montaña que durante siglos permaneció estabilizada por el hielo puede volverse progresivamente más vulnerable.

No es solo una amenaza de inundaciones

Los desastres vinculados con el retroceso de los glaciares pueden adoptar distintas formas. En algunos casos se producen inundaciones repentinas por el colapso de lagos glaciares, conocidos como GLOF, cuando el agua acumulada detrás de una barrera de hielo, roca o sedimentos logra escapar violentamente.

Sin embargo, los primeros análisis del desastre de Nepal apuntan a otro mecanismo: un deslizamiento de hielo y roca habría afectado directamente a un glaciar y desencadenado su colapso.

El retroceso acelerado de los glaciares está acompañado por un aumento de los riesgos asociados a estos ambientes de montaña.
El retroceso acelerado de los glaciares está acompañado por un aumento de los riesgos asociados a estos ambientes de montaña.

No se trata de un fenómeno aislado. En 2025, el desprendimiento de un glaciar provocó un enorme flujo de detritos que destruyó parte de la localidad suiza de Blatten. Un año antes, Nepal había sufrido otra inundación devastadora en la misma región.

El episodio actual, por su magnitud, vuelve a poner el foco sobre la vulnerabilidad creciente de las regiones de alta montaña.

La alerta temprana puede salvar vidas

Predecir exactamente cuándo colapsará un glaciar es extremadamente difícil. Sin embargo, eso no significa que no existan herramientas para reducir el impacto.

Los sistemas de alerta temprana capaces de vigilar el nivel de los ríos, los movimientos sísmicos, las precipitaciones intensas y otros indicadores pueden proporcionar minutos cruciales para evacuar poblaciones.

Un ejemplo ocurrió en Suiza, donde un sistema de monitoreo permitió advertir con anticipación sobre el colapso de un glaciar y evacuar a los habitantes de una zona amenazada.

El desafío es especialmente grande en países en desarrollo, donde instalar y mantener redes de observación en territorios montañosos resulta costoso. Nepal ya cuenta con nuevos fondos internacionales destinados a mejorar el monitoreo de los riesgos asociados con las inundaciones glaciares.

El problema, además, trasciende la seguridad de las poblaciones locales. Los glaciares del Himalaya alimentan grandes ríos de Asia de los que dependen miles de millones de personas. A corto plazo, un mayor derretimiento puede aumentar los caudales y favorecer algunas inundaciones. Pero, si los glaciares continúan reduciéndose, su aporte de agua podría disminuir durante las estaciones secas.

La tragedia de Nepal expone así una paradoja cada vez más evidente: el calentamiento puede generar más agua y más riesgos en el corto plazo, pero también comprometer las reservas de agua congelada que sostienen a buena parte de Asia.

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero no evitará todos los desprendimientos ni todas las inundaciones. Pero, junto con un mejor monitoreo de las montañas y sistemas de alerta más eficaces, puede ofrecer algo que en Nepal faltó de manera dramática: tiempo para escapar.